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Aragón

Lledó: la letra, con buen vino entra

Las Bodegas Crial recolectan premios en las ferias vinícolas del área y Teresa Crivillé, nacida y criada en Lledó, aboga por nuevos horizontes socioeconómicos para su pueblo.

Un viejo balón contempla el atardecer desde el patio de la escuela de Lledó.
Un viejo balón contempla el atardecer desde el patio de la escuela de Lledó.
Laura Uranga

Como ocurre en muchos pueblos de Aragón, Lledó está diseñado para humanos de piernas fuertes. El pueblo es el más oriental del Matarraña, pequeño en tamaño y población, grande en energía y pródigo en belleza estructural. Las Rocas de Benet, en las inmediaciones de la cercana Tortosa, ofrecen una línea de horizonte privilegiada para la vista de los lledonenses, que también disfrutan del imponente paisaje dibujado por los puertos de Beceite. En el tema socioeconómico, llama la atención que el municipio tenga presencia de las cuatro denominaciones de origen con presencia en Teruel: el Ternasco de Aragón, el aceite de oliva del Bajo Aragón, el Jamón de Teruel y el Melocotón de Calanda.

De Lledó y todo lo que tiene que ver con su esencia habla con emoción Teresa Crivillé, nacida y criada en el pueblo, que desde 1993 comanda junto a su esposo Ismael Albesa Bodegas Crial. Ahora es la siguiente generación la encargada de llevar el día a día de la empresa: Raquel y Carlos tienen formación enológica y se reparten las tareas, con ella más centrada en la parcela administrativa y él en la vinícola. Teresa no puede estar más orgullosa, y lo manifiesta: la suya es una personalidad arrolladora, y basta un paseo a su vera por el pueblo para darse cuenta de que es una figura que genera respeto. Las amigas la asaltan a preguntas sobre su jornada excepcional de guía turística para los medios, y ella responde con diligencia. "Vienen a saber un poco más de todos nosotros", dice a una de ellas.

Lledó: la letra, con buen vino entra

Frente a la parroquia de Santiago Apóstol se da un imagen curiosa. Raquel Arribas, profesora de inglés, imparte clases de vocabulario y conversación en plena calle. Además, sus alumnos van un poco –o mucho, en algún caso– disfrazados; vienen de un festejo puntual en el colegio. La buena tarde que se ha quedado avala la idea. Un poco más abajo, en dirección a la escuela y la zona deportiva, saluda sonriente Elena Llopis, cartera del pueblo. Hace diariamente ruta entre Mazaleón, Calaceite, Cretas, Valderrobres, Arens de Lledó y Lledó, donde tiene su base.

El entorno natural también guarda agradables sorpresas. Las pozas del Algars entre Lledó y Arens de Lledó son un ejemplo; la zona está marcada por areniscas y lutitas del Terciario, y esos grandes bloques de piedra obstaculizan el paso del agua, dando lugar a profundas pozas, muy populares para el baño cuando lo permiten las temperaturas.

Como el de las motos

A Teresa le hacen mucho la referencia deportiva de su apellido, Crivillé, que comparte con el piloto que fuese el primer español campeón del mundo de motociclismo en la máxima categoría allá por 1989. "Me lo dicen mucho, sí, pero creo que no somos familia. Soy de Lledó, como mi padre, y mi madre nació en Tortosa, zona vecina. He pasado aquí toda mi vida, excepto los años de los estudios. Esta tierra es de vid, y en casa se vendían los excedentes de la cosecha hasta que se fue armando la estructura de bodega".

La historia de Crial como actividad de empresa tiene un cuarto de siglo, pero la familia anda por la cuarta generación consagrada a la actividad vitivinícola. Tiene plantación en la tierra baja del municipio, divisable desde la propia bodega, y también hay nuevos viñedos en la finca de El Mas de Dau, situada en la cercana Cretas.

Teresa explica la filosofía de la empresa con una idea sencilla. "Aprovechamos al máximo lo que la tierra nos da. Los puertos de Beceite y las rocas de Tortosa generan un microclima perfecto para la vid. Nosotros hemos tratado de diversificar, de no centrarnos en una sola línea. En casa tenemos muchos productos propios y también de artesanos de la zona, pero quizá lo estelares nuestros son el tinto Roques de Benet, de base garnacha como todos los nuestros, y un blanco joven, Lledoner, garnacha 100 por 100. Hace tres meses ganó el primer premio en la feria de Cretas, muy importante en la zona".

