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Peracense: un castillo para la gente del pueblo

Peracense quiere aumentar el calado turístico de su principal atracción con horarios ampliados, mejoras y acondicionamiento del entorno y nuevas actividades, tanto recreacionistas como didácticas.

Antonio Hernández, en las almenas del nivel superior.
Antonio Hernández, en las almenas del nivel superior.
Laura Uranga

El restaurante Los Poyales, en Ródenas, evoca con sus piedras rojizas el paisaje más común de la zona circundante a este municipio de la comarca Sierra de Albarracín que frisa con el límite de la de Jiloca, y se beneficia por su cercanía (son apenas cuatro kilómetros) de los que visitan una de las grandes joyas arquitectónicas de la provincia de Teruel: el castillo de Peracense. Su impresionante estampa rojiza, que determina el uso de la piedra de rodeno, ha sido glosada muchas veces; esos piropos fueron en aumento desde el grueso de la restauración acometida en el conjunto arquitectónico entre 1987 y 1992, que continuó con acondicionamientos puntuales algunos años más y que lo ha convertido en un atractivo turístico de primer orden. La propia roca sobre la que se asienta el castillo llama la atención; tiene formas extrañas, y algunas de ellas parecen gigantescas caras en relieve, que han llevado a turistas a compararlo –vagamente, pero tiene su punto– con los famosos rostros presidenciales del monte Rushmore.

El año pasado, el castillo registró 20.000 visitantes, y eso que en los meses fríos solamente abre los domingos. El ayuntamiento de Peracense ha puesto en marcha un plan director para alargar los tiempos de visita y mejorar la rentabilidad del castillo. El precio de la entrada es accesible (3.50 € para el público general, con diferentes descuentos por edades) y la gestión de la empresa Acrótera, también activa en el Centro de Interpretación de la Cultura Romana de Caminreal, acaba de cumplir un lustro. Abajo, en el pueblo, el bar municipal es la alternativa dentro del término municipal para recargar las baterías. En el bar del pueblo estarán Ana Escobar y Francisco Fernández; llevan poco más de tres años llevándolo, tras otros cuatro en Fonz, y tienen con ellos a sus tres hijos; Víctor, ya adulto, que trabaja en diversas labores de asistencia a los vecinos, y los pequeños Arantxa y José Manuel.

Peracense: un castillo para la gente del pueblo

Antonio Hernández, licenciado en Historia y socio fundador de Acrótera, se turna con Jesús Franco en las labores de guía. "En invierno, lógicamente, viene menos gente, pero en otoño y primavera contamos con muchos grupos escolares, además de asociaciones de todo tipo. Tratamos de hacer una visita amena, informativa y lúdica; con los chavales, por ejemplo, optamos por juegos tradicionales como bolos con pelotas de madera, ‘destronar’ al rey… para los grupos hay varias opciones, desde un modelo de ‘escape room’ hasta la que estamos planeando ahora, un juego de pistas por las tres zonas del castillo".

Muy arriba

De los tres espacios delimitados en el interior del castillo, el más espectacular es el que escala hacia las alturas. "Las almenas –aclara Antonio– fueron las más beneficiadas de esos fondos llegados hace tres décadas por la vía de la reconversión minera, tras el cierre de minas en Sierra Menera y Ojos Negros. Creo que entonces no se pensaba tanto en una explotación turística como en la preservación de un castillo tan bonito, en un lugar privilegiado; un lugar lleno de historia que tomó la forma que conocemos durante la llamada ‘guerra de los ‘pedros’ entre Aragón y Castilla a mediados del siglo XIV".

Las visitas teatralizadas nocturnas también tienen su carga poética. "Empezamos –puntualiza Antonio– en la zona más alta, cuando cae el sol por Ródenas, y disfrutamos de esa vista antes de ir explorando las estancias, para acabar la de noche con las antorchas. El problema con las actividades nocturnas es que la gente no pernocta aquí, por eso no pueden ser muy populosas".

El primer impacto para la vista del visitante es, sin duda, la exposición de Máquinas de Guerra y Asedio. "Empezó –explica Antonio– como algo temporal, pero se ha quedado y la verdad es que complementa muy bien todo el conjunto. El ariete es uno de los más llamativos, siempre quieren jugar con él y a los chavales les llama la atención el propio nombre, pero eso es hasta que ven las catapultas; hay dos. Les explicamos que realmente no son catapultas en el sentido estricto, sino trabucos o trebuchets, de origen chino; tienen más alcance y precisión que las catapultas habituales".

