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Rogativas. Cuando clima y fe van de la mano

Los climatólogos utilizan las rogativas 'pro pluvia' para datar y analizar los periodos de sequía y estudiar  la variabilidad climática. En Aragón, se han documentado 239, la más antigua en Jaca, en 1542.

El Santo Cristo de La Seo, en la gran rogativa ‘pro pluvia’ que se celebró en Zaragoza el 28 de noviembre de 1948
El Santo Cristo de La Seo, en la gran rogativa ‘pro pluvia’ que se celebró en Zaragoza el 28 de noviembre de 1948
Archivo Heraldo

A menudo, las relaciones entre ciencia y fe se estrechan, cruzan datos para obtener resultados; y más aún si son datos del pasado, que aportan conocimiento para entender el presente e, incluso, el futuro. Por eso, precisar las fechas de las rogativas ‘ad petendam pluviam’, ceremonias del rito católico en las que eran llevadas en procesión las imágenes de más arraigada veneración por las calles de pueblos, ciudades, campos y montes, para implorar la necesaria lluvia para los cultivos, "resulta de gran interés para reconstruir cómo fue ese clima del pasado, ya que nos indican cuándo una determinada población estaba sufriendo un déficit hídrico importante, y entender mejor las sequías y su variabilidad a largo plazo para poner en contexto lo que está ocurriendo hoy con el clima e, incluso, generar nuevos modelos para el futuro", afirma Fernando Domínguez Castro, investigador ARAID, en el Departamento de Geografía y Ordenación del Territorio y del Instituto Universitario de Investigación en Ciencias Ambientales de Aragón (IUCA), de la Universidad de Zaragoza, que ha liderado el trabajo de un grupo internacional de climatólogos, en la iniciativa InPRO (International Propluvia Rogation database). "El valor de este estudio –explica– es, precisamente, su ámbito internacional. Hemos creado una base de datos (http://inpro.unizar.es/) –publicada en ‘Scientific Data’, una revista del grupo ‘Nature’–, que permite recopilar las rogativas en diferente países, y esta información será útil y accesible para todos los investigadores del mundo". Hasta el momento, el estudio recoge más de 3.500 rogativas –y sus periodos de sequía–, en once países, durante los últimos 650 años, "que nos brindan un contexto temporal mucho más amplio para entender la variabilidad climática, ya que, si acudimos a series instrumentales donde se mide la precipitación, en muchos casos solo tenemos datos de los últimos 50 o 100 años".

239 rogativas, en Aragón

Del total de rogativas analizadas, 239 se celebraron en Aragón –39 en la provincia de Teruel, 181 en la de Zaragoza y 19 en la de Huesca–. Y la más antigua se localiza en Jaca, en el año 1542, cuando "se realizó el rito de inmersión de las reliquias del cuerpo de Santa Orosia en la catedral jaquesa. Durante sequías muy severas –asegura el climatólogo– era relativamente común meter en agua las reliquias o imágenes de vírgenes y santos, hasta que se prohibió en el siglo XVII". Según la tradición, los restos de Santa Orosia, que fueron encontrados en una cueva, se enterraron en la catedral de Jaca, pero la cabeza de la santa fue entregada al pueblo de Yebra de Basa (Huesca), en cuya ermita se venera desde entonces y en la que se celebraron rogativas en 1680, 1702, 1847 y 1898, según la ‘International Propluvia Rogation database’, desarrollada por los investigadores. Esta base de datos recopila también otras rogativas en la catedral de Jaca (1610, 1663, 1680); en las ermitas de Santa Elena (Biescas), en 1949;de la Virgen de Ubieto, en Sabiñánigo (1917, 1920);de la Virgen de los Ríos, en Caldearenas (1896); y en el Santuario de San Úrbez, en Nocito (1621, 1680, 1701, 1769, 1798 y 1896), donde, hasta comienzos del siglo XVII, la imagen del santo era sumergida, durante la ceremonia, en una pequeña balsa ubicada ante el santuario, donde permanecía por algún tiempo.

Segunda rogativa a Santa Orosia, en Yebra de Basa (Huesca), en 2005
Segunda rogativa a Santa Orosia, en Yebra de Basa (Huesca), en 2005
S. Campo

Vírgenes y santos de lluvia

En muchas localidades aragonesas existe una devoción especial a determinadas imágenes religiosas, siendo muy veneradas, en estos casos, la imagen del Santo Cristo de los Milagros y San Orencio y Santa Paciencia de Huesca – ya el 14 de abril de 1651, el Cabildo de la catedral expone que "por la necesidad de agua en los campos y las fuentes, se acuerda traer los Santos cuerpos de San Orencio y Santa Paciencia de su casa en procesión (…). El domingo se haga procesión y rogativas por la ciudad. El lunes se restituyan a su casa en procesión general"– o del Santo Cristo de la Seo, de Zaragoza, que únicamente en ocasiones muy excepcionales, y siempre por acontecimientos trágicos y calamitosos, ha procesionado en rogativa pública por las calles de la capital. De las organizadas por causa de la sequía, queda constancia de las celebradas en 1863, 1703, 1803, 1924, 1945 y 1948.

