Aragón

Así han cambiado los glaciares del Pirineo en 30 años

El cambio climático evidencia que la temperatura media podría subir a finales del siglo entre 2 y 7,1 grados. En las últimas décadas ha disminuido el número de días esquiables.

Imagen del glaciar de Monte Perdido en verano de 1981 y en 2011.
Imagen del glaciar de Monte Perdido en verano de 1981 y en 2011.
López-Moreno

Los datos son alarmantes. La mitad de los glaciares pirenaicos han desaparecido en los últimos 35 años y solo quedan 19. El de la Maladeta podría tener los días contados y dentro de dos o tres décadas podría fundirse la masa de hielo. Una situación similar al Aneto o Monte Perdido y que evidencia los efectos del calentamiento global en esta cadena montañosa. 

El Observatorio Pirenaico de Cambio Climático (OPCC), dependiente de la Comunidad de Trabajo de los Pirineos (CTP), ha coordinado el estudio 'El cambio climático en los Pirineos: impactos, vulnerabilidades y adaptación', que ha sido elaborado  durante los dos últimos años por más de 100 expertos de Aragón, Navarra, Cataluña, País Vasco, Nouvelle-Aquitaine, Occitanie y Andorra.

"La aceleración del retroceso de los glaciares pirenaicos, además de implicar una serie de impactos indirectos a nivel ecológico, representa una pérdida irreversible en términos de patrimonio cultural y ambiental", según recoge el estudio del OPCC. Desde 1984 hasta 2016 se estima que han desaparecido 20 de los 39 glaciares contabilizados en 1984, lo que ha supuesto una pérdida de superficie glaciar equivalente a 516 hectáreas. El informe alerta de que el retroceso glaciar posterior a los años 80 ha doblado el ritmo y las tasas de cambio del siglo XX, pasando de 9,33 hectáreas de pérdida anual entre 1850 y 1984 a pérdidas de 17,76 hectáreas anuales para el periodo de 1984 y 2016.

Si las previsiones de los modelos climáticos se confirman, es probable que a mediados de este siglo no existan gran parte de los glaciares europeos, lo que supondría la desaparición casi total de los glaciares de los Pirineos dada su ubicación geográfica más meridional. 

El documento refleja que, entre 1949 y 2010, la temperatura media en los Pirineos ha experimentado un claro aumento. Justo la tendencia contraria que reflejan las precipitaciones (han descendido un 2,5% por década en los últimos 50 años).

El espesor medio de la nieve podría reducirse hasta un 50% en el año 2050 en el Pirineo central y a 1.800 metros. Uno de los desafíos a los que se enfrenta este espacio natural en materia de cambio climático aborda sus consecuencias en el turismo. En las últimas décadas ha disminuido el número de días esquiables (aquellos con una acumulación de nieve de 30 centímetros, suficiente para poder esquiar con normalidad en las estaciones). Entre 1960 y 2010, los días con un grosor de la capa de nieve inferior a 30 centímetros ha aumentado considerablemente, especialmente en las estaciones a baja cota. También se ha ido retrasando progresivamente la fecha de inicio de la temporada de esquí, afirma el estudio.

Así han cambiado los glaciares del Pirineo en 30 años

Seguimiento de la Maladeta

Por otra parte, la Confederación Hidrográfica del Ebro con el apoyo del Ministerio para la Transición Ecológica lleva a cabo desde más de 25 años un seguimiento específico del glaciar de la Maladeta. Los últimos datos disponibles han cuantificado una pérdida de la masa de hielo de casi un metro de espesor medio y de 20 metros desde 1991. Además, su superficie es de 23,31 hectáreas, frente a las 50 hectáreas al inicio de la serie.

Así han cambiado los glaciares del Pirineo en 30 años

En la Maladeta se instalaron en 1991 siete balizas en el cuerpo del glaciar para los trabajos de balance de masa y movimiento superficial del hielo y se han realizado reinstalaciones de estos elementos a medida que iban quedando inoperativos por aflorar el hielo. En total se han colocado 26 balizas durante este tiempo.

En el estudio del glaciar se ha utilizado un método que se apoya en los datos obtenidos a partir de una red de balizas instaladas en el hielo a distintas altitudes, así como de medidas topográficas sobre la superficie. Las medidas de acumulación se apoyan en sondeos en la capa de nieve con extracción continua de testigo y pesada directa, usándose altímetros o GPS para posicionarlas lo más cerca posible de las balizas que en esa época no suelen ser visibles. Para completar la información de este estudio se utilizó un dron.

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