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Aragón

Crece la congelación de óvulos en Aragón por cuestiones sociológicas

Cada vez más mujeres jóvenes se decantan por esta opción de preservación para atrasar su maternidad.

Miles de titulares de la prestación por maternidad podrían reclamar dinero a Hacienda.
Las mujeres aragonesas cada vez tienen menos hijos y a una edad más tardía.

No es nuevo: en España cada vez se tienen menos hijos y a edades más tardías. Es una tendencia que lleva años consolidándose en todas las comunidades autónomas. En 2016, en Aragón se registraron 10.614 nacimientos, casi 300 menos que un año antes, y la edad media de las madres primerizas aragonesas repuntó hasta los 32 años. La marcha de la sociedad y los cambios en los ritmos de vida, sin duda, han sido determinantes a la hora de cambiar estos fenómenos demográficos.

La delicada coyuntura económica que vive el país desde el año 2007 ha hecho, por un lado, que el desempleo se haya disparado hasta niveles elevadísimos y, por otro, que quienes han mantenido sus trabajos lo hayan hecho en muchos casos con un empeoramiento de condiciones salariales, de horarios o ambas a la vez. Todo ello, sumado a una esperanza de vida que cada vez es mayor, ha hecho que las parejas españolas retrasen cada vez más la decisión de tener descendencia.

Y esto no es algo baladí, porque todos los expertos médicos señalan a la edad de la mujer como el mayor enemigo de la fertilidad: a partir de los 35 años la capacidad de la mujer para tener hijos desciende de forma drástica. Es pura biología: desciende el número de ovocitos que genera el cuerpo y, además, estos son de peor calidad.

La consecuencia más destacable de estos cambios sociales ha sido el auge que han experimentado los tratamientos de reproducción asistida. Según los últimos datos publicados por la Sociedad Española de Fertilidad (SEF), correspondientes a 2014, ese año se realizaron en nuestro país 116.000 ciclos de fecundación in vitro, una cifra récord no solo a nivel nacional, también europeo.

La fecundación in vitro es una de las técnicas más utilizadas, pero no es la única. Uno de los tratamientos más recientes (está permitido en España desde el año 2006) y que mayor crecimiento está experimentando es la congelación de óvulos (no de embriones), también llamada vitrificación. Esta técnica permite a una mujer congelar sus óvulos en un determinado momento de su vida y que se le implanten, fecundados, años más tarde. Los médicos de todo el país han visto como en los últimos años el número de mujeres que llega a las clínicas de fertilidad solicitando este tratamiento ha crecido exponencialmente y, además, con un perfil muy diferente: si en los años inmediatamente posteriores a la autorización de esta técnica se trataba de mujeres a las que se le había detectado un cáncer, ahora estos casos no son mayoría.

Un tratamiento que se realiza desde 2009 en Aragón

De la preservación oncológica se ha pasado a la preservación social, cuentan los médicos. Esto quiere decir que mientras que hace unos años las mujeres más atendidas en las clínicas eran aquellas a las que se le había detectado un cáncer y corrían riesgo de quedarse estériles (por eso congelaban sus ovocitos antes de someterse a quimio o radioterapia), ahora atienden sobre todo a mujeres y parejas que debido a sus circunstancias vitales actuales no pueden permitirse tener hijos pero no descartan hacerlo más adelante.

La SEF tiene publicados tres informes sobre este tipo de tratamiento. Se corresponden con los años 2010, 2011 y 2014 (el último disponible). En el documento más antiguo constan 281 mujeres que en toda España se sometieron a técnicas de preservación de la fertilidad. Un año más tarde, en 2011, fueron 424 y en 2014 la cifra creció hasta las 1.602 mujeres. De estas, un total de 1.126 lo hicieron por causas que nada tenían que ver con tratamientos médicos (gonatóxicos o quirúricos o con otras patologías médicas).

A pesar de que esta práctica está permitida en España desde el año 2006 (gracias a la promulgación de la ley 14/2006), a Aragón no llegó hasta 2009. El primer centro autorizado por la DGA para realizar este tratamiento fue la clínica Quirón. Este centro sanitario ha visto cómo en los últimos años no ha dejado de crecer la cifra de mujeres que deciden congelar sus óvulos: si en 2015 fueron seis mujeres las que acudieron hasta sus instalaciones, el año pasado la cifra ya había repuntado hasta los 22 casos.

