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Canfranc tiene nuevos nombres para las calles de la estación

El Ayuntamiento aprueba dedicarlos al ferrocarril, al Camino de Santiago, a los trabajadores de la estación y a la espía Lola Pardo    

Llegada del primer tren a la nueva estación internacional de Canfranc
Llegada del primer tren a la nueva estación internacional de Canfranc
Renfe

El Ayuntamiento de Canfranc aprobó ayer en el pleno nuevas calles con nombres ferroviarios en la explanada de 13 hectáreas de los Arañones, una semana después de empezar a urbanizarla. Es la manera de poner en marcha un lugar donde esperan que vuelvan a disfrutar de miles de turistas cuando se acabe la pandemia.  

El vial principal se va a llamar paseo del Ferrocarril (línea Zaragoza-Pau), dedicado al tren Canfranero que desde 1929 hasta 1970 hacía ese recorrido, hasta que se cerró por un accidente de un tren, y el proyecto de los gobiernos de Francia y España puede reabrir esta línea internacional en 2025. 

Este paseo se encuentra en la antesala de la antigua estación internacional que e va a convertir en un gran hotel, cuando se entra desde la carretera y la zona poblada de Arañones. Otras calles se han dedicado a términos relacionados con el Camino de Santiago, al ser un punto de los peregrinos que proceden de toda Europa para hacer ese tránsito.

El espacio entre la nueva estación y el edificio histórico se va a dedicar a los paseos peatonales y se conocerá como el Camino de la libertad. En el medio de su recorrido tendrá una plaza Mayor, entre las estaciones, y varias travesías que lo cruzan que están dedicados a los viajeros, al transbordo, a los peregrinos y a los Pirineos.

También se dedica una plaza a la espía Lola Pardo, una canfranquesa que ayudó a Albert Le Lay, jefe de la aduana francesa en la Resistencia en la ocupación nazi, al que ya se le dedicó una calle en el puente del río que da entrada a la explanada. Mientras que la espía tiene su reconocimiento al sur de la explanada, los trabajadores de la estación tienen su plaza al norte cerca del túnel del Somport.  

Lola Pardo, en su casa de Jaca durante una entrevista en 2002.
Lola Pardo, en su casa de Jaca durante una entrevista en 2002.
hEraldo

Lola Pardo, una modista de Canfranc, acabó en 2001 con 60 años de silencio, incluso para su familia. Desveló que fue una colaboradora de los aliados y transportaba secretos militares en tren desde su localidad natal hasta Zaragoza, donde los entregaba a un cura castrense llamado páter Planillos. Falleció en 2015. 

"Mr. Le Lay nos avisó que era correspondencia clandestina y que si nos detenían, debíamos callar", aseguró Lola Pardo, en una entrevista con HERALDO. "Hubo viajes que íbamos al lado de la pareja de la Guardia Civil en el vagón. Pasamos mucho miedo". Nadie lo diría al verla, con su aspecto de madraza y mujer simpática. Quizá por eso fue elegida por los franceses para ser “correo" o colaboradora de los aliados en la Segunda Guerra Mundial entre los años 1940 y 1944.

Lola Pardo tenía 17 años cuando las redes de espionaje Pic y Mithorpie de la Resistencia francesa, puestas en marcha por el célebre coronel Remy, empezaron a funcionar y enviar sus mensajes desde Francia a Londres a través del tren que unía diariamente Canfranc con Zaragoza, Madrid y Lisboa. "Lo hice por la amistad que unía a mi familia con los franceses. Hoy no sé si volvería a repetirlo. Cuando me acuerdo de lo que llevábamos encima, me entra mucho miedo", reconoce. No obstante, es consciente de que "gracias a esas informaciones pudo acabar la guerra con el desembarco de Normandía".

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