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Tercer Milenio

Entrevista

Pablo Barrecheguren: "O todos somos frikis o es muy normal jugar a videojuegos"

Doctor en Biomedicina y divulgador (Zaragoza, 1986), acaba de publicar ‘Neurogamer: cómo los videojuegos nos ayudan a comprender nuestro cerebro’ y ‘El cerebro humano explicado por Dr. Santiago Ramón y Cajal’.

Pablo Barrecheguren es escritor y divulgador científico
Pablo Barrecheguren es escritor y divulgador científico
Oliver Duch

¿Qué es lo que más le intriga del cerebro humano?

Todas las capacidades abstractas que le atribuimos: la creatividad, la inteligencia, la imaginación... Se les llama propiedades emergentes porque, mirando por separado, no sabemos cómo aparecen. Sabemos cómo funciona una neurona o un grupo de ellas, pero, visto a escala de todo el cerebro, aún tenemos grandes preguntas, como dónde surge una idea.

Los videojuegos nos ayudan a comprender nuestro cerebro, dice la segunda parte del título de su libro ‘Neurogamer’. ¿Cómo es eso?

Como cualquier otra obra cultural, ayudan a entender cómo funcionamos. Hay grupos de investigación que juntan neurociencia y videojuegos para entender determinados procesos mentales, ver si se pueden usar en terapias o desmentir cosas como que generan violencia o adicción.

¿No las generan?

Las revisiones actuales de este tema afirman que tienen un impacto ínfimo o inexistente en comportamientos agresivos. Las causas están en otro lado.

Pero si roban mucho tiempo, ¿pueden convertirse en adicción?

Jugar mucho tiempo no es síntoma de adicción, es más complejo, depende de tu situación: si juegas más horas de las que tienes libres y eso interfiere en tu sueño, cocinarte mejor o hacer ejercicio, puede ser un caso preocupante de abuso. Pero si tienes ese tiempo y es tu superafición, es como el que entrena para una maratón.

¿Usted le racionaría el tiempo de consola a su hijo?

Sí. De entrada, el cerebro de los jóvenes tiene un proceso de maduración largo, hasta los veintitantos años. La parte del autocontrol, el córtex prefrontal, se desarrolla más tarde que las partes emocionales, por lo que es necesaria cierta supervisión. Quizás la palabra controlar no sea adecuada, los investigadores hablan de educar al joven para que tenga autocontrol.

¿Desde cuándo juega?

Es una afición que me ha acompañado toda la vida, igual que la lectura. Desde antes de ser científico y estudiar la carrera, ya jugaba y sigo jugando todos los días, aunque sea una partida corta. Hubo épocas en que jugaba más, como cuando hacía la tesis y vivía en un piso en Barcelona con dos amigos. Tras las muchas horas de laboratorio, cenábamos y nos poníamos a jugar. Siempre lo he tenido muy integrado, igual que otros se ponen la televisión.

Pero menos pasivo que mirar una pantalla, ¿entrenan el cerebro?

Los estudios dicen que ni atontan ni desarrollan capacidades. Lo más probable es que sean neutros, aunque ciertos videojuegos pueden tener efectos positivos en la memoria de trabajo o la percepción espacial si tienes que hacer un mapeado mental. Pero se podrían diseñar específicamente para estimular ciertas capacidades.

Generan una enorme industria ligada al ocio, aunque habría muchas otras posibles aplicaciones.

Hay aún poca gente haciendo esto, pero tiene mucho potencial unir a diseñadores de videojuegos y neurocientíficos. También se ve que los ‘exergames’, que te hacen moverte, pueden ser un buen complemento en terapias de rehabilitación, aprovechando que jugar activa algo en el cerebro que lo hace agradable. Por eso nos gusta jugar. Es una necesidad biológica: debe haber actividades que nos guste hacer para repetirlas y aprenderlas.

Se ha considerado algo de frikis, pero no es para nada minoritario. ¿A lo mejor lo raro es no jugar a videojuegos?

El ocio electrónico factura más que la industria audiovisual y musical juntas porque es consumido por mucha gente. Y no es una actividad juvenil: la media de edad son 31 años. Se da una proporción similar de hombres y mujeres y, en muchos países, más de la mitad de la población juega al menos un par de veces por semana –echar una partida a un juego del móvil también cuenta–. Es una afición muy transversal: o todos somos frikis o es muy normal jugar a esto.

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