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Antillón: un apellido que madura en barrica de roble

Las bodegas Valdovinos cumplen en este 2018 veinte años de ejercicio y han conseguido asomar la cabeza a los puestos de honor en las clasificaciones de los medios nacionales especializados.

Javier Valdovinos hijo ha asumido con ganas el reto planteado por su padre: manejar el día a día de las bodegas de la familia.
Javier Valdovinos hijo ha asumido con ganas el reto planteado por su padre: manejar el día a día de las bodegas de la familia.
Laura Uranga

La romería al santuario de la Virgen del Pueyo, en Barbastro, se celebra en Antillón el último viernes de abril, y da paso a unas festividades locales que conectan con el puente de mayo. Hay otras fiestas en septiembre, que honran a San Cosme y San Damián. Las comidas populares y el resto de celebraciones del pueblo están regadas con buen vino; la bodega local Valdovinos –sí, el apellido no puede ser más apropiado– se encarga de ello, además de llevar el nombre del pueblo por el exclusivo mundo vitivinícola nacional.

Es la empresa más conocida del pueblo, junto con Talleres Latapia. Bodegas Valdovinos nace en 1998 por el impulso de Javier Valdovinos, que en ese cercano tiempo pasado vio presente y futuro en el empeño. Veinte años después, su hijo –no nos arriesguemos a llamarle Junior, por si le molesta tanto como a Indiana Jones en el tercer filme de la saga– ha asumido galones de mando en el negocio de esta familia con honda raíz antillonera, sin que ello suponga el retiro del padre; se trata simplemente de un reparto de funciones y esfuerzo que les convierte en un tándem empresarial poderoso. Algo llamativo si se tiene en cuenta que el más joven de los dos tiene apenas 26 años y se incorporó a la empresa hace seis.

Antillón: un apellido que madura en barrica de roble

Javier hijo estudió ingeniería agrónoma en el politécnico de Huesca y luego hizo enología en Logroño. Conoce bien la historia, misión y visión de la empresa, que mantiene además un programa de visitas guiadas con cata incluida en el edificio anexo. "Antes de esto –recuerda– mi familia tenía cultivos, especialmente cebada y trigo. También teníamos viña, pero solamente hacíamos vino a granel, para abastecer a amigos del pueblo y alrededores. Cuando mi padre vio la oportunidad de negocio, se la jugó y montó la bodega, metió todas sus ilusiones y esfuerzo. Al año siguiente de abrir ya entró en la D.O. Barbastro; creo que fue la octava bodega en unirse".

Crecimiento sostenido

Poco a poco, el proyecto fue tomando forma. Depósitos de 1.000 litros primero, de 6.000 después… de 31.000 ahora. "Contamos con viñedos propios –apunta Javier– aunque el 80% de la uva que utilizamos viene de pequeños proveedores de la D.O. Somontano, desde Barbastro a Berbegal o Blecua. Tenemos once referencias de vino; trabajamos con cabernet, merlot, tempranillo, moristel y syrah en tintas, aparte de pruebas con parraleta que aún no hemos cristalizado en productos a la venta. En blancos manejamos chardonnay, macabeo, garnacha blanca y sauvignon blanc, aunque estas dos últimas las usamos sobre todo para redondear vinos; cuidamos el detalle en todos los pasos del proceso, y gracias a esa política nuestros productos tienen personalidad".

Valdovinos fue la primera bodega de la zona en elaborar vermú. El éxito ha sido tremendo, en venta y crítica. Lo hacen rojo y blanco. "Salió en 2014 y cada año hemos aumentado la producción. De hecho, este año nos han incluido los dos vermús entre los diez mejores de España, según Wine Up; el blanco ha quedado sexto y el rojo, noveno.Es un logro increíble para nosotros, y nos abrirá nuevas puertas. ¿El extranjero? Exportamos a Suiza, Holanda, Francia y Alemania, y esperamos meternos en más países, aunque no es fácil entrar con la competencia brutal que hay; en España hay 4.500 bodegas y 180 DO".

José Luis Ferrando es el alcalde de Antillón. Rechaza un poco la etiqueta de político partidista, aunque es consejero comarcal en la Hoya; prefiere que lo consideren simplemente como un servidor público. Tiene entre ceja y ceja el tema del agua para su pueblo, y ha puesto en consideración varias veces la posibilidad de contar con una balsa que facilitara el riego; actualmente Antillón recibe el preciado elemento desde Vadiello, mediante la conexión de Huesca. "Este es un pueblo con iniciativa, pero naturalmente el agua es fundamental, y no basta lo actual para realizar políticas eficaces de desarrollo a largo plazo".

