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Pozuel, donde el agua potable llegó en el siglo XXI

Hasta hace poco más de dos años, los 21 habitantes censados de este pueblo de la Comunidad de Calatayud tenían que comprar garrafas o ir a manantiales cercanos.

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Rafael Yunta, en el parque del pueblo junto a sus nietos, Nerea y Teo, que residen en la provincia de Barcelona.
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Los 21 habitantes censados hoy en Pozuel de Ariza no tienen más que abrir el grifo y llenar el vaso con agua. Lo que ahora es un simple gesto, hasta octubre de 2016 no era tan fácil. Hablar de despoblación es hablar de falta de habitantes, pero también de la falta de servicios básicos, y de eso saben mucho en esta localidad de la Comunidad de Calatayud, que marca el límite con la provincia de Soria. Actualmente, en el rango de edad de hasta 29 años solo hay una niña. Allí el agua corriente se pidió en 1950, llegó en los 60 y a principios de los 90 se tuvo que declarar no potable.

"Fue entonces, por los vertidos ilegales de una granja porcina, cuando se hicieron analíticas y vimos que el agua estaba contaminada", recuerda la alcaldesa, Encarnación Bermúdez. Los estudios constataron que había altos niveles de sulfatos y nitratos. "No servía para beber, pero tampoco para fregar los platos, lavar verdura o duchar a los bebés", detalla. Luis Ángel Millán, anterior alcalde, lo corrobora: "En realidad, el agua nunca ha sido buena porque estamos en un terreno arcilloso y eso hace que sea muy dura". El municipio tiene su toma en un manantial situado entre un barranco y el río Nágima. Así, Millán asume que "se cloraba y ya". Con esta situación, en 2015 Bermúdez cogió el bastón de mando:  "Nuestra prioridad al entrar fue el agua, porque era un servicio básico para el pueblo". Dadas las estrecheces presupuestarias que viven los pueblos pequeños, y más en un caso del tamaño de Pozuel, el Consistorio tuvo que pedir una ayuda de emergencia a la Diputación de Zaragoza para sufragar 41.000 euros de los 50.000 que costaba la potabilizadora.

Desde entonces, el escenario ha cambiado. No en el padrón, porque hay tres censados menos, pero sí en calidad de vida. "Antes había que ir a buscar agua a Lodares, Valtueña, Jaraba o traerla comprada, porque no valía ni para fregar. No salía espuma", explica Rafael Yunta. Lo cuenta mientras cuida de sus nietos, Nerea y Teo, que viven con sus padres en San Cugat del Vallés, pero que pasan con él y su mujer algunas temporadas en el pueblo. Desde los columpios, se puede ver la mole del depósito. "Ahora se toma el agua desde el manantial, va al depósito y justo debajo está la potabilizadora", desgrana.

Rafael destaca que "es muy importante tener agua de boca, porque si no en un pueblo pequeño sería otro problema añadido". "Ahora hay una diferencia abismal, es agua osmotizada y eso significa que la calidad de vida ha mejorado mucho", subraya la alcaldesa. "Tenemos que poner las cosas fáciles", remata. En este sentido, coincide con Rafael, quien dice que "es agua de garantía y de calidad". "No como antes –asegura– que si te duchabas, tenías que volver a hacerlo porque olía mal".

Al pie de los depósitos, Pablo Mairal Gutiérrez pasea a su perro. "Desde hace 5 meses venimos a pasar días por aquí y usamos el agua del grifo sin problema", afirma. "Llegamos buscando tranquilidad y se lo he recomendado a varios amigos", explica. "Es cierto que hemos encontrado un sitio tranquilo y que la gente es muy amable, pero si tienes los servicios básicos está mucho mejor, si no echaría para atrás". Así, la potabilizadora de Pozuel cambió el refrán y ahora el agua sabe como si fuera de octubre.

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