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crisis del coronavirus

Más de 860 sanitarios contagiados en Aragón: los rostros detrás de las cifras

El alto porcentaje de profesionales infectados representa el 13% de los casos acumulados. Los sindicatos reclamaron desde el inicio de la pandemia más material de protección y test para toda la plantilla, unas 21.000 personas.

Las unidades de cuidados intensivos de Aragón, en la foto, la del hospital Miguel Servet, llegaron a disponer de 298 camas en el pico de la pandemia y siempre hubo un 30% libres.
Las unidades de cuidados intensivos de Aragón, en la foto, la del hospital Miguel Servet, llegaron a disponer de 298 camas en el pico de la pandemia y siempre hubo un 30% libres.
Luis Correas

La crisis del coronavirus ha dejado en Aragón hasta la fecha 6.575 contagios, de los que 866 se han dado entre el personal sanitario, lo que representa el 13% de los positivos confirmados. Por provincias, 644 corresponden a Zaragoza, 94 a Huesca y 128 a Teruel. Al número de infectados por la covid-19 se une otro doloroso dato: las muertes de un médico de Atención Primaria del centro de salud San Pablo y de un trabajador de la limpieza del hospital Miguel Servet.

Los sanitarios, unos 21.000 en la Comunidad, ocupan la primera línea en la lucha contra la pandemia, y han sido el colectivo que ha soportado un mayor número de infecciones. A la incertidumbre inicial y a la necesidad de actuar de un modo rápido, dada la imparable evolución epidemiológica, se unió la falta de material de protección, sobre todo de mascarillas y epis. La escasez era tal que el personal tuvo que fabricarse batas utilizando bolsas de basura. Los sindicatos llegaron a denunciar al Ejecutivo autonómico reclamando más medios.

Pidieron también ampliar la realización de test a todo el colectivo, no solo a los que presentaban síntomas, petición que el Gobierno de Aragón empezó a llevar a cabo hace unos días. El gerente del Salud, Javier Marión, explicó el viernes que las pruebas, de carácter voluntario, se están realizando de forma progresiva.

“Ha habido mucha falta de protección y no se le dio la importancia que tenía"

Jesús Ángel Naudín y María Teresa Escuder, en su domicilio.
Jesús Ángel Naudín y María Teresa Escuder, en su domicilio.
HA

María Teresa Escuder, médico en una residencia de ancianos de Zaragoza, empezó a encontrarse mal el 27 de marzo. Ese mismo día su marido, Jesús Ángel Naudín, médico de familia, tenía ya algo de tos. A pesar de que prácticamente estaba asintomático, la prueba de PCR confirmó que tenía coronavirus. Él pasó la enfermedad aislado en casa;María Teresa, sin embargo, estuvo ingresada en el hospital: "Pasé tres días bastante mal, porque te ves sola y le empiezas a dar vueltas a la cabeza. Las noches son eternas".

Las altas cifras de contagios "preocupan":"Ha habido mucha falta de protección y no se supo transmitir la gravedad de lo que iba a llegar. No se le dio la importancia que tenía".

"Mi mayor preocupación era que mis hijos acabaran contagiados y con síntomas"

Raquel Ridruejo y su familia, el día que su marido volvió del hospital.
Raquel Ridruejo y su familia, el día que su marido volvió del hospital.
HA

"Conciliar la vida familiar y laboral es difícil, pero hacerlo en la época de la pandemia es todavía más complicado, sobre todo cuando los padres son trabajadores esenciales y los niños no tienen colegio". Raquel Ridruejo es intensivista en la uci del Hospital Clínico de Zaragoza. Su marido enfermó y requirió atención hospitalaria. Ella, tras siete días en aislamiento, tenía que volver a trabajar:"Fue un momento estresante, porque la legislación me obligaba volver al hospital con mi marido ingresado y mis dos hijos a mi cargo". Entonces empezó con fiebre. Se enfrentó a la neumonía en casa para cuidar a los niños. "Estamos trabajando a diario con este germen y es imposible saber si nos ha afectado en el hospital, en casa, en el supermercado... En la uci tomamos todas las medidas para prevenir el contacto, pero cuando llegamos a casa somos personas y bajamos la guardia", relata: "Mis hijos están muy acostumbrados a llevar mascarilla, pero mi mayor preocupación era que acabaran también contagiados y con síntomas".

