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Piqué, otro problema para Luis Enrique

Su sanción tras la roja en la frustrante Supercopa de España obligará al técnico del Barça a reflexionar sobre un sistema defensivo que ha dejado de funcionar.

Perder una Supercopa de España ante un Athletic con muchos más días de entrenamientos en las piernas, con un pico de forma muy superior al del Barça en este mes de agosto, no debería ser grave para el equipo de Luis Enrique, que en 2015 ha ganado Liga, Liga de Campeones, Copa del Rey y Supercopa de Europa. Se le ha escapado el título menor, lógicamente celebrado en Bilbao como un título mayor. Pero el propio club azulgrana creo unas expectativas tan altas hacia la posibilidad de conquistar el ‘sextete’ y, tras el 4-0 de San Mamés con muchos suplentes, vendió con tanta contundencia la posibilidad de remontar en su feudo, el Camp Nou, que quedarse sin la quinta copa del año ha sido un palo por muchos motivos. Pero el más preocupante es que el Barça, con los menos habituales o con los titulares, no fue mejor en 180 minutos que el Athletic, que el domingo espera otra vez en San Mamés en la primera jornada de Liga.

La consecuencia de la sobreexcitación del frustrado intento de remontada fue la tarjeta roja directa en el minuto 55, con 1-0, a Piqué por emitir un exabrupto insultante hacia la madre del asistente, según señaló en el acta el colegiado madrileño Velasco Carballo, el mismo al que el central catalán acusó de "expulsión premeditada" en la primera jugada de la segunda parte de un Barça-Sporting de 2012 tras una discusión en el descanso. Salvo recursos, le caerán un mínimo de cuatro partidos de sanción que cumplirá en Liga porque aquello de que las sanciones de la Supercopa de España se cumplían en la próxima Supercopa fue tan absurdo que Mourinho nunca cumplió castigo por meter el dedo en el ojo al fallecido Tito Vilanova en 2011. Meses después, antes de la de 2012, fue indultado por Villar. Piqué no tendrá tanta suerte.

Con Alba saliendo de una lesión muscular y Mathieu sancionado por acumulación de amarillas de la pasada temporada, el castigo a Piqué es de lo más inoportuno. Bartra y Vermaelen, que naufragaron en San Mamés en la ida de la Supercopa de España, pueden repetir en el mismo escenario. Peligro. Tampoco se espera la reaparición de Neymar tras sus paperas. Y Pedro está en el momento de acelerar su marcha al Manchester United o quizás al Manchester City.

El Barça llega al arranque de Liga con muy malas sensaciones físicas, y con la evidencia de que defensivamente ha perdido la solidez que le convirtió en el equipo menos goleador de la pasada temporada. Entre amistosos y partidos oficiales sale a más de dos goles encajados por partido. Una barbaridad. No es un problema exclusivo del portero, aunque Ter Stegen falló de forma alarmante en el 1-0 de San Mamés y ha parado muy poco; ni de la defensa, por mucho que Bartra haya encadenado errores de bulto y Vermaelen progrese tan despacio tras su año en blanco que no se sabe si llegará algún día. Se trata de que el equipo ha dejado de tener un sacrificio colectivo en la presión, se rompe y acaba descompuesto.

Luis Enrique no sólo tiene que despejar la incógnita de la portería (¿Bravo para todo?). También tiene que mejorar muchas cosas en poco tiempo. El mejor ejemplo es que esta semana tampoco la podrá emplear para recuperar el tiempo perdido con más entrenamientos. Vio a los jugadores cansados tras los viajes y tres partidos oficiales en seis días, motivo por el que les ha concedido fiesta hoy y mañana. Quizás sea lo que más necesita el Barça para volver a pensar en positivo: descanso y desconectar. Piqué no lo podrá hacer. Tiene tiempo para reflexionar sobre si su protesta fue excesiva.

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