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Aragón

Alquézar: de los barrancos sobre el Vero a las cumbres de la belleza

Declarada Conjunto Histórico Artístico en 1982, la localidad combina una estampa de cuento con turismo de aventura, hotelería ‘chic’ y una variedad gastronómica de altura; el reto, no masificar el paraíso.

Que Alquézar es una maravilla lo saben a estas alturas casi todos los aragoneses; quienes aún no han visitado a esta joya del Somontano han oído los piropos de quienes sí se han deleitado con las maravillas naturales, aventureras, arquitectónicas, gastronómicas y pías del pueblo del cura Cabrero y la Colegiata, del sabio Juan Antonio Fumanal ‘Carrucho’, de las delicias de Casa Gervasio, del veterano y luchador alcalde Mariano Altemir, de las pasarelas que permiten cruzar barrancos sin piolet ni crampones... y de Casa Pardina, el restaurante de las hermanas Ana y Mari Blasco. No es todo lo que hay, pero son todos los que están, y vaya por delante la disculpa por alterar arteramente el dicho. Es que Alquézar nubla los sentidos; demasiada belleza en cada esquina, disfrute con el mero paseo y, como ocurría con las maquinitas del millón más amables, una bola extra en cada recodo.

Volviendo al aforismo antes mentado y alterado, Ana está... y es. A los 16 años se puso a trabajar en el Mesón del Vero con su hermana mayor; allí se pasaron las dos un total de 22 años aprendiendo el oficio y pensando siempre un poco más allá de lo obvio, siempre inconformistas. En 2009 fundaron Casa Pardina después de tres años de recuperación de la casa que pertenecía a su abuela, situada en el centro del pueblo. Hoy es uno de los restaurantes más valorados de la provincia de Huesca en uno de los pueblos más visitados de Aragón, Conjunto Histórico Artístico desde 1982 e integrado en la lista de los pueblos más bonitos de España.

"Con el Mesón –recuerda Ana– empezamos en 1986, en la cochera del camión de mi padre. No fuimos las primeras;_unos años antes se había instalado en el pueblo una familia numerosa que puso la fonda Narbona. Venían de esta misma ciudad francesa pero tenían raíces aquí. Los barranquistas ya venían, y ellos también trajeron muchos; antes y después de los barrancos admiraban la belleza del pueblo que se había empezado a arreglar gracias a que Mariano Altemir nunca ha parado de tocar puertas y pelear por el pueblo; también empezaron las ayudas para los emprendedores. Otros pioneros fueron Casa Gervasio , la gente venía a Alquézar solamente para comer allá, y ahí siguen. La mayoría de los hosteleros hemos empezado poco a poco, fuimos seis u ocho familias que apostamos por quedarnos aquí y pelear por el pueblo, que estaba muy tocado".

Alquézar: sí, es tan bonito como te han contado

Ana y Mari han conseguido algo muy importante; que la gente pague a gusto un poco más que en otros sitios por deleitarse con cosas distintas, como la recuperada chanflaina con chiretas ­deliciosa asadura de cordero– o sus especialísimas manitas y caracoles. También tienen apartamentos de alquiler en la entrada del pueblo y una tienda, Fornocal Cosas de Aquí, con productos de la zona que clientes del restaurante demandaban: hay helados de Elarte, aceite Ferrer, queso de Radiquero... puras delicias.

En lo tocante a las oficios tradicionales, y descartado el sector primario por las características del terreno más allá de unos pocos olivos y almendros, continúa abierta la herrería –el carpintero viene de Abiego– y quedan un par de cuadrillas de albañiles; en los años de reformas y restauración hubo casi veinte.

En la hostelería, los alojamientos y el turismo de aventura, las referencias se multiplican desde la misma entrada. Los campings Río Vero y Alquézar son dos destinos muy buscados por los barranquistas, con sus propios guías, pero también están los pequeños hoteles con encanto en pleno pueblo como el Alodia, el Maribel o el Castillo, junto a ofertas un poco más amplias como el Villa de Alquézar o el Santa María. En el tema de aventura los decanos son Avalancha, que reciente mente cumplieron 25 años de actividad, pero también están Vertientes, una recién llegada al negocio con muchos años en el pueblo como Sally Aventures, el galo JB, Boira, Buenaventura... un montón. También llegan guías de otros pueblos de Guara, e incluso hay guías en los campings de Alquézar y Río Vero… vienen también gente de otros pueblos, e incluso llegan directamente excursiones de Francia con sus propios especialistas.

Ana es la tesorera de la Asociación de Empresarios de la Sierra de Guara, que acaba de celebrar su primer cuarto de siglo de existencia y está presidida pr Laura Ventura. En lo referente a Alquézar, y dado su creciente protagonismo en los planes de ocio de aragoneses y foráneos, el reto es no morir de éxito. Ana matiza el asunto. "Realmente, en Alquézar no queremos crecer más: el reto es gestionar bien todo esto, mejorar las infraestructuras, los aparcamientos, que todo siga limpio y en orden, que podamos seguir gustando a familias, aventureros, parejas con ganas de escapada... en fin, disfrutar de nuestro pueblo y que quienes vengan también lo disfruten, pero manejando bien todo".

La Colegiata, historia viva del pueblo, y el cura Cabrero, alma máter de la zona

La Colegiata y el cura Cabrero son los dos grandes tesoros píos de Alquézar. La primera data del siglo XI, el cura sigue al pie del cañón (ya superados los setenta) para atender a una veintena de núcleos poblacionales en la zona, con Alquézar –el pueblo que lo aprecia como a un miembro de la familia– como base. La Colegiata, consagrada en 1099, se erigió para albergar a la comunidad de canónigos agustinos que se estableció en Alquézar tras su conquista. De esta construcción románica sólo queda el atrio que le daba acceso; las columnas tienen capiteles esculpidos. A partir del siglo XV, los muros del claustro se decoraron con pinturas murales, que sufrieron multitud de restauraciones y repintes hasta el siglo XVIII. En el siglo XVI el claustro se amplió con la construcción de un segundo piso. Puede visitarse llamando al 974318940, la entrada cuesta 3 euros, está abierta todos los días y en invierno se puede ver 11.00 a 13.30 y de 16.00 a 18.00.

Los imprescindibles

Las panaderías

Junto a la entrada de las pasarelas hay tres; O Forno, que ha recuperado el dobladillo tradicional del pueblo, L’Artica, la más reciente y vistosa, con cafetería y terraza, y La Colegiata, de hechuras artesanas, junto a Antigüedades Paco.

La Ruta de las Pasarelas

Hay dos opciones (2,2 y 3,1 kilómetros) que parten desde la Peña Castibián y los muros de la Colegiata; no tienen peligro alguno. Hay siete tramos hasta el río Vero, y opción de seguir por el nuevo tramo hasta un espectacular mirador.

Las fiestas locales

La Asociación Cultural San Nicóstrato recuerda a este santo cuya fiesta se celebra el 8 de noviembre; el patrón es San Hipólito, que se celebra el 13 de agosto. No hay problemas para brindar; en el pueblo hay 17 bares y restaurantes.

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