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Juan Iranzo: "La esencia de la tauromaquia sigue residiendo en los pueblos"

Juan Iranzo (Teruel, 1980) está detrás del diseño de carteles taurinos de todo el mundo -sus obras han vestido plazas de toros como Las Ventas- y también de folletos como el que ha editado este verano el Ayuntamiento de Teruel.

Iranzo, entre las astas de una de sus esculturas, en Cella, el pueblo donde se ha criado y reside.
Iranzo, entre las astas de una de sus esculturas, en Cella, el pueblo donde se ha criado y reside.
HA

Su refugio es Cella, ¿qué aporta el ámbito rural a un diseñador?

Más que a un diseñador, a una persona. Me siento más libre, más en mi burbuja, porque es lo que he vivido desde pequeño y de mayor he querido seguir igual.

¿Y Teruel, en concreto?

Paz. Para mí la sensación es de que todo va más lento, valoro la tranquilidad. Siempre existen problemas y todo es mejorable, por ejemplo, hay rincones donde no llega internet, algo que en el siglo XXI es una barbaridad. Creo que es básico, como el agua corriente. Cualquiera teletrabajaría, pero hace falta una buena cobertura.

¿Cuál ha sido el trabajo que más ilusión le ha hecho?

Por importante, el cartel de la Beneficencia de 2015 y los 65 carteles en 2019 para la plaza de toros de Las Ventas de Madrid. También he diseñado para Perú, para las reapariciones de José Tomás...

Además, imagino que será relevante cualquier cartel para Cella.

Evidentemente. Cuando haces algo para tu ámbito más cercano hay más cariño porque sabes que va a llegar a tus vecinos, a tus amigos, a tu familia... es más de casa.

Goya, Botero… no son pocos los que han pintado escenas taurinas, ¿por qué el mundo del toro es como una musa?

Requiere sensibilidad para no tener prejuicios y anteponerse a ciertas condiciones que dicta la sociedad. Ahora mismo, en el siglo XXI, es un espectáculo sin parangón en el mundo entero. Que una vaca o un toro pueda correr por las calles en un festejo popular, importantes en Aragón, tiene mucha carga simbólica. En cuanto a la plaza, el toro como animal transmite una serie de aspectos que, aunque no seas aficionado, llegan. La muerte es la punta del iceberg, lo que hay debajo es muy grande.

¿Es un reto dar aires vanguardistas en un ruedo de costumbres?

Hace 10 años, mucho. Como aficionado entendía que un problema de la tauromaquia es que no se adaptaba a la sociedad que le tocaba vivir. Ha perdurado durante cientos de años porque en cada momento se supo adaptar. En los últimos 25 años, la gente que vive de la tauromaquia no ha sabido o no ha querido adaptarse. Es absurdo que en 2021 se venda un espectáculo con herramientas del XIX. Ahora un cartel viaja a miles de personas en una hora a través de un móvil y no es necesario pegarlo en un escaparate como siempre.

También ha participado en libros y folletos divulgativos, el último sobre el toro ensogado de Teruel.

Puse en marcha una editorial de libros didácticos sobre el mundo rural y, dentro de ese ámbito, está la tauromaquia. Debuté con ‘Toros para niños’, que se ha vendido dentro y fuera de España.

¿Cómo está el futuro del toro?

La mayoría de los niños no tiene quien se le enseñe este mundo. Cualquier publicación es imprescindible porque igual que es natural practicar fútbol o ver en Youtube a gente jugando a videojuegos, también tendría que ser normal interesarse por los festejos. La esencia de la tauromaquia sigue residiendo en los pueblos. Hay plazas importantes, pero en el medio rural siguen valorando sus fiestas con el toro embolado, vaquillas, encierros... Los vecinos montan las barreras, organizan las comisiones y saben lo que cuesta.

¿Y estos dos últimos años sin festejos pasarán factura?

Ya ha pasado, sobre todo, a nivel ganadero. En cuanto a la ilusión, no te sabría decir. Ahora hay más vida taurina en los pueblos o pequeñas ciudades, para ellos he seguido haciendo cartelería.

¿En el pueblo también está el germen de su amor por lo taurino?

Me crié en casa de mis abuelos, que tenían vacas lecheras y la casa estaba en la calle donde se hacen los festejos. Así que desde niño he convivido con el toro en la calle y me enganchó como animal.

También es escultor y trabaja con materiales reciclados.

No me dedico a eso a nivel profesional, aunque he expuesto en varias ciudades. Cuando los ensamblas y haces un toro, un torero, un caballo... cuenta más historias. 

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