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Torrijas: un entorno idílico desde las faldas de una colina

Con poco más de treinta habitantes durante el invierno, Torrijas sobrevive en medio de una inmensa naturaleza que corta el aliento de quien visita la localidad, situada en el corazón de Javalambre.

Mayte Montesinos posa en la terraza del edificio multiservicios que regenta en Torrijas.
Mayte Montesinos posa en la terraza del edificio multiservicios que regenta en Torrijas.
Jorge Escudero

Andamios y hormigoneras salpican el paisaje urbano de Torrijas, una localidad en la que desde cualquier ventana o balcón se divisa la inmensidad de un monte tapizado de pinos. Se registra una inusitada fiebre constructiva en este pueblo enclavado en lo más profundo de la sierra de Javalambre. La edificación de nuevas casas y la restauración de otras están acabando con las ruinas que hasta hace poco cubrían muchos solares a ambos lados de sus empinadas calles.

"Hay un cierto resurgir, si bien muy puntual, de la actividad constructiva", matizaba la alcaldesa, Aurora Gil. Y lo cierto es que prácticamente no hay rincón en el núcleo urbano de Torrijas que esté libre de maquinaria y materiales constructivos, y pocas viviendas presentan la desoladora apariencia del abandono.

Torrijas: un entorno idílico desde las faldas de una colina

Con el ánimo de dar un giro a la vida social de Torrijas, el Ayuntamiento adjudicó recientemente el edificio multiservicios, después de sacarlo a concurso, a una emprendedora con experiencia en el sector hostelero. En el potente inmueble, con fachada de intenso color terracota –que se divisa desde la carretera–, Mayte Montesinos igual prepara menús, que vende productos alimentarios de primera necesidad o dispensa cafés. La empresaria se encarga del restaurante, bar y tienda –la única oferta comercial y de hostelería con que cuenta la localidad– desde febrero y se muestra optimista ante la acogida que está teniendo entre los vecinos. "Me hice cargo del multiservicio en la peor época del año, pero los inicios han resultado mejor de lo esperado. En Semana Santa no salí de la cocina", admite. "En mayo, sin embargo –continúa–, he tenido pocos clientes".

Mayte Montesinos, una valenciana que desde hace cinco años decidió instalarse con su esposo y sus dos hijos en la comarca, se encargaba hasta hace poco de la cocina en el observatorio de astrofísica que el Centro de Estudios de Física del Cosmos de Aragón (Cefca) ha levantado en el Pico del Buitre, en el macizo de Javalambre. Pero, después de cuatro años de cocinar para astrónomos, decidió "tomar un nuevo rumbo". "Hay veces en tu vida –asegura– que tienes que tomar una decisión arriesgada y ese fue mi momento".

La naturaleza domina por completo Torrijas. Hectáreas de pinar rodean la localidad, que preside un entorno idílico desde las laderas de una colina. Este paraje agreste y frondoso es el que enamora a su esposo y sus hijos. "Yo no me veo viviendo aquí para siempre –confiesa–, pero mi familia está muy feliz". Al mayor de sus vástagos, de 17 años, le encantan los montes y la botánica, y la pequeña, de 13, antes triste por no tener niños de su edad para jugar, ha encontrado su espacio tras ir a estudiar al instituto de Alpuente (Valencia), la localidad más próxima con centro de Educación Secundaria y a la que acuden todos los escolares de la zona. "Con estos paisajes tan bellos, se ha aficionado a la fotografía", replica.

El multiservicios se llena durante los fines de semana. Al pueblo acuden muchos de los que se fueron en busca de nuevos horizontes laborales y que regresan en cuanto tienen tiempo libre; y los turistas, principalmente de la Comunidad Valenciana. La comida de Mayte ha empezado a hacerse un hueco entre los visitantes, que encargan su afamada zarzuela de pescado, su plato más solicitado.

Desde la terraza del restaurante, las vistas de los pinares dejan sin habla a los visitantes. "Son parajes muy bellos, sí –recalca la empresaria–, pero tan aislados...". Situada a 1.300 metros de altitud, Torrijas se desangra por el fenómeno de la despoblación. Mayte  dice comprender las reticencias de muchas personas a la vida en el medio rural. "La falta de servicios –comenta– hace que no resulte tan idílico residir en un pueblo pequeño". "Tienes lejos a los médicos especialistas –continúa–, no hay mucha gente de tu edad para hablar ni posibilidades de hacer actividades tan simples en una ciudad como ir a nadar o al gimnasio".

