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Valdehorna, de los rezos a las fiestas y los recuerdos

La restauración de la iglesia de San Juan Bautista, el patrón del pueblo, se prolongó durante más de dos décadas y los servicios religiosos se trasladaron ese tiempo a las antiguas escuelas.

Fabián Lavilla y Benjamín Lavilla, pasado y presente de la alcaldía en Valdehorna.
Fabián Lavilla y Benjamín Lavilla, pasado y presente de la alcaldía en Valdehorna.
Laura Uranga

Fabián Lavilla vive entre Daroca y Valdehorna, su pueblo, del que fue el último alcalde del franquismo. Luego volvió al consistorio como concejal y, otra vez, de alcalde. "Estuve en 1974 y 1975; luego entró un hermano mío con las primeras elecciones, luego Demetrio y luego volví yo, ahora es mi sobrino Benjamín, desde hace siete años. Yo salí de la alcaldía en 2011. No sé si lleva idea de presentarse otra vez, esto está revuelto. Lo importante es tratar de hacer las cosas bien".

La gran preocupación de Fabián durante su último período como gestor fue la iglesia del pueblo, consagrada a San Juan Bautista. "No es por nada, pero me ha dado muchas alegrías y muchos disgustos. En los años 70 hubo dos accidentes muy graves en unos trabajos de restauración, murieron seis personas del pueblo, entre los que había familiares míos y albañiles de Daroca que vinieron también a la restauración", recuerda Fabián. La iglesia estuvo del 75 al 98 cerrada al culto, se celebraba misa en las escuelas, los chicos bajaban a la escuela a Daroca desde hacía unos años, y se siguieron trabajos de restauración en la iglesia desde 1983 con el proyecto del arquitecto Julio Clúa". .

El trabajo fue exhaustivo. Entre otras cosas, se sustituyó la cubierta por otra de viguetas de hormigón, se restauró la cúpula, se reforzaron los arcos fajones y se consolidaron los muros próximos al coro. "A la reinauguración vino monseñor Omella, que fue arzobispo de Zaragoza -recuerda el antiguo alcalde- y estaba de párroco Pedro Serrano. El antiguo espacio de las escuelas, que había servido de capilla, pasó a ser el bar social hasta hoy. Lo lleva un mozo que viene fines de semana y veranos desde Zaragoza. También hice en su día un pabellón, que se usaba sobre todo para las fiestas de abril y las de verano. Ahora tenemos buen alumbrado, buenas calles… el problema es que no las pisamos muchos".

Valdehorna está muy cerca de Daroca, se llega por un desvío de apenas dos kilómetros en la carretera que sube al puerto, y el pueblo está rodeado de parajes bucólicos, de belleza serena. Los fines de semana el panorama se anima un poco; el resto del tiempo, el pueblo está sumido en el silencio.

A festejar

El capítulo de festejos tiene una referencia que sube y baja en el calendario. "Hay una –explica Fabián– que según el año pasa de últimos de mayo a la segunda semana de junio, con una romería a la ermita del Santo Cristo. Antes se bajaba bailando el villano en honor a la Virgen, pero ahora el baile se hace aquí abajo, en la plaza. El último fin de semana de agosto por San Juan Bautista tenemos rosario, refresco y baile el viernes por la noche, lo mismo con misa el sábado, y el domingo se saca a Juan Bautista en procesión por el pueblo, se bendice el rollo y la comisión se encarga de los detalles, con la ayuda del ayuntamiento. La más grande es el último domingo de abril con La Virgen de la Cabeza, muy conocida en toda la comarca. Hay prédica y nos acompaña la Banda de Música de Daroca".

Valdehorna era un vergel para la garnacha, pero el cultivo se ha quedado reducido a la mínima expresión. "Había viñas extraordinarias, pero en unos pocos años ha desaparecido casi todo, como pasó la patata y la remolacha, que había bastante. Se siembra cereal y se plantan almendros y cerezos, pero sin subvención no hay vida. Con las cerezas, si pagan a 70 céntimos el kilo, no da ni para el jornal, y se han arrancado bastantes. Mi hijo trabaja en Zaragoza y viene los fines de semana a echar una mano en el campo".

Al hablar del problema de la despoblación, Fabián siempre ha sido muy claro. "Aquí ya no se tienen hijos, la gente joven se va y la vieja se muere". Con esa realidad, los servicios han ido bajando en intensidad y frecuencia; el panadero de Daroca ya no sube, hay enfermera los martes y médico los miércoles, y para surtirse de medicamentos, los valdehornenses más veteranos disponen de una furgoneta subvencionada por la comarca que sale a las 9.00 del pueblo y trae de vuelta a los usuarios a las 13.00; el tiempo para los recados, alguna compra extra y un café que no siempre se puede echar en Valdehorna. Los hijos del pueblo regresan los fines de semana. La vida continúa.

El horno, los retazos de historia, los cultivos tradicionales y el entorno natural

El caserío de la localidad se dispersa por la ladera a los pies de las sierras de Santa Cruz y Valdelacasa, que forman parte de la Cordillera Ibérica. Eso confiere al pueblo un aspecto muy especial. Desde el punto de vista de la geología, los materiales que abundan son muy antiguos (pizarras y cuarcitas paleozoicas) y se fueron sedimentando formando, pequeños relieves ondulados. Ciertos cultivos como la vid o el almendro se adaptan muy bien a estos terrenos, por lo que forman parte de los paisajes de sus campos desde hace siglos, aunque en estos tiempos la vid haya quedado reducida a la mínima expresión. La mayor parte del término está actualmente cultivado, debido a la gran calidad de los suelos; se pueden encontrar además pequeñas manchas de monte bajo y pinar en las zonas de mayor pendiente. En el término municipal de Valdehorna hay multitud de barrancos y ramblas, que excavan con crecidas intermitentes las laderas y discurren en dirección al río Jiloca, formando en su conjunto un paisaje de singular belleza. Los orígenes medievales de la población se remontan a 1205, fecha en la que se documenta con el nombre de Baldeforna, aunque con el paso de los siglos su denominación sufrirá diversas modificaciones hasta la actual. En 1248 se incorpora a la Sesma de Gallocanta dentro de la comunidad de aldeas de Daroca, donde permanece hasta 1836. El antiguo horno de la localidad ha sido restaurado, y la ermita del Santo Cristo forma un conjunto con el cementerio. A la entrada del pueblo desde Daroca se puede admirar el peirón dedicado al patrono del pueblo, San Juan Bautista.

Los imprescindibles

El peirón de San Juan

Se levanta sobre una grada escalonada y basa piramidal. Tiene fuste cuadrangular, con una moldura en doble listel sobre la que se abre en arco de medio punto la hornacina para la imagen del santo. El remate lo corona una cruz de hierro.

Las campanas

La iglesia de San Juan Bautista necesitaba reparar sus campanas (Santa María y San Juan Bautista) por un problema de cojinetes, muy antiguos, y la firma Pallás –radicada en La Puebla de Alfindén– las dejó perfectas en 2017.

Enrique Palaguerri

Este empresario darocense se casó con una valdehornense y Valdehorna le reconoció como ilustre. Fabián Lavilla dice que hace los mejores refrescos del mundo, y que se vuelca con las fiestas. Tiene un bar en Zaragoza.

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