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Aragón

Una científica aragonesa increpada en Twitter se ve obligada a cerrar su cuenta

La viróloga zaragozana Nerea Irigoyen se vio inmersa en una disputa con el periodista Javier Negre a través de la red social.

Nerea Irigoyen ha reabierto su laboratorio en Cambridge.
Nerea Irigoyen, en susu laboratorio en Cambridge.
U. C.

“Me limité a dar mi opinión en las redes, como hace mucha gente, y de repente me vi envuelta en todo esto”, explica Nerea Irigoyen, viróloga zaragozana radicada en Reino Unido donde dirige un grupo de investigación en la Universidad de Cambridge. Todo empezó cuando la científica aragonesa compartió una publicación en la red social Twitter del periodista Javier Negre en la que hablaba de “estos científicos que inundan las teles y defienden al Gobierno de la mentira y que peor ha gestionado la crisis del coronavirus. Hay que averiguar si el respaldo se debe a que hay subvenciones en juego a la comunidad científica tradicionalmente afín al PSOE”.

“Yo también soy una científica que inunda los medios, viróloga molecular y un grupo de investigación de Cambridge. El gobierno con sus luces y sus sombras no lo ha hecho peor que el resto de los países de su entorno y además el PSOE no me financia nada, llevo viviendo 10 años en Reino Unido”, explicaba ella citando dicho comentario. Sin embargo, una acción tan cotidiana en nuestros días se convertía en una publicación viral en cuestión de horas.

Uno de los tuits  publicados.
Uno de los tuits publicados.
Heraldo

El domingo por la mañana la zaragozana se encontraba con un gran revuelo en esta red social. Hoy, su mensaje suma más de 7.000 reacciones. Sin embargo, Negre, dada la repercusión de esta publicación, decidía responder con unas publicaciones que realizaba Irigoyen con motivo del 8M: “Para ser científica eres terriblemente irresponsable. Haber alentado como hiciste el infectódromo de la manifestación feminista del 8M junto al Gobierno del bulo nos ha costado muchas vidas. Si vuelves a un medio pide perdón al menos a las familias de las víctimas”.

Y lo continuaba de la siguiente forma: “No entiendo cómo siendo teóricamente experta en virus y viendo la que estaba cayendo en China e Italia alentaste el 8M”. En este caso, además, mencionaba su departamento y a la universidad de Cambridge donde desarrolla su labor como investigadora. “Todo esto llegó a Cambridge y tuve que avisar para que no le diesen más importancia de la que realmente tiene”, advierte la investigadora, que asegura que el periodista sacó de contexto “tan solo una opinión”.

Uno de los tuits publicados.
Uno de los tuits publicados.
Heraldo

“Creo que España lo está haciendo mejor, o por lo menos no peor, que otros países de características similares como Francia, Italia o donde me encuentro, Reino Unido, donde acabamos de superar la cifra de muertos de España en 7.000 y ni siquiera se ha decretado un confinamiento obligatorio”, asevera Irigoyen, que destaca que en ningún momento intentaba defender a ningún gobierno sino dar una opinión personal.

Además, tras los mensajes compartidos en la red social, la zaragozana dobló el número de seguidores –pasando de 7.000 a casi 12.000- y comenzó a recibir mensajes de todo tipo, muchos de ellos insultos y amenazas. “Me vi obligada a ‘candar’ mi cuenta –es decir, convertir su cuenta en privada para que no pueda acceder a su información cualquiera- y a borrar las notificaciones de Negre”, reconoce. Sin embargo, este hecho volvió a motivar otra publicación del periodista: “Solo tuve que buscar en su Twitter para darme cuenta que fue una científica que antepuso su ideología a la salud. Ahora ha puesto candado ¿Qué esconde?”. La zaragozana responde: “No escondo nada. Tan solo quiero esperar a que pase este revuelo para volver a mi vida normal y poder publicar mis opiniones como hace todo el mundo”.

Uno de los tuis publicados.
Uno de los tuis publicados.
Heraldo

Sin embargo, muchas voces –sobre todo vinculadas al mundo de la divulgación y la ciencia- no tardaron en salir en defensa de la viróloga asegurando que había sido acosada a través de la red social. Por ejemplo la redactora jefa de la Agencia SINC (Servicio de Información y Noticias Científicas), Pampa G. Molina, que le mostraba su apoyo asegurando estar harta de ver cuentas obligadas a ponerse candados: “La mayoría, de mujeres”, añadía. También el periodista Antonio Maestre que afirmaba: “Esto es acoso selectivo. Así que se puede denunciar a twitter. Os ruego que lo hagáis”.

En sus propias palabras, recibir el apoyo de la comunidad científica ha sido la parte más gratificante de esta situación a la cual todavía no da crédito. “Me siento muy agradecida por tanto apoyo. Creo que de no haber sido así me habría borrado la cuenta”, admite. El último en sumarse a esta guerra abierta en la red social era el portavoz de Unidas Podemos en el Congreso, Pablo Echenique, quien aprovechaba el conflicto para abrir un nuevo debate: “Para esto quiere Díaz Ayuso saber el nombre de los funcionarios del Ministerio y de científicos humildes que ayudan a su país sin pedir nada a cambio”.

Los tiempos de la ciencia

Echenique hacía referencia a la negativa del Gobierno de revelar la identidad de aquellos profesionales que deciden, entre otras cosas, los cambios de fase de cada autonomía. “Me he sentido en medio de una batalla que no es mía. En medio de un circo mediático cuando solo trataba de dar mi opinión sin ofender a nadie. Más que acosada, como han denunciado algunos medios, me he sentido difamada”, asevera la científica.

En esta misma línea, Irigoyen asegura que lo ocurrido responde a una tendencia general que se está dando a nivel social con respecto a su profesión que cada vez tiene una imagen más deteriorada. “Hemos pasado de ser la esperanza a que la gente pregunte por qué tarda tanto en aparecer una vacuna o un fármaco. La ciencia lleva sus propios tiempos”, advierte. De hecho, Irigoyen ha cerrado momentáneamente su línea de investigación del zika para dirigir sus esfuerzos contra el SARS-CoV-2.

“Creo que falta una cultura científica ya que existen demasiados bulos y un profundo desconocimiento de nuestra labor”, advierte. En su opinión, la ciencia reacciona con rapidez y trabaja en conjunto para dar respuesta lo antes posible a esta crisis sanitaria, sin embargo, el exceso de información en los medios genera “muchas expectativas” y un ambiente de confusión generalizado. “Creo que las falsas expectativas están repercutiendo negativamente en la imagen que la sociedad tiene de nosotros”, concluye.

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