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"La viticultura tiene mucho futuro en Aragón y eso se nota"

Fernando Mora es uno de los tres socios de Bodegas Frontonio, que gestiona 55 hectáreas y vende unas 230.000 botellas en 36 países del mundo.

Fernando Mora, con una copa junto al peirón instalado en la finca que da nombre al vino, El Jardín de las Iguales.
Fernando Mora, con una copa junto al peirón instalado en la finca que da nombre al vino, El Jardín de las Iguales.
Bodegas Frontonio

Fernando Mora llegó al mundo del vino por amor -"mi mujer fue la causante de todo", confiesa-. Ingeniero mecánico de formación, hizo su primer vino en su piso de Valdespartera en el año 2008. Y, a partir de ahí, su carrera vitivinícola no ha dejado de crecer hasta convertirse en uno de los pocos Master of Wine de España -máximo reconocimiento en el mundo del vino y un título que poseen menos de 400 personas en todo el mundo- y a vender sus botellas en 36 países diferentes. En 2013 dejó su trabajo como ingeniero y ahora, con 37 años, es socio de Bodegas Frontonio, que gestiona 55 hectáreas de viñedos en distintos municipios de la IGP Valdejalón y que en 2018 produjo 230.000 botellas.

"Estamos muy ilusionados porque hay mucho futuro en la viticultura de Aragón, por volumen y por la calidad de los vinos, y eso se nota", cuenta Mora. Él no está solo en este proyecto, en el que avanza junto al enólogo Mario López y el abogado Francisco Latasa. Tienen una veintena de vinos diferentes y el último que han presentado ha sido El Jardín de las Iguales, nombre que le da la finca en la que se cultivan esas uvas en la sierra de Algairén, de Alpartir, y que su propietario le puso porque decía que tenía dos cepas idénticas.

"Gracias a Julio Prieto conocimos la existencia de un excepcional viñedo que estaba a punto de desaparecer en Alpartir", cuenta Mora, que inicialmente adquirió 1,7 hectáreas de una viña plantada, en parte, entre 1898 y 1908. A posteriori, los tres socios de la bodega fueron adquiriendo 9 hectáreas más de parcelas de una quincena de propietarios en las que han plantado vides para tratar de devolver la zona de viñedos que las imágenes de 1943 y 1957 demostraban que hubo en el valle.

"Había que recuperar el orgullo de ese valle. Los jóvenes de Alpartir habían perdido la cultura del vino y queríamos recuperar la relación con las viñas -añade Mora- con absoluto respeto a la tradición local. También hemos querido generar valor local y tanto el viticultor que se encarga de los viñedos como el albañil o el carpintero que han participado en la construcción de la bodega son de Alpartir. La gente aquí nos ha recibido de una manera excepcional y siempre hemos intentando antes de hacer algo en el viñedo, contrastarlo con los mayores del pueblo".

La presentación en sociedad

El pasado 10 de junio se presentó en sociedad la finca, que está a 700 de altitud y sobre un suelo de pizarra y cuarzo. Al acto asistieron unas 70 personas de 13 nacionalidades diferentes, que pudieron degustar los primeros vinos producidos de estas cepas. "Hemos vendido ya el 75% de las botellas, que cuestan entre 180 y 195 euros cada una". "La gente está dispuesta a pagar por algo excepcional. El vino siempre ha levantado pasiones", explica este socio de Bodegas Frontonio.

Los suyos son de los llamados vinos icono o de gama alta. "Hemos conseguido un vino que no se parece en nada al resto de garnachas. Lo hemos interpretado -añade el Master of Wine-. Son vinos de una calidad brutal y que los críticos así lo han determinado". De hecho, algunas de sus referencias cuentan con más de 95 puntos de Robert Parker, uno de los enólogos más prestigiosos del mundo.

"A veces hay que arriesgar. Lo peor es no intentarlo. Hace seis años decidí dejar mi trabajo de ingeniero mecánico y dedicarme a esto por completo. Los primeros cinco años fueron muy duros, pero nos dimos cuenta que hay que poner en valor la tierra porque eso permanece, aunque las personas se vayan", cuenta.

En 2013, el primero de sus vinos llegó a un restaurante con doble estrella Michelin y ahí se dieron cuenta del potencial que tenían las viñas viejas de montaña.

De un garaje a la bodega

Fernando Mora elaboró junto a Mario López sus primeros vinos conjuntos en el garaje que los padres de su socio tienen en Épila. Pero pronto vieron que tenían que dar un paso más y apostaron por construir una bodega en Alpartir.

Esta, instalada sobre una cueva excavada en tierra de dos siglos de antigüedad, tiene una capacidad para recepcionar 50.000 kilos de uva. Sobre él está el canillero, capaz de albergar hasta 40.000 botellas en crianza. Es allí donde se encuentran las tres añadas actuales, en diferentes fases de elaboración, de las apenas 901 botellas de blanco y 1.032 de tinto que suponen el debut de El Jardín de las Iguales.

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