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Trece mujeres de matrícula de honor

Rompieron moldes al ser las primeras en matricularse en la Universidad de Zaragoza. Inquietas y brillantes, se ganaron a pulso el derecho a estudiar y abrieron camino.

María Moliner logró unas calificaciones brillantes en la Universidad de Zaragoza.
María Moliner logró unas calificaciones brillantes en la Universidad de Zaragoza.
Guillermo Mestre

Dolores de Palacio de Azara se matriculó en la Universidad de Zaragoza en 1914. La acompañaba a clase una señorita alemana, "católica", como dejó escrito en sus memorias, emigrada del Camerún. Dolores llegaba a la Facultad y esperaba en un cuartucho (el de la limpieza) a que la llevaran a su pupitre. Allí, empezaba a menudo otra historia, plagada de maestros con sorna o, en algunos casos, deliberadamente paternalistas, como el que tras una clase de Historia de España que trató del reinado de Enrique IV, se disculpó: "Señorita, perdón porque haya tenido que hablar tan crudamente estando usted. ¿No le da vergüenza hablar de estas cosas?". A lo que ella respondió: "No. El perdón debe pedírselo usted a la Beltraneja o a su madre".

Dolores hizo historia junto a otras trece ‘rosas’, audaces y brillantes, que se pusieron el mundo por montera y se matricularon en la Universidad de Zaragoza (en concreto en Filosofía y Letras, para cursar estudios de Geografía o Historia) entre 1913 y 1920. Además de Dolores, ellas fueron Áurea Javierre, María Pilar Pacareo, María Dolores Claver, María Pilar Lamarque, María Pilar Moneva, Josefa García, María Moliner, María Monzón, María Concepción Fernández, María Pilar Suñé, Ramona Mercedes Izal e Isabel Lozano.

Al menos siete de ellas, como recuerda el decano de Filosofía y Letras, Eliseo Serrano, llegaron a ser profesionales de reconocido prestigio. "Fueron excepcionales", insiste Serrano. Algunas, como MaríaMoliner (se matriculó en el curso 1918-1919) lograron un brillante expediente académico. En el de María (sobre estas líneas) se pueden leer un buen número de matrículas de honor en asignaturas de la licenciatura de Historia, como historia antigua, arqueología, historia moderna o numismática y paleografía.

Nacida en Paniza, ingresó en el cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos en 1921 y resultado de su constante labor fue el Diccionario de Uso del Español (1966), uno de los más valiosos de la lexicografía del siglo XX.

No obstante, la primera en matricularse, en 1913, fue la turolense Áurea Javierre Mur, que también logró un magnífico expediente y que llegó a ser jefa de sección e el Archivo Histórico Nacional.

Dolores de Palacio de Azara, la segunda, lo hizo en 1914. Como muchas de ellas, ya había cursado bachillerato en el instituto Francisco de Goya, y en el examen de ingreso obtuvo 17 sobresalientes (seis de ellos con matrícula de honor) y siete notables, sobre un total de 29 asignaturas.

Dolores coincidió con Áurea, que llegó desde laUniversidad de Barcelona y la recordó así en sus memorias: "Las dos teníamos que ir a la encerrona, de clase a clase". Y sobre su rutina, en concreto, detallaba: "De clase otra vez volvía la cuarto de las escobas y al terminar la jornada, vuelta a casa con la alemana, sin hablar con nadie. Y como en clase había un alumno, ya abogado, pero francés, a este, con la alemana, no podíamos ni mirarlo".La profesora de Adolfo Suárez

Hicieron carrera, a pesar de todo. Dolores, que trabajó como catedrática de instituto en Ávila, llegó a dar clase al que luego fue presidente del Gobierno, Adolfo Suárez. "Adolfo estaba muy lejos de ser uno de los mejores alumnos de la clase. Más bien, como estudiante, era mediocre, flojucho en todas las asignaturas y no solo de francés. Años más tarde me ha reconocido que le hubiera venido muy bien haber aprovechado mejor las clases", recordaba Dolores, hace años. "Pero sí tuvo siempre un don de gentes excepcional. Era educado, amable, atento, simpático... Se hacía querer. Se hacía merecedor de que le quisiéramos. Y así ha seguido siendo siempre".

Ellas empezaron a cambiar la historia, y no fue tarea de un día, ni de un año, ni de diez. La misma Dolores escribió con ironía: "Yo vivía en un mundo de hombres. Años antes, cuando estudiaba, alguien me dijo: ‘Haces bien en estudiar, porque mi mujer me pregunta si Lisboa es un cocido".

El mundo ha cambiado mucho desde entonces. Las primeras matrículas de mujeres en la Universidad de Zaragoza fueron estas, en Filosofía. En Ciencias Químicas no llegaron hasta 1919; en Medicina fue en 1922; en Derecho en 1928; en Ciencias Matemáticas en 1930 y en Ciencias Físicas en 1932.

Este curso que ya ha comenzado, la proporción de mujeres matriculadas en Filosofía y Letras ha sido del 59% (muchas más en Estudios Ingleses que en Geografía, por ejemplo); en Ingeniería son solo (todavía) el 27% y llegan hasta el 75,64% en la Facultad de Ciencias de la Salud, el 75,4% en la de Educación, el 71% en Veterinaria y el 71% de Medicina. Otro cantar son las cifras de las que alcanzan lo más alto: solo el 20% de los catedráticos son mujeres.

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