En la muestra impacta la rueda de fuego: se rellenaba de hierbas y paja y se lanzaba encendida por las ladera, para dispersar el fuego ante un ataque y arrollar a quienes se aproximaban a las murallas. En el castillo también hay lugar para la visión retrospectiva y museográfica. La zona de los antiguos barracones de los soldados aloja un pequeño museo de material arqueológico, y se ha habilitado una sala con fotografías de José Luis Ona, en la que se recuerda y documenta el proceso de restauración.

El primer fin de semana de agosto, la Asociaciòn de Recepcionistas Fidelis Regis de Zaragoza proyecta una muestra de oficios y actividades, tan con un mercado medieval, charlas y actividades, que incluyen una batalla simulada y la vida de los soldados de guardia.

"Estamos muy contentos –afirma Antonio– con lo que se ha hecho hasta ahora y lo que se va a hacer. Hace unos meses, la Asociación hizo un homenaje a algunos de los trabajadores que colaboraron en la restauración del castillo, desde mineros a guías".

Con el pueblo

Peracense queda a los pies de la gran mole, y la Asociación de Amigos del Castillo de Peracense es el nexo entre Ayuntamiento y empresa gestora. Casi todos los vecinos son miembros, amén de muchos familiares, y se involucran activamente en las iniciativas desarrolladas en el castillo para contribuir también al beneficio directo del municipio. El día de San Juan habrá un festejo especial en el castillo, y en San Lorenzo –el 10 de agosto– se repetirá la idea de celebrar una noche de estrellas fugaces.

Sagrario Hernández, la jotera que cantó ante Jimmy Carter

Nacida en Madrid, hija del peracensino Valero, estudió en Zaragoza y desarrolló su carrera en la capital de España, sin olvidar jamás sus raíces aragonesas. Su registro de soprano se volcó preferentemente en la jota. Tras debutar a mediados de los 50 y escalar en su carrera hasta el Certamen Nacional de Jota de 1962, tomó un largo paréntesos hasta 1979, cuando reingresó como meritoria de la Sección de Canto, participando en el logro del triunfo en el Premio Nacional del Folclore Español de 1985. En su volumen ‘La jota en el Jiloca: 50 joteros por el valle’, que salió en 2010 estaba acompañado de un cedé con una selección de 39 jotas de autores jilocanos, José Hernández Benedicto recuerda que Sagrario asombró con su voz a personalidades tan relevantes como el presidente de Estados Unidos Jimmy Carter, la reina Fabiola de Bélgica o el primer presidente de la democracia española, Adolfo Suárez. Su esposo José Llamas también ha sido siempre afín al universo de la jota. La fuente principal de Peracense recibe el nombre de Sagrario García Hernández, y recuerda que es la responsable de haber pulido y definido la llamada Jota de Peracense, con especial delectación al recitar estos versos: ‘Mi pueblo es aragonés,/ pequeño, pero valiente/ que cuando se ve en apuros/ sale San Ginés, y vence’. Tanto Sagrario como José formaron parte de la rondalla en la Casa de Aragón de Madrid, y la huella familiar en el mundo de la jota aragonesa es ya indeleble.

LOS IMPRESCINDIBLES

Para andar a gusto

La alcaldía de Peracense, con Manuel Bugeda al frente, quiere acondicionar una red de senderos que incluye la reforma del Camino Viejo, de 5 kilómetros, que atraviesa la ladera del castillo y comunica Peracense con Ródenas.

San Ginés

Se acude a la ermita desde Peracense el 25 de agosto; es una construcción de planta cuadrada, hecha en mampostería y con sillares de rodeno en las esquinas a modo de refuerzo. Está cubierta con techumbre a cuatro aguas.

Orígenes íberos

Son los pobladores más antiguos de Peracense, si se atiende a la constancia de su asentamiento. El yacimiento del Palomar –junto al actual núcleo urbano– o los fragmentos de cerámica hallados junto al castillo apoyan esta teoría.

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