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Aragón

Riaño: efectismo figurativo

En Sala CAI Luzán, hasta el 28 de Marzo, se puede visitar "Refiguraciones", de Javier Riaño.

La vuelta a la figuración desde postulados contemporáneos es tema recurrente en la pintura. Desde la neofiguración de los años ochenta a las nuevas ornadas de artistas jóvenes donde el realismo ha ido tomando fuerzas renovadas. La pintura está reorganizando sus mecanismos representativos. Y en el caso de Javier Riaño (Ávila, 1977) esta consideración se condensa en una tensión emocional que trasmite una engañosa dimensión diletante.

Al pintor afincado en Zaragoza le conocemos por sus composiciones de paisaje urbano, donde se recortan arterias y fachadas de edificios representativos de lugares como Madrid o Zaragoza. Miradas a pie de calle o en perspectiva caballera que trasmiten el pulso de la ciudad. Pero también su interés por la figura. Retratos de marcado expresionismo, cercanos a Lucien Freud. Ahora en la presente exposición aborda ambos temas y al mismo tiempo los destruye. La figura es la protagonista como en la serie ‘Desnudos’, donde el autor prefiere la sugerencia dejando sobresalir la delineación sólo en determinadas zonas.

Un trabajo de veladuras que oculta parcialmente el significante para dejar al descubierto el aspecto psicológico de la representatividad. Los personajes se muestran serenos, guardianes de su intimidad ante la mirada del artista. Un factor que propicia visualmente la utilización de una maraña estética abstracta. Riaño utiliza todos los recursos para crear la paradoja. Una pintura que esconde lo concreto basándose en los principios básicos de forma, color, estructura y proporción.

Destaca sin embargo en el conjunto de la exposición las obras en las que las figuras mantienen una relación con su contexto como es el caso de ‘Flexible II’ y ‘Desnudo con la ventana’. Los cuerpos de espaldas de un hombre y una mujer, respectivamente, miran a través de un ventana sin horizonte en el primer caso y, abierta al paisaje urbano, en el segundo. Una actitud de aislada soledad que parece apartarles de la cercana realidad. En la obra de Javier Riaño el dibujo es el fundamento con el que construye sus composiciones en las que el color afianza su voluntad.

‘Refiguraciones’ es el título de la exposición y hace referencia a una sección individualizada en la que el artista realiza su particular revisión de obras fundamentales de la pintura barroca española, poniendo especial énfasis en el tenebrismo. Una catarsis que se sirve de la iconografía parcial pero reconocible, para intentar dotarlas de un ilusorio toque de modernidad.

Una propuesta nada novedosa que, desde planteamientos más reflexivos con confrontaciones teóricas, han presentado anteriormente nombres por ejemplo como Ángel Pascual Rodrigo o Roberto Coromina. En el caso de Javier Riaño su producción plástica se envuelve de dramatismo para dar forma a su personal trasfiguración académica. La pintura convive entre las imágenes reconocibles y el desleimiento del cromatismo, que tiene su punto álgido en el tratamiento de las luces en las que se apoya para apuntalar el efectismo.

Las obras de la exposición se presuponen realizadas en periodo reciente aunque falta un aspecto fundamental como es la datación de cada una de ellas. Además la proliferación de obras provoca un horror vacui, buscado o deformado.

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