Un paso por detrás con respecto a otros países

"El mensaje que le hemos ido lanzando a la sociedad de que no hay que dejar pasar el tiempo, de que la edad es importante a la hora de tener hijos y de que es un problema pasar de los 35 años para quedarse embarazada; todo eso poco a poco ha ido calando y ha hecho que empecemos a congelar óvulos no por una causa oncológica, sino para preservar la fertilidad", comenta el doctor Antonio Urries, director de la Unidad de Reproducción Asistida de la Clínica Quirón.

El médico experto en fertilidad señala que muchas de las parejas que llegan a su consulta "no son estériles, sino subfértiles" y enfatiza que aunque en los últimos años se ha avanzado mucho en este tema, aún queda camino por andar porque las mujeres que quieren congelar sus óvulos suelen ser demasiado mayores. "La preservación ideal está por debajo de los 30 años y la límite se sitúa a los 35", comenta.

"En nuestra clínica hemos registrado un crecimiento exponencial. Alrededor del 20% de todos los tratamientos de fertilidad que realizamos son de preservación social", explica por su parte el doctor José Serna, director del centro médico de IVI en Zaragoza. "Cuando empezamos a trabajar con esta técnica, venían muchas mujeres aragonesas que residían en el extranjero, pero ahora ya se ha popularizado entre las que residen aquí", afirma.

El doctor Serna, no obstante, coincide en la necesidad de una intensa labor divulgativa y didáctica para que las mujeres que no piensan en ser madres jóvenes tengan presente esta opción antes de que sus óvulos pierdan calidad reproductiva.

En este punto de vista también incide el doctor Salvador García Aguirre, especialista en Reproducción Asistida de la Clínica Montpellier de Zaragoza. "Me gustaría que se hicieran más congelaciones porque es un tema que aún está un poco verde en nuestra sociedad", apunta el especialista. "La vitrificación en España no está tan a la orden del día como en los países anglosajones. En Estados Unidos incluso hay empresas que financian a sus empleadas los tratamientos, porque ven que el problema del retraso de la maternidad podría llegarles en los próximos años como ya ha pasado en Europa", comenta el doctor García Aguirre aludiendo a empresas tecnológicas como Facebook, que desde 2014 ofrecen esta posibilidad a sus empleadas. "En unos meses quiero preparar un congreso en Zaragoza para tratar el tema de la preservación social porque es un tema que creo que tenemos que promocionar", anuncia.

¿Cuál es el procedimiento?

El tratamiento es sencillo y no se extiende más allá de dos semanas en un inicio. El primer paso es una estimulación ovárica. "De lo que se trata es de intentar tener el mayor número posible de óvulos en el menor tiempo posible", explica el doctor Urries. Esto se consigue dando una medicación (un aporte hormonal extra) a la paciente durante los días del ciclo menstrual. "Cuando se ha conseguido la formación de varios óvulos, se realiza una punción folicular para extraerlos y se pasa a conservarlos", añade .

Lo ideal es conservar entre 16 y 18 óvulos, para asegurar un gran porcentaje de éxito del proceso. La congelación se hace en nitrógeno líquido a -196 grados y la mujer que los conserva puede hacer uso de ellos hasta que cumpla 50 años: más allá de esa edad la ley no permite el uso de este tratamiento de fertilidad.

Una vez que la mujer decide utilizar los óvulos congelados, se procede a la fecundación y a la posterior implantación del embrión. Las posibilidades de que prospere el embarazo cuando se trata de óvulos jóvenes son muy elevadas.

¿Y el precio? Varía dependiendo de la clínica a la que se acuda, pero se pueden encontrar tratamientos completos desde los 2.000 o 2.500 euros. En algunos centros se tiene que pagar una cuota anual por la conservación de los óvulos que también varía dependiendo de la clínica: algunas incluyen en el precio total esta 'custodia' durante cuatro años y en otras se pagan entre 200 y 300 euros desde el primer año. La ley obliga a las clínicas a cobrar una cuota a las mujeres que han congelado sus óvulos porque esta es una forma de que no se 'olviden' de ellos.

Hay que señalar en este punto que, para las mujeres a las que se les ha detectado un tumor cuyo tratamiento puede afectar a su fertilidad, numerosas clínicas prestan este tratamiento de forma gratuita e incluso se les da preferencia frente a otras mujeres sin problemas de salud.

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