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Los puentes del Isábena

En apenas cuarenta kilómetros de recorrido, el río Isábena se ve cruzado por ocho hermosos puentes de origen medieval, de distintos tipos y maneras constructivas, y la mayoría muy desconocidos.

Fotos de los puentes de Isábena, en 'Aragón es extraordinario'
Fotos de los puentes de Isábena, en 'Aragón es extraordinario'
Ángel Gayúbar

En su interesante obra ‘Els ponts de pedra de Catalunya’, Manuel Maristany no tiene ambages a la hora de incorporar como propios muchos de los que llevan prestando servicio en la Ribagorza aragonesa durante los últimos 1.000 años. Entre otros cita los de Perarrúa, Graus, Serraduy, Roda o Capella, con un ramalazo expansionista innegable. El mismo en que incurría muy interesadamente el tomo de la Catalunya Románica que se dedicaba a Ribagorza, asumiendo implícitamente como catalana la mucho más extensa e históricamente importante parte aragonesa del territorio desgajado en la pretérita época del rey Jaime I. También aquí se habla de varios de los puentes que desde tiempo inmemorial son parte indisociable del paisaje ribagorzano.

Con nula voluntad de la trascendencia maniquea de aquellos, y sí con un gratificante afán didáctico, el Gobierno de Aragón publicó en 2005 una monografía del ingeniero de Caminos José Carlos Abadía Doñaque titulada ‘Los puentes de la Isábena anteriores al siglo XIX’, excelente obra de consulta muy difícil de encontrar ahora. Viene a cuento esta digresión bibliófila al proponer en estas líneas un recorrido por los puentes ribagorzanos y, especialmente, por los variados en formas y modos -ocho en menos de 40 kilómetros, y todos muy hermosos- que salvan el Isábena a lo largo de su cauce.

Construida en un gótico que ya había periclitado hacía décadas en toda Europa, la catedral de Sevilla ostentó durante un buen puñado de años la distinción de ser el templo más grande de la cristiandad. Cuentan que los integrantes del Cabildo que promovieron la obra sentenciaron, campanudos, lo siguiente al darle el visto bueno al empeño: "Hagamos una Iglesia tan y tan grande que los que la vieren labrada nos tomen por locos".

Algo parecido debieron pensar quienes soñaron el diseño del puente de Capella, uno de los más bellos de Aragón, y más cuando se comprueba el habitualmente escaso caudal de este Isábena. La cosa tiene trampa; cuando se desbrava -y eso suele ocurrir con más frecuencia de lo que cabría suponer-, el río se convierte en una corriente desatada y furiosa, capaz de los mayores destrozos y ruinas.

Aún así, las enormes dimensiones de este puente capellense siguen llamando la atención a propios y extraños por su desmesura y ambición. Sus siete grandes arcos en gradación -más uno semienterrado en su arranque derecho que muchos cronistas apresurados ignoran directa y erróneamente- dan una imagen de majestuosidad que supone, también, un excelente portal de entrada al valle del Isábena desde el sur. En puridad, este portal de entrada tampoco desmerece si se considera como tal el conocido como Puente de la Pascasia o de Abajo, en Graus, que alza su airosa estampa justo en la confluencia del Isábena con su hermano mayor el Ésera; aun siendo de excelente factura, queda opacado por esta maravilla a las puertas de Capella que se alza sobre el río mediante dos rampas por encima de un gran ojo central de arco de medio punto y otros tres a cada lado, progresivamente de menor luz -más el semicegado en la margen derecha- entre los que se intercalan afilados tajamares, todo ello construido en excelente sillería. Es de factura románica y puede fecharse entre los siglos XII y XIV.

Remontando el río, ya en las cercanías de la antigua obispal de Roda de Isábena y algo apartado de la actual carretera, un nuevo puente medieval contemporáneo del anterior salva el río con un único y esbelto arco de medio punto, algo deformado, y con una luz de unos 20 metros. Está convenientemente señalizado y hay una amplia zona de aparcamiento en sus inmediaciones.

Fotos de los puentes de Isábena, en 'Aragón es extraordinario'
Fotos de los puentes de Isábena, en 'Aragón es extraordinario'
Ángel Gayúbar

En La Puebla

A pocos kilómetros está La Puebla de Roda, que también conserva un interesante puente de piedra; se suele fechar entre los siglos XVI y XVII. Un vecino, Ramón Barrabés, se sigue lamentando de la amputación de la parte superior de su estructura, hecha para adecuarlo a las necesidades de una modernidad muchas veces reñida con el diseño pretérito. "Todavía lo he conocido con los petriles de piedra en forma de cuña, y era precioso. En los años 60 del pasado siglo las necesidades del tránsito, y la imposibilidad entonces de construir el puente nuevo que pedíamos, obligaron a poner la actual plataforma", comenta. "No sería muy difícil recuperar su tipología original manteniendo prístina una obra que ha aguantado en pie casi 500 años".

No hay que andar mucho aguas arriba para encontrar el delicioso puente de Serraduy, con sus tres vanos de luces desiguales y arcadas de medio punto con aparejo de mampostería y sillarejo. Precede al cercano de Beranuy, poco conocido, con un trazado alomado pero, y esto es lo singular del conjunto, con una planta quebrada que le hace singular entre sus vecinos del Isábena.

Del siglo XVII se considera que es el de las Herrerías de Calvera, que se alza no muy lejos del anterior y que es, posiblemente, el más modesto de la relación. Este repaso apresurado termina un poco más arriba, en el majestuoso monasterio de Obarra, con su idílica estampa, donde en la década de los 70 del pasado siglo se levantó un puente con arco ojival sobre el río para sustituir al, este sí, plenamente medieval del lugar, arrasado por una riada pocos años antes de la reparación.

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