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Opinión

Y ahora qué

DGA. EDIFICIO PIGNATELLI. VISTAS/ 20-09-2016 / FOTO: H A
El edificio Pignatelli, sede del Gobierno de Aragón.
Guillermo Mestre

Como la historia es cíclica, la jornada del 26-M en Aragón vuelve a replicar una de tantas elecciones en las que casi todos ganan y casi nadie pierde. Aunque la realidad posterior quede matizada por la gruesa divisoria entre los que pierden ganando y los que ganan pese a perder. Fíjense cómo será la cosa que entre los primeros ya suena la cantinela, fruto de la impotencia, de que habrá ‘pactos de perdedores’. Como si hace casi cuatro años el PSOE de Lambán no hubiera llegado al Pignatelli con una minoría absoluta de 18 escaños. Le salvó un democrático pacto de perdedores, igual que a Santisteve en Zaragoza.

¿Un acuerdo PSOE-Cs en la DGA sería un pacto de perdedores? No tanto. No porque Sánchez llame ya a Cs a levantar el «cordón sanitario» (sigue confundiéndolo con el umbilical porque se refiere a principios políticos) en torno a las candidaturas más votadas, como por el hecho de que ese es un acuerdo que se ha venido engrasando durante el pasado mandato (reforma del impuesto de Sucesiones y el famoso encuentro entre Lambán y Rivera como exponentes). También porque el PSOE se ha impuesto claramente con más del 30% de los votos. Se llama respeto a las urnas y la voluntad en ellas expresada por los electores. Cabría un gobierno de la derecha, con presidencia del PP o de Cs, pero en un cuatripartito más complicado y en el que está por ver si el PAR querría jugar con Vox.

¿A partir de ahí? Pues parece difícil y hasta contraindicado para sus intereses que Cs vaya a poner todos los huevos en la cesta socialista porque no puede ser el exclusivo sostén de la izquierda (tampoco de la derecha). Esto complicaría un pacto también con Alegría en el Ayuntamiento de Zaragoza. Por contra, facilita y orienta un acuerdo con las fuerzas del centroderecha, que suman mayoría en la corporación. De nuevo, respeto a las urnas y al mandato de los zaragozanos. En todo caso, la constitución de las alcaldías va a ser pieza angular de todo este proceso negociador, ya que los ayuntamientos se constituyen el próximo día 15, antes que las Cortes (el día 20) y los gobiernos autonómicos (finales de junio, principios de julio). De este modo, Zaragoza va a tener un tratamiento específico y aislado en las negociaciones a nivel nacional entre Casado y Rivera y esta es una de las plazas señaladas por el líder popular para el cambio de cromos.

¿Demasiada renuncia para Cs? Tampoco. Aunque en principio dice aspirar a todo, podría lograr la vicepresidencia de la DGA y la vicealcaldía de Zaragoza. Mucho poder y mucho presupuesto en sus manos sin asumir el desgaste directo del gobierno, al quedar en un relativo segundo plano como socio minoritario. Encarnaría su compromiso como partido de centro permitiendo que la apuesta nacional de Rivera siga creciendo con naturalidad, hasta ver si a corto plazo supera al PP y lidera el centroderecha.

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