El Santo Cristo de la Seo, procesiona en rogativa ‘ad vetendam pluviam’ por las calles de Zaragoza, el 10 de agosto de 1924
El Santo Cristo de la Seo, procesiona en rogativa ‘ad vetendam pluviam’ por las calles de Zaragoza, el 10 de agosto de 1924
H. A.

En Cella (Teruel), se venera a la Virgen de Santa Rosina, conocida popularmente como la Meona, por la abundancia de lluvias que, según la tradición, seguían a sus plegarias; por el mismo motivo es venerada en Uncastillo, en las Cinco Villas, la imagen de Nuestra Señora de los Bañales. En Barbastro, Nuestra Señora del Pueyo es la elegida. Según se describe en el Libro de Gestis del archivo de la catedral de Barbastro: "el 4 de mayo de 1646. Procesión a Nuestra Señora del Pueyo por la necesidad de agua (...). Por la gran seca que había en esta ciudad y casi todo el Reino era notable el peligro de perderse la cosecha, aunque se hacían procesiones continuadas y misas de gozos y plegarias (...). Para aplacar la ira de Dios la ciudad solicita al Cabildo que se trajese a la Santa Imagen de Nuestra Señora del Pueyo en procesión hasta esta Santa Iglesia, pues tenían fe y experiencia de que Dios ofrecía misericordia por medio de la Santa Imagen...".

Virgen de Santa Rosina (Cella)
Virgen de Santa Rosina (Cella)
A. García

Este exhaustivo estudio de las rogativas ha permitido constatar que "en 1680, la sequía fue especialmente intensa en Aragón y que entre 1750 y 1754, un amplio periodo de cinco años, se cebó en los campos aragoneses. Durante todo un lustro se celebran rogativas en primavera, verano, otoño e invierno, no solo en Aragón, sino en toda la península e, incluso, en el sur de Francia", señala el investigador del programa de captación de talento de la Agencia Aragonesa para la Investigación y el Desarrollo (ARAID).

Los años 1775 y 1817 también fueron especialmente secos. "Pensamos que en este último año –señala– la sequía podría estar relacionada con la erupción del volcán Tambora (Indonesia), en 1815, que por su alta explosividad y volumen de emisiones tuvo un importante efecto en el clima europeo; aunque todavía son necesarias más investigaciones para confirmar esta hipótesis".

Rogativas y burocracia

Domínguez destaca la importancia de este tipo de ceremonias religiosas para la datación de los periodos de sequía, "porque no eran actos que se realizaran a título personal, sino que se trataba de actos oficiales y con una burocracia, todo un proceso administrativo detrás muy rígido, en definitiva, todo un procedimiento que asegura que el dato, la fecha de celebración es muy fiable".

Romería a la ermita de San Úrbez, el ‘santo de las aguas’, en Nocito (Huesca)
Romería a la ermita de San Úrbez, el ‘santo de las aguas’, en Nocito (Huesca)
H. A.

Cuando hombres y campos se sentían amenazados por la sequía, los agricultores acudían a su Ayuntamiento, donde entregaban una petición para celebrar una rogativa ‘pro pluvia’. Recibida la petición, el Consistorio, explica el experto, evaluaba si realmente era necesaria o no y, en caso afirmativo, enviaba una solicitud a la Iglesia, que hacía lo mismo, "en cierta manera –bromea– no se podía molestar al Señor sin verdaderos motivos". Y si la Iglesia otorgaba el visto bueno, le comunicaba al Ayuntamiento en cuestión la fecha, el tipo de acto litúrgico que se debía celebrar e, incluso, el dinero que iba a costar. "Todo este trasiego, este cruce de cartas, documentos..., se acumula en los archivos históricos tanto de los ayuntamientos como de las iglesias;y esto, a nosotros, nos viene muy bien, porque, ahora, podemos acudir a esos archivos a recopilar la información de las fechas en las que se hicieron las rogativas, que es lo que realmente, como climatólogos, nos interesa".

La importancia de la liturgia

Los actos litúrgicos celebrados también aportan información importante, ya que, si la sequía se prolongaba, se iban añadiendo nuevas misas, novenas, más procesiones...; es decir, "iban haciendo la rogativa de manera continuada, lo que nos proporciona no solo una fecha, sino todo un periodo determinado en el que la población estaba sufriendo, padeciendo por culpa de una sequía; y ese es un dato muy útil para conocer su grado de intensidad. Y, si al final llovía, se celebraba una misa en acción de gracias, quedando así registrada la fecha en la que la población daba por terminada la sequía".

