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El hombre que oía demasiado

?(Matías Uribe (Jaén, 1949) es licenciado en Historia y profesor. Escribe en Heraldo de Aragón desde 1978. Fundó la revista ‘Disco Actualidad’ en 1980, pionera en la prensa especializada en España. Es autor del libro ‘Polvo, niebla, viento y rock’ (2003) y de la biografía de Héroes editada en 2007. Mantiene el blog ‘La voz de mi amo’ en Heraldo.es.

Matías, en su rincón de trabajo, escucha 'The Dark Side of the Moon', de Pink Floyd.
El hombre que oía demasiado
Guillermo Mestre

A veces, una buena confesión a pecho descubierto es el mejor de los prefacios para aventurarse en la personalidad de un coleccionista. "Durante la niñez –dice Matías Uribe– sufrí ansiedad discográfica. No tenía posibilidades económicas, ni era fácil comprar discos en los sesenta, y menos un tocadiscos. En el pueblo pasaba por la puerta de unos vecinos bien, niños de papá, que ponían su tocadiscos a todo trapo con EPs de los Rolling: se me ponían los dientes largos, como de tiburón. Lo mismo me pasaba cuando iba a casa de un amigo y veía aquel viejo pick-up y un álbum de singles al lado, con Moody Blues, Beatles, Monkeys, Mamas & The Papas… Otro amigo tenía un gran magnetofón Philips de bobina. Hacía amigos solo por los discos".

Matías tiene hoy casi 20.000 vinilos y cerca de 10.000 cedés. Los clasifica por estilos y orden alfabético. Además, tiene un mueble de madera con sus imprescindibles en formato digital, por aquello de llevárselo más fácilmente consigo en la coyuntura de una guerra bacteriológica o un tornado: el Altar, morada de sus discos de Beatles, Rolling Stones, Dylan, Springsteen, Canned Heat, Doors, Elvis, Jefferson Airplane, John Mayall, Pink Floyd, Led Zeppelin o Françoise Hardy, entre muchos otros. "Los gustos marcan la elección, pero también importa el significado de cada disco en tu vida, el momento que te trae a la mente". El crítico musical, empero, sigue encontrando pequeñas gemas cada día, que luego vuelca en su página semanal en HERALDO. The Decemberists o Iron & Wine son dos de sus grupos favoritos de los últimos años, así como una artista que le ha sorprendido con su elepé debut este mismo 2015: Courtney Barnett. "Destaqué ‘Sometimes I Sit and Think, And Sometimes I Just Sit’ hace nada. Tiene cosas de Patti Smith, PJ Harvey, Anna Calvi, The Breeders… nada nuevo, pero bien hecho".

Eclecticismo por decantación

No le gusta todo –sobre el rap no hay mucho de qué hablar con Matías, cosa ya sabida por quienes le siguen– pero tiene, lógicamente, un gusto variado, que incluye varias filias clásicas, aunque no se haya prodigado en estas lides en su carrera profesional. Su actual afección motora no le priva de seguir trabajando a velocidad de crucero en el espacio que ha acondicionado a tal efecto en casa. Con la mesa en el centro de cuatro bafles orientados hacia él y un equipo de música por componentes coronado por plato, repasa viejas querencias y sigue investigando, con el apoyo de la red.

Aquello suena como un tiro. ‘Boogie With Stu’, la minusvalorada pieza dedicada al mánager de los Stones Ian Stewart e incluida en el ‘Physical Graffitti’ (1975) de Led Zeppelin, hace temblar los cimientos de la casa mientras Matías se pregunta cómo demonios se las arregló John Bonham para hacer la percusión de arranque.

Hay varias teorías, desde una pandereta dentro de una caja de madera que pateaba el extinto ‘Bonzo’ a un efecto de guitarra del demonio Page. Está grabada con un equipo móvil que usaban los Stones en gira, y parte de la letra es de ‘Ooh My Head’, un viejo tema de Ritchie Valens; de hecho,la madre del fallecido compositor de ‘La Bamba’ recibió derechos de autor por el curioso ‘boogie’ zeppeliniano. "Oír hoy esta canción –apunta Matías– ayuda a entender lo que supuso el grupo para la música rock. Le daban a todo, siempre innovando, arriesgando, son discos, como el ‘The Dark Side of The Moon’ de Pink Floyd, que no han sido superados cuarenta años después, solamente imitados o versionados. Ojo, que hay revisiones de Led Zeppelin muy buenas, como la que hizo Gov’t Mule".

Matías no se cansa de revisar sus tesoros. En ellos se incluyen numerosas biografías de músicos, libros de composición, catálogos de exposiciones y un ejemplar muy voluminoso de la ‘All Music Guide’, que le trajo Juan Aguirre de Londres. Buscan lugar entre los discos, eso sí; El ‘Love’ de The Cult es otra de sus posesiones más apreciadas. "Yo cuido los vinilos con mimo, y sigo el consejo que me dio una vez un técnico para preservar e incluso reparar pequeños daños en los más viejos: sumergirlos en la bañera, pasarles una bayeta con agua destilada, rebajada con agua del grifo, y dejarlos secar".

Las joyas van más allá de la música y los libros. Matías atesora autógrafos nominativos de dos de las mujeres más deseadas de los años sesenta: Jane Birkin y su querida Françoise Hardy. De la Hardy tiene un disco favorito: ‘Ma Jeunesse Fout Le Camp’ (1967). Con U2 también tiene una relación casi paternal: la primera crítica española del ‘Baby’ de los irlandeses la escribió Matías en su revista ‘Disco Actualidad’, y el propio Diego A. Manrique le felicitó por descubrirle a la banda. También conserva un ejemplar del disco multimedia de Brian Eno y Pete Sinfield ‘Robert Sheckley’s In A Land Of Clear Colors’, un recitado de Sinfield –letrista de King Crimson– con música de Eno, de cuyo vinilo solamente se hicieron 1.000 copias en todo el mundo antes de que el máster fuera destruido. La de Matías es la copia número 83. "Es bonito, pero también un tostón, así que lo tengo como curiosidad", apunta.

Comprador compulsivo

El primer paso de un coleccionista para no curarse de su adicción y seguir satisfecho con las locuras cometidas en aras de su vicio es reconocerlo sin pudor. "A los 18 años, en 1968, aprobé oposiciones de Magisterio. Con mis primeros sueldos, a comprar discos. No tenía tocadiscos, pero sabía que tenía que llegar, pese a lo caros que eran, y empecé a aprovisionarme. La oportunidad surgió en el 69 con un ‘do-it-yourself’ de la firma Clarivox de Zaragoza que se vendía a piezas: lo montabas tú. Luego fiché como disc-jockey en la discoteca Lince de La Almunia, en Tarazona y en la costa mallorquina los veranos. Era el encargado de comprar los discos, y entre los viajes a Andorra y Disco-Club, una tienda que estaba en Duquesa Villahermosa, con la amabilísima dueña Araceli al frente, la colección fue creciendo de forma aceptable, comenzando por completa mi cosecha ‘beatle’, después de que el ahora popular bajo operístico Carlos Chausson me conminara a ello. Fue el inicio de todo este mar de plástico que ahora me rodea. Y no quiero olvidar toda la discografía aragonesa de los sesenta, con los Baby, Chico Valento, Rocky Kan, Gavy Sander’s, Licia, Dalda… tengo en torno al medio centenar de singles y EP’s que algún día espero radiografiar a fondo en un libro".

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