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Arcos de las Salinas

Arcos de las Salinas: un mirador de las estrellas en lo alto de Javalambre

Arcos de las Salinas no pierde la esperanza. Sus vecinos contemplan el turismo astronómico como la última oportunidad para subirse al carro de un desarrollo sostenible.

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En Arcos de las Salinas todo el mundo mira a las estrellas. Los astrónomos del Centro de Estudios de Física del Cosmos de Aragón (Cefca), desde el observatorio del Pico del Buitre; los turistas que llegan atraídos por la transparencia de un cielo inmaculado; y los vecinos, que esperan que ese firmamento claro y sereno devuelva al pueblo su antigua vitalidad.

Desde que terminó hace tres años la construcción de Galáctica –el centro para la difusión y práctica de la astronomía pendiente todavía de su equipamiento– son muchas las expectativas que se han generado entre los vecinos. Carolina Lloret, propietaria de la ludo-granja de Ana –dedicada a su hija–, es una de ellas. Hace casi un lustro decidió salir de Valencia e instalarse en Arcos de las Salinas y montar con su hermano un negocio de turismo de aventura al reclamo del centro de astronomía que, según lamenta, no termina de arrancar. "Compramos caballos y habilitamos unas mínimas instalaciones, pero tuvimos que cerrar el negocio porque Galáctica no abre y los turistas no llegan", relata la emprendedora. Ahora sobrevive con la ayuda de sus padres y de paso atiende la ludo-granja, un espacio que alberga 50 animales que ha ido recogiendo de la gente que quería desprenderse de ellos. "No es un negocio –advierte–. Yo recibo solo donaciones de los visitantes que vienen a verlos, sobre todo los fines de semana, para poder afrontar sus necesidades". Varios ponis, burros, cobayas, cerdos, conejos, cabras, patos y gallinas conviven en semilibertad en su finca. Su hijo pequeño, Carlos, de dos años, juega con ellos, corre y les da de comer como si fueran sus mejores amigos. "Este es un lugar idílico para los niños –proclama-. Mi idea es aguantar en Arcos de las Salinas lo que pueda, porque aquí somos felices, pero me tiene que dar para vivir".

 

 

La finca se encuentra en medio de campos de cultivo y al lado del río Arcos. Está atravesada por la Senda de Desiderio, un tramo del sendero de gran recorrido GR10 de Javalambre que ha tomado el nombre de su abuelo. "Mi familia procede de aquí, y yo he venido todos los veranos de vacaciones desde pequeña, así que tengo profundas raíces en el pueblo", explica la emprendedora.

Sus dos hijos mayores –una niña de 10 años y otro de 5– han contribuido a mantener abierto el colegio con tan solo seis escolares. "Está tan justa la matrícula que si una familia se va, habría que cerrar la escuela", asegura.

Titulada en Pedagogía, sostiene que la libertad de que gozan sus pequeños en esta especie de santuario para los animales y en contacto con la naturaleza es ideal para "educarles con otro tipo de valores, alejados del consumismo que azota las grandes ciudades". "La única pega –aclara– es que echan en falta la presencia de más niños de sus mismas edades". Ella lo suple con actividades extraescolares que se desarrollan en los pueblos cercanos.

"Yo tengo las raíces aquí, por eso me gusta, pero pienso que debería haber algún tipo de beneficios fiscales para atraer a nuevos pobladores", insiste Carolina, tras aclarar que su marido, técnico de laboratorio, trabaja en Valencia por la imposibilidad de encontrar un empleo en el pueblo turolense. Los fines de semana se traslada sin falta al paraíso familiar, a pocos metros de la cascada y la fuente de los Baños.

El alcalde, José Luis Alvir, tiene una visión agridulce sobre la situación de Arcos de las Salinas. "Galáctica ha despertado mucha ilusión, pero nadie se lanza. Estamos en un momento de espera", reconoce el regidor, quien considera, no obstante, que el pueblo tiene muchas posibilidades. "Estoy convencido de que los emprendedores empezarán a invertir en cuanto abra sus puertas el centro de astronomía". Alvir se ha convertido en un empresario con osadía. Dedicado a la hostelería, está embarcado en un proyecto de rehabilitación de un antiguo batán para su transformación en centro de eventos. Dice que el pueblo vive, a pesar de todo, un momento de ebullición, con el sector de la construcción fortalecido por los proyectos de rehabilitación de numerosas viviendas, y empresarios que se interesan por el pueblo. "Desde hacía una década nadie se dirigía al Ayuntamiento para preguntar por solares vacíos, y ahora lo hacen", confiesa Alvir. "Y las 550 viviendas que hay en el pueblo –continúa– se ocupan en su totalidad en verano y durante los fines de semana".

Las casas encaladas de la zona más alta del casco histórico abren sus galerías de madera a la vega del río, con vistas a la fronda, cuyo silencio solo se interrumpe por el rumor del agua y los gorjeos de las aves. En esta localidad, se conserva un casco antiguo con calles de trazado medieval, estrechas y sinuosas, protegido por los portales de Catarra, Teruel y el Portillo. Y un horno moruno de dos siglos de antigüedad espera un nuevo gestor para la elaboración de pan.

La iglesia de la Inmaculada: casi cuarenta años cerrada al culto por estado de ruina

La iglesia de la Inmaculada sobresale por su gran volumen en la plaza Mayor de Arcos de las Salinas, un espacio que ocupa la zona más elevada de la pequeña loma donde se asienta el núcleo urbano. Su portada recuerda los templos coloniales. No en balde, construida en el siglo XVIII, refleja el modelo jesuítico del estilo barroco.

Declarada Bien de Interés Cultural (BIC) en 1983, la iglesia tiene como elemento destacable la portada, que luce a modo de retablo barroco, presidido por una hornacina que cobija la imagen de la Inmaculada Concepción.

La iglesia permaneció 38 años cerrada al culto tras haber sido declarada por el Obispado turolense en estado de ruina. Las grietas salpicaban sus muros y una de sus capillas se hundió. Las gentes de Arcos guardaron en sus casas las imágenes del templo durante cuatro años, mientras se prolongaron las obras de restauración integral que permitieron reabrir la iglesia en 2010. En la plaza Mayor desembocan un puñado de calles de trazado medieval, algunas tan estrechas que parecen juntarse.

LOS IMPRESCINDIBLES

Ermita de San Roque

Coqueta capilla dentro del caserío de estilo barroco, construida entre los siglos XVII y XVIII. Destaca su atrio con estructura de madera y sus muros de sillería. A la ermita se accede a través de una escalinata.

Ribera río Arcos

Frondosa y fresca, la ribera del río Arcos se presenta como una alternativa para los amantes de la naturaleza durante los meses de más calor. Discurre paralela a una de las calles más tradicionales del pueblo.

Las salinas

Aguas abajo del río Arcos, a 2 kilómetros del pueblo, se sitúan las salinas, declaradas BIC. Están fechadas en el siglo XVIII y se suministraban de agua salada que se extraía a través de una noria. Se encuentras deterioradas.

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