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Aragón, un país de montañas

Nacederos: llegar hasta el origen del río Arazas

Recorrido hasta la cueva de Garcés, el lugar donde salen a la superficie las aguas de este río emblemático de Ordesa, cuyo cauce ofrece al caminante un espléndido paisaje de saltos y cascadas.

Las cascadas nos harán disfrutar durante toda la excursión al nacimiento del río Arazas.
Alberto Martínez Embid

El río Arazas discurre íntegramente por el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido hasta entregar sus aguas al Ara, cuyo cauce escapa ya al límite de este espacio protegido. Río de cascadas al salvar grandes desniveles desde su nacimiento, el caudal del Arazas da lugar a alguno de las imágenes más conocidas de Ordesa, como la Cola de Caballo o las gradas de Soaso, por las que el histórico pirineísta Lucien Briet mostaba predilección. Alberto Martínez Embid lo llama «espinazo acuoso de un parque nacional centenario» en el espacio que le dedica en su recién publicado libro ‘Excursiones a Nacederos’ de la colección Aragón, que edita Sua.

La determinación del punto de nacimiento de un río no siempre es una cuestión pacífica, pero en el caso del Arazas parece que existe consenso acerca de que su nacedero se encuentra en la surgencia de la cueva de Garcés. Para llegar hasta allí seguimos la ruta que Alberto Martínez Embid incluye en su libro. Se parte desde los paneles de la pradera de Ordesa, marchando hacia el este por la orilla derecha del río, por donde se alcanza la cascada de Arripas. La pista sigue hasta Frachinal, donde la luz ofrece hermosos reflejos al flitrarse entre las ramas de las hayas centenarias. El bosque se abre en la Ribereta, «ante un festival de saltos y pozas: es la veintena de bandejones de espumas de las Gradas de Soaso», explica Martínez.

Manantial de fantasía

Se avanza por el circo de Soaso siguiendo la pasarela metálica hasta llegar a la Cola de Caballo, cuya vista atrae todas las miradas. Se prosigue por el sendero hacia las Clavijas de Soaso, donde el autor recomienda llevar cuidado al pasar por sus tramos de cadenas. Próxima se encuentra ya la cueva de Garcés, señalizada con un rótulo en rojo. «Es un manadero con tintes de fantasía», dice Martínez de estos saltos encajados en la roca, cuyo caudal llega por corrientes subterráneas desde las aguas de las nieves del Alto Arazas.

Podríamos darnos la vuelta y volver por donde hemos venido. Pero Martínez ofrece otra alternativa que nos permitirá disfrutar de más paisajes del Parque Nacional: desde la torre de piedra emprendemos camino hacia el sureste por la senda de las Mulas, balizada en rojo y blanco. Desde allí podremos disfrutar de unas magníficas vistas de la Cola de Caballo. En los prados de Soaso giramos a la izquierda y bajamos por el camino ya recorrido en la ida. Al llegar al bosque de hayas no seguimos por él sino que tomamos una senda alternativa: el desvío de la Ruta de las Cascadas.

Desciende esta senda al foso del salto del Estrecho, o de la Chordonera. Según recoge Martínez, tradicionalmente se ha dicho que el mejor sitio para verlo era una caverna situada en su base, resguardada por un saliente, el Palacio del Diluvio. Dejamos ese ‘simulador de lluvias’ y seguimos caminando hacia el noroeste para disfrutar del mirador de las Maravillas de la cascada de la Cueva. «Aquí se fabrican las nieblas sutiles del Arazas», apunta Martínez sobre el lugar.

La vereda baja al puente de Arripas, donde cruzamos a la ribera izquierda, y seguimos hasta el mirador de los Bucardos. El esfuerzo de la ascensión será bien retribuido con los magníficos panoramas que nos ofrece del Gallinero y del tozal de Mallo. El sendero va descendiendo y el cauce amansa poco a poco sus aguas. Desde las Siete Hayas se accede por el puente de los Cazadores a la pradera de Ordesa.

En este recorrido circular habremos caminado 19 km, de dificultad media-alta, y salvado un desnivel de 585 m de subida y otros tantos de bajada. El tiempo total para realizar la excursión habrá sido de unas cinco horas y media.

«Los ríos, los grandes desconocidos»

La ruta hasta el nacimiento del río Arazas es solo una de las 40 que Alberto Martínez Embid propone en su libro ‘Excursiones a Nacederos’, (Sua, 2018). «Los ríos son los grandes desconocidos de Aragón y son una belleza», afirma Martínez. Esconden secretos, guardan grandes historias, traspasan fronteras, admiran por su belleza al visitante y son un punto de naturaleza en el que se piensa menos. Alberto, montañero de larga trayectoría, encuentra que los ríos ofrecen «muy buenas excursiones, no siempre se puede hacer alta montaña». Así lo señala este enamorado de la naturaleza que ha realizado todas y cada una de las rutas que propone. La que le ha llevado más alto:«El Ibón Helado del Monte Perdido, a 3.000 m, donde nace el Gave de Pau, que cruza a Francia y es el río que pasa por Lourdes y Pau». Le ha sorprendido la belleza «del nacimiento del Huerva», y ha hablado con muchos lugareños para conocer todas las historias de estos ríos. Además de los datos técnicos, cada ruta ofrece «actividades para hacer, quienes fueron los primeros en descubrir el origen del río y sus leyendas».

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