Aunque el censo es algo mayor, habitualmente residen en Torrijas poco más de treinta personas. El local de Mayte se convierte en un centro de actividad social. Las mujeres coinciden los días de la fruta en la tienda y después en la cafetería para charlar; y los hombres ocupan por la tarde una o dos mesas para jugar al guiñote. Los edificios multiservicios, impulsados por los ayuntamientos, cumplen un importante papel en la provincia de Teruel, en los municipios, en los que, ni siquiera cuentan con colegio. En Torrijas solo hay cinco niños, pero cuatro ya acuden al Instituto.

Si la vegetación domina el paisaje de la localidad, el agua permite que esta crezca exuberante, con sus abundantes acuíferos y las siete fuentes que salpican su entorno y que permiten a los amantes del senderismo afrontar frescos y frondosos recorridos.

Un patrimonio religioso dominado por la iglesia de San Cosme y San Damián

La iglesia de San Cosme y San Damián se configura como el principal elemento del patrimonio artístico de Torrijas. Su objeto más preciado, una hermosa cruz procesional del siglo XIV fabricada en cobre, con la figura de Cristo y decoraciones vegetales en el reverso, se encuentra depositada en el Museo de Arte Sacro de Teruel. Es una medida disuasoria para evitar tentaciones a los amigos de lo ajeno. Destaca una tabla de la Sagrada Familia del siglo XVI.

La iglesia, del siglo XVII, conserva en su altar mayor la imagen de la Virgen de la Inmaculada, un escultura, que, según cuentan los vecinos, pudo sobrevivir a la destrucción derivada de la Guerra Civil tras haber sido escondida por los mozos del pueblo durante los momentos más duros de la contienda. En el entorno de la localidad, dos ermitas, la de Santa Catalina  y la de las Navas, cubren las necesidades de los romeros. Especialmente venerada es la primera, una sencilla construcción del siglo XIII, escondida entre un espeso pinar y en cuyo entorno se han habilitado un merendero y fogones para favorecer las acampadas.

El poeta Llorente y el beato Gil Barcelón, los hombres ilustres del municipio

Una casona con muros fabricados en sillería y escudo en su fachada destaca dentro del caserío, levantado en las faldas de una colina. En el edificio pasaba muchos veranos el escritor Teodoro Llorente, el poeta más importante de la Renaixença valenciana. La vivienda todavía es frecuentada por familiares del escritor, que dirigió el periódico valenciano La Opinión en 1860, diario que posteriormente se transformaría en Las Provincias. Llorente fue el director de este rotativo durante cuarenta años. La casona, situada en la calle dedicada al poeta, se levanta en una de las zonas más elevadas del núcleo urbano, a pocos metros del antiguo camino de acceso al municipio. Fue hasta hace poco la única vía de entrada a Torrijas. Hoy en día es un paso inhabilitado y cubierto de maleza, pero a través del cual, con su aspecto angosto y sinuoso, se aprecia las dificultades que los vecinos pudieron llegar a tener para acceder al pueblo.

Una de las capillas de la iglesia parroquial está dedicada al Beato Gil Barcelón, que, si bien nació en la vecina localidad de Manzanera, en Torrijas discurrió la mayor parte de su infancia. Muerto en 1936, fue declarado Beato por el Papa Francisco en el año 2013.

LOS IMPRESCINDIBLES

Callejear.

Una actividad reconfortante es pasear por las empinadas calles de Torrijas y contemplar la cuidadosa restauración que se ha acometido en buena parte de las casas de sillares  y lascas de piedra que salpican su núcleo urbano.

Ermita de Santa Catalina.

Merece la pena subir hasta la colina en la que se levanta esta sencilla capilla del siglo XIII. Hasta hace unos años era visible desde el pueblo, pero, tras una campaña de reforestación, permanece oculta por un inmenso pinar.

Senderismo.

La práctica del senderismo está asegurada en esta localidad de la que parten numerosas rutas. Especialmente recomendables son las que se dirigen a las fuentes de aguas cristalinas que se distribuyen por su término municipal.

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