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La nueva vida de un poblado minero

Un jubilado restaura por iniciativa propia las cuevas en las que vivían operarios de las minas de azufre de este pueblo en el siglo XX. Muchos turistas las visitan

Julián Martínez muestra la libreta con las firmas de los visitantes, en una cueva restaurada por él.
Julián Martínez muestra la libreta con las firmas de los visitantes, en una cueva restaurada por él.
M. A. m.

Hay personas que hacen las cosas solo por disfrutar y una de ellas es Julián Martínez. Este hombre de 84 años y natural de Torrebaja (Valencia) ha restaurado 14 de las más de 100 casas-cueva que todavía se conservan en el antiguo poblado minero de Libros, donde entre los años 40 y 50 del siglo pasado llegaron a vivir 2.500 habitantes.

Con su trabajo, Martínez ha querido también recuperar un pedazo de su historia personal. Cuando era niño, desde la vecina Torrebaja se desplazaba con su padre en un mulo para vender en el poblado minero verduras y frutas que cultivaba su familia. "Allí corría el dinero y había mucha alegría", recuerda. "Las fiestas eran buenísimas y el trenecillo en el que se transportaba el azufre hasta el almacén era magnífico", añade.

En 1960, casi coincidiendo con el cierre de las minas de azufre de Libros, Julián marchó a Francia en busca de oportunidades laborales, pero en cuanto se jubiló volvió a España. La nostalgia lo llevó muy pronto hasta el poblado minero, ya abandonado y con un aspecto muy distinto al que él conoció de niño. Animado por personas de su entorno, en 2004 comenzó a quitar los escombros acumulados en las casas-cueva y a realizar en ellas labores de albañilería. Luego las decoró con muebles y objetos antiguos, muchos de ellos donados por vecinos de Libros, que recrean cómo sería la vida en estos hogares bajo tierra.

Julián explica que hay cuevas que tienen hasta 4 habitaciones, si bien otras no disponen más que de dos estancias, una para cocinar y otra para dormir. "La vida no era fácil aquí, pero la gente se encontraba muy a gusto", dice. Relata que la compañía que explotaba las minas construyó apartamentos para los mineros. "Pero eran tan finas las paredes que muchos regresaron a las cuevas", afirma.

Cuenta con orgullo que cientos de personas visitan cada año sus cuevas restauradas. Para demostrarlo, abre una de las libretas que ha colocado a la entrada de estas viviendas subterráneas y muestra las dedicatorias escritas por los turistas. "Viene gente de todas las comunidades españolas y también muchos extranjeros", dice.

Hoy son colinas de pizarras horadadas y desiertas, pero hace 60 años el poblado minero de Libros bullía de actividad. "Había tiendas, carnicerías, escuela, iglesia, puesto de la Guardia Civil, barbería, hospital y hasta barrio chino", recuerda. El Ayuntamiento de Libros, que recientemente nombró a Julián hijo adoptivo de la población y le rindió un homenaje, estudia ahora la posibilidad de convertir este poblado en un recurso turístico. "En verano, todos los días está lleno de gente", señala el alcalde, Rafael Millán. No obstante, una empresa turolense ha mostrado su interés por explotar el azufre que queda en los estratos de pizarra de la montaña, una actividad que generaría 40 puestos de trabajo, muy necesarios en el territorio. "Tenemos que encontrar la forma de compatibilizar todo, pero creo que no habrá problema", agrega Millán.

Julián ha sido feliz restaurando las casas-cueva, si bien los años empiezan a pesarle. Él se encargó de subir hasta el poblado en una furgoneta el agua, los materiales y las herramientas necesarios para las tareas de albañilería. "La gente me dice: Julián, tanto esfuerzo ¿para qué?, pero ¿y lo que yo he disfrutado?".

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