"Al principio lo achaqué al estrés de la situación y al cansancio por el exceso de trabajo"

Irene Villarroya, con las flores que le regalaron sus compañeros.
Irene Villarroya, con las flores que le regalaron sus compañeros.
HA

"Las dos primeras semanas de marzo íbamos sin mascarillas", recuerda Irene Villarroya, enfermera de Atención Primaria:"No teníamos órdenes y entraron muchos pacientes". Comenzó con clínica la semana del 16:"Lo achaqué al estrés de la situación y al cansancio por el exceso de trabajo". "Los primeros días había poco material, y se daba con cuentagotas. No sabíamos ponernos bien el equipo". Un amigo les mandó 250 mascarillas desde Shanghái. "La situación ha sido horrible. He estado en una residencia intervenida, donde se quedaron sin médicos y enfermeros". "Tienes miedo, angustia", cuenta. Su pareja, autónomo, también se infectó. Este sábado tenían que haberse casado.

"Hay mucha incertidumbre y los sanitarios afectados no hacen más que aumentar"

Cristina Peña estuvo de baja tres semanas y se ha reincorporado a su puesto en el hospital madrileño de Móstoles.
Cristina Peña estuvo de baja tres semanas y se ha reincorporado a su puesto en el hospital madrileño de Móstoles.
HA

A la enfermera zaragozana Cristina Peña el virus le pilló haciendo la residencia en Pediatría en el hospital madrileño de Móstoles. La trasladaron a la planta covid de adultos y ahí se contagió. Llevaba unos 20 días trabajando en el servicio, uno de los más expuestos al virus. Estuvo de baja tres semanas y se reincorporó hace unos días. "Hay mucha incertidumbre, confiábamos en que los epis eran los adecuados y cada día te sientes más insegura", apunta. En Madrid se repartieron muchas mascarillas:"No sabemos si las que usamos eran defectuosas. Da miedo pensarlo". "En mi planta –explica– empezamos a caer varios a la vez. Los sanitarios afectados no hacen más que aumentar".

"Más de 40 días después sigo dando positivo en covid"

Silvia Pérez permanece aislada en su casa en Zaragoza.
Silvia Pérez permanece aislada en su casa en Zaragoza.
HA

Silvia Pérez es enfermera de Urgencias en el Hospital Miguel Servet y cuenta que estuvo en baja preventiva a principios de marzo tras estar en contacto con un paciente covid. Sin embargo, cuatro días después de volver al trabajo, tuvo síntomas:fiebre, dolor muscular, tos, pérdida del gusto del olfato y del gusto.... "Más de 40 días después sigo dando positivo. Yo me encuentro perfectamente y podría volver para ayudar a mis compañeros, pero por precaución me mantienen en aislamiento". "Ahora –señala– tenemos medios pero aun así es difícil mantener a rajatabla todas las medidas de seguridad:se mueve la mascarilla, la pantalla... No sé cómo me contagié, porque hice todo como lo tenía que hacer. A veces es inevitable".

"No necesitamos aplausos, sino que se nos reconozca nuestro trabajo y derechos"

Clara Alfonso, en su domicilio.
Clara Alfonso, en su domicilio.
HA

Clara Alfonso, técnica en cuidados auxiliares de enfermería (TCAE) en el Clínico, está de baja por covid. "Mañana me vuelven a repetir la prueba. Espero que dé negativo, porque tengo muchas ganas de volver a la ‘normalidad’". Esta crisis, dice, "ha sido una mezcla de desconocimiento y de escasez de material y recursos". Reconoce que los aplausos de las 20.00 a los sanitarios le "reconfortan" pero, al mismo tiempo, pide a la sociedad un compromiso con las medidas de distanciamiento social. "Me gustaría que se nos valore siempre como ahora, estamos haciendo lo que podemos con pocos medios de protección. No necesitamos aplausos, sino que se nos reconozca nuestro trabajo y nuestros derechos".

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