Crial intenta vendimiar siempre de noche. Los expertos entienden a la primera el valor añadido de esa política, pero los profanos –aquí hay muchas manos alzadas, incluida la del abajo firmante– necesitan una explicación, que Teresa ofrece un modo casi poético. "Al tomar la uva le haces una pequeña herida al grano; si eso se hace con el fresco, degrada menos la uva y te aseguro que se nota en el resultado final". La bodega tiene una fuerza laboral de doce personas fijas, que se completa con temporeros en época de vendimia.

Carácter recio

Teresa hace hincapié en varios aspectos relativos al modo de ser y sentir del lledonense, dejando claro además que se sienten muy aragoneses en el mismo vértice de tres comunidades autónomas, "Somos gente de carácter abierto, muy trabajadores, aunque también nos ponemos fiesteros cuando toca, para olvidar un poco la labor de todo el año. Es un pueblo agrícola, y también hay alguna granja porque a veces no da con una sola cosa. Hemos sufrido mucho con la despoblación, pero ahora se queda algún joven más, y van apareciendo ilusiones. Aquí cerca tenemos un chico que está empezando con un negocio de plantas medicinales, que espera tener en marcha próximamente".

El tema de las tradiciones se cuida con mimo. La romería a Santa Rosa de Viterbo lleva haciéndose más de treinta años, y en la restauración del pequeño edificio participó todo el pueblo. Una costumbre que llama la atención y habla a las claras de la camaradería existente entre los vecinos es la cena de Nochebuena, que se hace en el salón municipal para todos los vecinos que quieran y puedan sumarse con sus familias. "Es muy bonito –concluye Teresa– porque ese día celebras con todos, y es una Navidad distinta. Nos encanta".

La escuela se ha quedado pequeña

Hace apenas un lustro, la escuela de Lledó estaba a punto de cerrarse por falta de niños. La anterior alcaldesa, María José Vallés, ideó un efecto llamada con alquileres baratos al que acudieron varias familias de fuera; la escuela se salvó, entró un nuevo profesorado con pedagogía rompedora (algo que al principio leantó suspicacias, y ahora atrae a gente de otros municipios) y en el curso actual ha habido 29 alumnos, contando los chavales del pueblo y los llegados de masías y localidades cercanas; este segundo grupo es más de la mitad. El CRA Algars celebra el nuevo ‘problema’, aunque se ha aprestado a demandar soluciones. Teresa Crivillé comparte la preocupación. "Los chiquillos, que bienvenidos sean siempre porque son la vida de un pueblo, necesita de los espacios adecuados. Se ha proyectado una ampliación, pero por el momento ha habido que adaptar un aula bajo las escaleras de recepción; el Departamento Provincial de Educación solicitó que el municipio habilitara otro espacio, que ha sido una sala junto al bar contiguo, para resolver el problema temporalmente. El alcalde, Ramón Alonso, se ha volcado con esto; confiamos en la buena voluntad de todos para que los niños tengan las instalaciones que merecen". El patio también se ha quedado pequeño, y se abre el salón de baile municipal para el recreo; la otra aspiración era cubrir el área polideportiva aledaña con el Fondo de Inversiones de Teruel y usarla de recreo, pero no ha prosperado.

LOS IMPRESCINDIBLES

Santiago Apóstol

La parroquia es un edificio gótico del siglo XIV realizado en sillería. La fachada principal presenta un cuerpo poligonal que contiene la escalera de caracol de acceso al coro. La portada es ojival con siete arquivoltas con molduras.

Santa Rosa de Viterbo

La ermita está a unos 4 kilómetros del pueblo; se acude a ella en romería el primer sábado de junio –este sábado, curiosamente– y está construida en mampostería y sillería en las esquinas y zonas estructurales. Cuenta con una única nave.

Sensals

El tinto de base garnacha y suave sabor afrutado, con una excelente relación calidad-precio, ha venido siendo una propuesta habitual como vino de la casa en muchos restaurantes del Matarraña. Producto de Bodegas Salvador-Lledó.

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