Aragón

Opinión

Simple coherencia

El alcalde de Zaragoza, Pedro Santisteve, junto a Luisa Broto en la noche electoral.
El alcalde de Zaragoza, Pedro Santisteve, junto a Luisa Broto en la noche electoral.
Toni Galán

José María González Santos, ‘Kichi’, alcalde de Cádiz durante los últimos cuatro años y candidato de Adelante Cádiz, que no de Podemos, logró el pasado domingo ganar en 128 de las 153 mesas electorales repartidas en la ciudad andaluza. El alcalde en funciones, que en campaña ni reclamó ni echó de menos la presencia de Pablo Iglesias, vive en un pequeño piso de 40 metros cuadrados y cuando llegó el momento no tuvo inconveniente alguno en procesionar junto a su madre en la Hermandad del Nazareno. Defensor del contrato de Navantia con Arabia Saudí para la construcción de varias corbetas, se ha quedado a un solo concejal de la mayoría absoluta, elevando su presencia en el consistorio de ocho a 13 representantes.

El poder político constituye un caldo de cultivo propicio para dar alimento a las contradicciones. Carne de titular, se toleran y ensalzan cuando son el resultado de un supuesto sacrificio en beneficio del interés general. Son muchos los alcaldes que han sabido jugar con esta práctica y su resultado, a mitad de camino entre el populismo y la empatía, suele tener su traducción en votos. Lo que no soporta la opinión pública son las contracciones producto del desapego o la defensa de lo propio. En el caso de Podemos, nunca antes 268 metros cuadrados de chalet habían hecho tanto daño a un partido. La casa en Galapagar enterró a Podemos y lo hizo, sencillamente, por la fuerza de la incoherencia.

La caída de Podemos y sus mareas representa para la izquierda una oportunidad perdida, un viaje sin retorno que ha reflotado a un PSOE que ha aprovechado para superar parte de sus complejos. Podemos se ha desmoronado por méritos propios. Su mensaje de regeneración y cambio se quedó atascado en la falta de credibilidad. La casa de la familia Iglesias-Montero, el asistente sin alta en la Seguridad Social de Echenique o los cobros de Monedero han situado a la formación al mismo nivel que aquello que censuraban. Sin sensibilidad (la formulación de la crítica sobre las donaciones de Amancio Ortega fue su última torpeza) ni generosidad en muchos de los lugares donde han gobernado, creyeron más importante redimir a la ciudadanía que corregir los muchos problemas que afectan a la población.

Podemos se ha desmoronado por méritos propios. Su mensaje de regeneración y cambio se quedó atascado en la falta de credibilidad

En Zaragoza, lo ocurrido con ZEC y con el alcalde Pedro Santisteve resulta tan paradigmático como revelador. De entre los llamados ayuntamientos del cambio, ZEC ha cosechado el peor resultado de toda España, aunque si se suman los datos de Podemos –buscando una cierta benevolencia– sería el segundo peor, solo por detrás del alcalde de Santiago de Compostela, Martiño Noriega. Las batallas internas que dieron como resultado la fragmentación de la marca, su falta de generosidad con el resto de partidos del Consistorio, convirtiéndoles a todos ellos en oposición, y una gestión sostenida en los gestos, muchos de ellos resultado de un seguidismo producto de lo que Madrid y Barcelona acometían, han permitido un tortazo electoral que tiene su origen en una visión sesgada de lo que es y representa Zaragoza. Con una difícil rectificación desde los sillones de la oposición, ZEC viaja hacia un discurso aún más escorado y minoritario en votos.

Tras el fracaso de Podemos, las dimisiones y las peleas internas han comenzado a florecer en España. La formación en Aragón está desgarrada y lejos de una reflexión sosegada –si ahora sobra algo es tiempo– se ha instalado una guerra de bandos que solo añade profundidad a la crisis.

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