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Aragón

Amenaza demográfica

Las mujeres aragonesas que tienen su primer hijo con 40 años ya son más que las que lo tienen con 26.

Las aragonesas que tienen su primer hijo con 40 años ya son más que las que lo tienen con 26
Las aragonesas que tienen su primer hijo con 40 años ya son más que las que lo tienen con 26
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Aragón sigue precipitándose hacia una grave crisis demográfica. Desde hace tres décadas, con la única excepción de 2008, registra más defunciones que nacimientos. Además, el número de bebés que nacieron en 2017 (10.531) es el más bajo de los últimos quince años. Para cambiar la tendencia es preciso actuar sobre las causas.

En Aragón crecen pocos niños y, además, de mujeres cada vez más maduras, con las consecuencias que esto entraña en la salud de la madre y del bebé. Las aragonesas que tienen su primer hijo con 40 años son ya más que lo tienen con 26. Es esta una tendencia que se repite en el resto del país y también en Europa. Los expertos coinciden en que las mujeres deciden retrasar su maternidad principalmente por cuestiones formativas y socioeconómicas, como la inestabilidad y la precariedad del mercado laboral, las elevadas tasas de desempleo o la inexistencia de ayudas sociales. Cada vez son más las que aplazan la maternidad porque esperan a tener una situación económica más segura para tener hijos y otras renuncian directamente a la maternidad por considerarla incompatible con su carrera profesional.

Si Aragón quiere lograr un necesario equilibrio demográfico tendrá que seguir recurriendo a contingentes de población extranjera, como ha hecho en las últimas décadas. Pero, sobre todo, es necesario incidir sobre las condiciones que provocan la caída de la natalidad y el retraso de la maternidad. Durante mucho tiempo se creyó que estos fenómenos eran consecuencia del aumento del nivel de vida, de la mayor formación y de la incorporación de la mujer al mercado de trabajo. Es cierto que esos factores influyeron en un primer momento, pero numerosos estudios señalan que ahora obedecen a la creciente precarización laboral de los jóvenes y a la falta de políticas de conciliación y de apoyo a la crianza. Ahí están los retos para una sociedad cada día más envejecida como la aragonesa.

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