Todo empezaba con una mención a la rogativa durante la celebración de las misas, en las diferentes parroquias de la ciudad; después, ese rezo particular en la iglesia, para solicitar la lluvia, se dirigía ya al santo de veneración; para pasar –si el cielo no se inmutaba– a las procesiones con las imágenes por el entorno de la iglesia, a veces, incluso, solo por el interior del templo. Existen muchas ceremonias religiosas de este tipo registradas en las iglesias de El Portillo o en Santa Engracia, en Zaragoza, precisa Domínguez. "La máxima expresión de estas rogativas se alcanzaba cuando los fieles recorrían en procesión las calles de la localidad, portando la imagen benefactora, que, en el caso de la capital, solía ser el Santo Cristo de La Seo, que era conducido hasta el Pilar, donde quedaba depositado ante la Virgen, para ser venerado por los fieles, en ocasiones, hasta que lloviera; entonces, la imagen del Cristo retornaba a la catedral".

A las rogativas organizadas en la ámbito rural acudían los fieles en peregrinación, procedentes de diferentes pueblos de la zona, que, por lo general, se congregaban en una ermita dedicada a una virgen o santo de especial veneración.

El Cristo de los Milagros (Huesca)
El Cristo de los Milagros (Huesca)
F. P.

El impacto de la sequía

"A la hora de evaluar el impacto y repercusión de la sequía, suelen ser prioritarios la fecha y el tipo de acto litúrgico, sí, aunque, en mi opinión, lo más importante es el periodo de tiempo que los fieles permanecieron rogando, porque, al final, el acto litúrgico podía llegar a depender de que, en ese momento, no hubiera dinero para pagarlo o de que interesase hacer una determinada ceremonia con mayor o menor pompa, aspectos que pueden aportar incertidumbre". Además, a nivel climático –matiza–, el mes en el que se celebraba la rogativa también es un dato significativo a tener en cuenta. Lo normal, explica, es que se celebraran en abril o mayo, "justo cuando se necesita la lluvia para que crezcan los cultivos"; pero una rogativa en verano, que es, precisamente, cuando no llueve nunca... "En este caso –argumenta Domínguez–, muchas veces, lo que pasaba es que venían ya de un ciclo totalmente seco, y no es que les faltase el agua para los cultivos, sino que, incluso, al final, les podía faltar agua para dar de beber al ganado. Cuando hay rogativas fuera de las temporadas propias del ciclo agrícola, estas suelen estar asociadas a déficit hídricos muy importantes, que ya están afectando a las necesidades de beber del ganado, que, incluso, ya, se está muriendo".

Beber en las fuentes

Todo este abundante caudal de información con el que trabajan los climatólogos procede, principalmente, de los archivos de los ayuntamientos y de los cabildos diocesanos, donde se conservan los libros de actas, que recopilan todas las reuniones y decisiones que se tomaban. "A veces, hasta puedes tener suerte –afirma el investigador– y toparte con algún informe asociado, que da cuenta del precio de la rogativa, si había tenido música, cuanto había costado la cera...". "Otra fuente a la que acudimos con frecuencia son los diarios personales, como, por ejemplo, el de Faustino Casamayor", un zaragozano que, durante 51 años, desde 1782 a 1833, daba noticia diaria de todos los acontecimientos destacados que ocurrían en Zaragoza; entre las que se encuentran la celebración de rogativas en la capital.

La prensa de la época también recogía fielmente este tipo de ceremonias, con todo lujo de detalle, en sus crónicas. Sin ir más lejos, HERALDO DE ARAGÓN, que inició su andadura el 20 de septiembre de 1895, da buena cuenta ya el 17 de febrero de 1896 de la celebrada en Huesca: "Tanta es la necesidad que nuestros angostados campos tienen de agua que los labradores, siempre confiados en la protección de su patrón San Lorenzo, lo sacan en procesión para que con su bondad inagotable impetre del Señor el beneficio de la lluvia. A las cuatro menos cuarto sale de la Real Basílica de San Lorenzo la conmovedora procesión de rogativa, de la que forman parte casi todo el vecindario y gran número de labradores de los pueblos vecinos...".

HERALDO, caudalosa base de datos

Veinte mil almas 
heraldo
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HERALDO cubrió la rotagiva que se celebró en Zaragoza el 28 de noviembre de 1948, tras dos largos años de sequía. Más de 20.000 personas siguieron en procesión al Santo Cristo de la Seo hasta el Pilar.

Lluvia beneficiosa
almunia
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El 6 de junio de 1924, los vecinos de la Almunia de Doña Godina (Zaragoza), trasladan en procesión hasta su santuario a la Virgen de Cabañas, "tras haber obtenido el beneficio de las lluvias tras reciente rogativa".   

El Santo Cristo de La Seo, en las calles de la capital
Cristo de La Seo
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La imagen del Cristo de La Seo de Zaragoza copa la portada de HERALDO del 8 de agosto de 1924 para anunciar la rogativa que se celebraría dos días después. Según la información, el Santo Cristo "se condujo procesionalmente para impetrar el beneficio de la lluvia, por primera vez, la tarde del 13 de mayo de 1703".

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