En el presente, además de los oficios tradicionales, el pueblo cuenta con club social que matiza la vida social local, y un carpintero de Huesca, Carlos Mur, que se ha instalado recientemente aquí con su familia (tres hijos) para trabajar desde Antillón.

Un pasado con miga

En el paseo por el pueblo, José Luis muestra orgulloso los vestigios de la muralla musulmana y los tres torreones visibles en el casco urbano, en distintos estados de conservación. Desde el mirador urbano que apunta al norte, además, se puede disfrutar de un extraordinario pasaje montañoso. "La muralla se ha ido parcheando, pero no hemos podido acometer una reforma mayor por falta de fondos. Tenemos una historia rica, con detalles de relieve; en su momento, Antillón fue una población de especial importancia entre el castillo de Montearagón y el de Monzón". Se cree que había dos tipos de muralla: en los lados sur y oeste sería de sillares grandes y asentados con argamasa, mientras que en los lados norte y este se apoyaría en las traseras de los edificios construidos sobre los bancos de piedra.

La historia remota es igualmente rica. Antillón está muy cerca de la antigua calzada Ilerda-Osca, y tiene origen romano, derivado de su primer gran señor, el patricio Antilio. De hecho, y aunque su asentamiento no se sitúa exactamente en el actual casco urbano del pueblo, se hallaron restos de una villa romana en la zona. Fue en la época musulmana cuando la localidad se asentó en el espacio que ocupa hoy, y la intención fue militar; se trataba de un refuerzo para la defensa de la Marca Superior de Al Andalus.

Sancho de Antillón y su agotador descanso eterno

La llegada de los aragoneses en el siglo XII a Antillón, que estaba bajo dominación musulmana, situó a la localidad en la esfera señorial, siendo cabecera de una importante baronía que regentaron varios nobles aragoneses. Uno de ellos fue Sancho de Antillón, hombre acaudalado que acompañó al rey Pedro III en todas sus conquistas y batallas. En una de ellas, la de Muret, perdió la vida defendiendo a los súbditos albigenses del monarca, derrotados por las tropas fieles al Papa. El propio monarca también pereció. El Sumo Pontífice excomulgó a quienes se le enfrentaron y el cadáver de Sancho no pudo ser enterrado en sagrado. Su familia decidió traerlo a la cabecera de la baronía y aunque la iglesia no admitió en su seno a un excomulgado, se buscó la solución de enterrarlo en un sarcófago de piedra adosado a la torre, fuera del templo pero pegado a él. Como si una maldición se tratara, casi ochocientos años después, una campana se desplomó y cayó sobre la tumba, destrozándola. Se hizo un sarcófago nuevo (en el año 1994, y en el mismo sitio) que mantiene el recuerdo de este caballero.

Referentes nacionales en la maquinaria agrícola

Abel Latapia Raluy forma parte de una familia de emprendedores antilloneros. La mecánica y la ingeniería (orientadas al agro) son los motores de Talleres Latapia desde hace casi medio siglo; en su nave de trabajo, a la entrada del pueblo, la actividad es incesante. "La idea fue de mi bisabuelo, siguió mi abuelo y fue mi padre el que ya lo orientó más todo a la fabricación de maquinaria y reparación. Nuestros clientes están sobre todo en las tres provincias aragonesas, Navarra y Cataluña, pero también vendemos en otros puntos de España, y va saliendo alguna cosa en el extranjero. También solemos ir a las principales ferias del sector. Desde luego, es un orgullo crear y mantener empleo en el pueblo; somos seis personas fijas trabajando todo el año, y la verdad es que para nosotros es un orgullo haber podido crecer como empresa sin salir de Antillón, y con idea de ampliar negocio en la medida en que podamos. Seremos un pueblo pequeño, eso está claro pero tenemos gente con ganas de trabajar; además de las actividades más tradicionales hay unas bodegas fenomenales como Valdovinos".

LOS IMPRESCINDIBLES

Vistas desde San Juan

Esta ermita, situada en un alto, ofrece una vista espectacular de la Hoya de Huesca, con la majestuosidad de Guara a dos pasos; también se pueden admirar los primeros pueblos de Somontano y parte de los Monegros, hasta Sariñena.

La Natividad

La parroquia local tiene origen románico; el templo data del siglo XII y ya se menciona en las primeras reseñas de la villa tras la dominación musulmana. Ha sufrido, no obstante, sucesivas e importantes reformas.

Gastronomía local

Dentro de los platos más típicos de Antillón destacan las manitas con caracoles y los potajes, además de los llamados ‘recaos’ –herencia de las ollas medievales–. También tienen fama las tortetas y morcillas.

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