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Aragón

política

Más puños que rosas

Las cuitas internas quiebran la unidad en un PSOE aragonés que, en plena precampaña, destapa sus "vicisitudes orgánicas" sin pensar en el efecto que pueden tener en la carrera electoral del 10N

Acto electoral de Pedro Sánchez en el Teatro de las Esquinas de Zaragoza.
Acto electoral de Pedro Sánchez en el Teatro de las Esquinas de Zaragoza.
Oliver Duch

El PSOE aragonés está en pie de guerra, y el enemigo está en casa. Cuitas internas, desaires malintencionados y desplantes magnificados enrarecen las relaciones personales e institucionales en el seno de un partido que hoy por hoy en la Comunidad lo gobierna casi todo. 

Los desencuentros vienen de lejos, tanto que hay quien se remonta hasta el fin del ‘marcelinato’ una década atrás, que derivó en una progresiva pérdida de poder orgánico de Huesca que aún no se ha logrado superar. En Zaragoza y Teruel consideran que este inconformismo se materializa de cuando en cuando en discrepancias que se airean más de lo deseado, ‘vendiendo’ una imagen de división que no se corresponde al cien por cien con la realidad.

La desazón es tal que hasta los triunfos se saborean poco. Ocurrió en 2015, cuando ni siquiera el hecho de recuperar el Gobierno aragonés, con el apoyo de CHA, Podemos e IU, sirvió para vivir una legislatura en paz. El malestar alcanzó su punto álgido en el ecuador de la legislatura con un proceso de primarias que se interpretó como una "moción de censura insólita", en la que Huesca activó su maquinaria para que otra zaragozana, Carmen Dueso, intentara desbancar, sin éxito, al entonces líder regional y presidente del Ejecutivo autonómico. Tras la ajustada votación (Lambán se impuso por un 56%), Huesca llamó a su militancia a replegar velas, al menos durante un tiempo, en un intento de que las aguas, que bajaban muy revueltas, volvieran a su cauce.

Llegó la calma, esa calma chicha que hace presagiar una voraz tormenta. Porque en Huesca solo había que mentar el retraso en las infraestructuras, el coste de los bomberos y el escaso apoyo al esquí para que saltara la chispa y prendiera la llama de un fuego mediático que se tardaba días en sofocar. Y el problema más candente ha sido el de los bomberos, para los que la Diputación de Huesca exige financiación a la DGA.

La casualidad (para unos) o una cierta "mala baba" (para sus contrarios) han situado al montisonense Álvaro Burrell al frente de la compleja dirección general de Interior y Protección Civil, y está llamado ahora a lidiar con este fuego. Más difícil será su cometido que el que pidió para él el PSOE oscense, el escaño de senador autonómico que Javier Lambán y Arturo Aliaga pactaron ceder al aragonesista Clemente Sánchez Garnica. 

Tan mal sentó en Huesca que se regalara el senador autonómico al PAR que la provincial en bloque (salvo su secretario provincial, Antonio Cosculluela) plantó a la regional en el comité convocado, a priori, para celebrar el éxito del partido tras el 26-M. El triunfo fue mayor, según dicen, porque no solo hubo que superar los obstáculos del centroderecha, sino el ‘fuego amigo’ de Huesca, que fijaba a su propio partido exigencias a satisfacer en una negociación extraordinariamente compleja. Como si no fuera un reto casi imposible por sí mismo el intentar buscar la cuadratura del círculo para llegar a sentar a aragonesistas y podemistas juntos en el Consejo de Gobierno.

Lambán respondió al plante con una severa advertencia a Huesca y a algún díscolo zaragozano: "No toleraré a nadie ni un ápice de quebranto de la unidad del PSOE". Pero no surtió efecto. Las "vicisitudes orgánicas" que el propio Pedro Sánchez reconoce que se dan en Aragón y que salpican a Huesca, a Ferraz y hasta a Zaragoza capital no hicieron sino aumentar.Muy comentado fue entre los críticos del PSOE el encuentro de Lambán con Emiliano García-Page en Molina de Aragón el mismo día que el rey Felipe VI, tras recibir a Sánchez, prácticamente confirmó la repetición electoral. Dicen que en Ferraz no sentaron bien las referencias del castellano-manchego a los traumáticos comités federales, una página negra en la historia reciente del partido.

El entorno de Lambán quita hierro al asunto y duda, incluso, del malestar de Sánchez. Porque cuando Ferraz se enfada, a nadie se le escapa. Ocurrió con la postura que Aragón adoptó con el polémico relator y que acabó, unos días después, con Ignacio Urquizu, Óscar Galeano y Florencio García Madrigal fuera de las listas al Congreso y al Senado para el 28-A.

Las tensiones se han reavivado en los últimos días por la exclusión del PSOE regional de la Junta de Gobierno de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) que unos y otros han tratado de justificar enviando cartas de versiones contrapuestas a alcaldes del Altoaragón. Solo faltó que Lambán, en un encuentro con periodistas de Huesca, opinara sobre los problemas con la provincial para azuzar el fuego más. 

Y como todo es susceptible de empeorar, se desveló que Lambán pidió a José Luis Ábalos el relevo de Susana Sumelzo como cabeza de lista al Congreso por Zaragoza por su "falta de arraigo" en la provincia el mismo día que Pedro Sánchez abría la precampaña en Aragón. El ‘rifirrafe’ tuvo consecuencias. Ferraz vio que Pilar Alegría, jefa de la oposición municipal y aliada ocasional de Huesca en otro intento de arrinconar a Lambán, no figuraba en el cartel del mitin de Zaragoza, y exigió su inmediata inclusión. Aunque puede que este reencuentro sea un punto de inflexión, que Pilar sea Pili otra vez, y que se tiendan puentes entre el Pignatelli y la Casa Consistorial para articular una oposición a Azcón más eficaz.

Con el 10N a la vuelta de la esquina, se duda incluso de la implicación de Lambán en la campaña, algo que desmienten en la regional. Es más, incluso son partidarios de sellar la paz. Lo asegura el propio Lambán: "Desde el primer momento he intentado tener una excelente relación con Miguel Gracia. Aunque he fracasado, no renuncio a solucionar el problema". No parece fácil en un PSOE  como el actual con más puños que rosas.

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