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Entrevista

J. Antonio Briz: "Aragón necesita una gran firma agroindustrial que tire del carro"

El Presidente de la Asociación de Industrias de la alimentación y de innovalimen insiste en la necesidad de dimensionar el sector y defiende, como lo ha hecho desde que llegó a la organización, la urgencia de promocionar la calidad de los alimentos de la Comunidad.

José Antonio Briz, Presidente de la Asociación de Industrias de la alimentación y de innovalimen
José Antonio Briz, Presidente de la Asociación de Industrias de la alimentación y de innovalimen

Parece que la industria alimentaria, con sus inversiones, es casi la única capaz de dar buenas noticias en estos tiempos de crisis. ¿Esta sensación es real?

Es cierto que el sector está aguantando bastante bien durante los últimos tres años, pero me temo que si esto dura mucho tiempo no se va a poder mantener, porque ya hay algún indicio de peligro por la competencia que están haciendo en el mundo otros productos con precios más competitivos.

¿Cuál ha sido el arma secreta para hacer frente a la crisis?

El principal factor es que no nos hemos vuelto locos. El sector alimentario es un sector continuista, no ha habido grandes oscilaciones de precios, las empresas son históricas y su trabajo es diario y a largo plazo. No es hoy me hago rico y mañana me hundo. Ha sido también decisivo que la gente que se ha incorporado a la agroalimentación es joven, con ganas de trabajar, muy formada y manejando idiomas, que es importantísimo para salir a mercados exteriores. Hay un tercer pilar a destacar como es la internacionalización, que ha sido fundamental y nos ha ayudado a comercializar fuera lo que no podíamos vender dentro. Las empresas están consolidadas, tienen buenas estructuras, pero es cierto que, como hemos dicho muchas veces, hace falta ganar dimensión, tenemos que crecer para competir en el mundo.

Se lleva muchos años hablando de la necesidad de abordar fusiones para ganar tamaño. ¿Todavía no se han convencido las empresas de esta necesidad?

Hace año y medio creamos el cluster de la alimentación con esta perspectiva. Queríamos que en esas reuniones de empresas surgieran iniciativas, fusiones o alianzas, tanto para salir al extranjero como para innovar, porque en este mercado en el que los hábitos cambian constantemente hay que estar cada día lanzando nuevos productos. Y sí, nos estamos dando cuenta de que cada uno de nosotros solo no puede competir en el mundo global. No sé si los frutos llegarán este año o al que viene, pero tengo la convicción de que se están dando pasos.

¿Cuál ha sido el recorrido del cluster (Innovalimen) en su primer año y medio de andadura?

Ha sido un periodo didáctico, de acoplamiento. Las empresas, que son en su mayoría muy pequeñas, no tenían muy claro qué era y para qué servía un cluster. Ha sido necesaria una labor de información para que entendieran que es beneficioso, que no hay que tener miedo a exponer tus puntos de vistas porque las ideas de los demás también ayudan a resolver problemas. A partir de este 2013 hemos visto un poco la luz y ya tenemos tres proyectos en marcha.

Y esos proyectos son...

Uno es la revalorización de los productos, otro el alargamiento de la vida útil de los alimentos, fundamental para la exportación a países más lejanos, y el tercero es la internacionalización, con el que estamos intentando hacer una misión inversa con varios países del centro de Europa para que conozcan nuestra virtudes.

¿Todo este esfuerzo obtiene la recompensa del consumidor?

No, en Aragón se piensa que todo lo que viene de fuera es mejor que lo nuestro. Llevamos ocho años peleando, y no vamos a cejar en el esfuerzo, para que el consumidor reconozca los productos aragoneses, sepa que están hechos por aragoneses y que lo tenga en cuenta en sus decisiones de compra. No digo que no adquiera productos de otras zonas, sino que en igualdad de condiciones opte por productos de su propia tierra.

Y el Gobierno, ¿reconoce esta labor?

En los últimos doce años, todos los gobiernos de esta región han calificado de estratégico al sector agroalimentario, pero no tenemos un plan estratégico que diga cuáles son las directrices o cuánto se va a invertir. Es todo difuminado. Hay que reconocer que el plan Impulso incluye una partida para las empresas agroalimentarias que es un acicate importante porque de no cobrar a tener liquidez va un abismo, pero me gustaría oir decir más a menudo que el sector agroalimentario es puntero en Aragón. Yo creo que hay que potenciar aquello en lo que se es fuerte, apoyar las virtudes y hacerlas crecer exponencialmente y creo que tendríamos que tener una empresa grande, multinacional, que tirara del carro. Esa tendría que ser la gran estrategia del Gobierno, la de impulsar la creación de una empresa tractora.

¿Hay músculo en Aragón para propiciar una empresa así?

Sí, claro. En Holanda una sola cooperativa factura 4.000 millones de euros. También es posible en Aragón, donde se puede integrar la fruta, la transformación... A eso deberíamos aspirar para salir del anonimato, que ¡somos el sector desconocido!

Parece que la crisis ha descubierto las bondades de la exportación, pero hace años que la agroalimentación trabaja en los mercados internacionales.

La exportación no se hace en un día, ni en dos ni en tres. La mayoría de las empresas que ahora tienen cifras de exportación importantes empezaron hace años, mucho antes de que llegara la crisis. Y ahora estamos recogiendo los frutos de hace quince años, cuando los primeros hicieron las maletas y se fueron a vender a China, a Estados Unidos o a Japón. Pero tienen que ser cada vez más las empresas que salgan, porque si solo cuatro o cinco venden en el exterior y las demás se quedan aquí, será un gigante con los pies de barro.

¿Europa ha dejado de ser un buen cliente?

Es un mercado maduro, hay países que están teniendo problemas económicos, pero continúan siendo un mercado muy importante, nos guste o no. La entrada de nuestros productos en los países emergentes o en Estados Unidos lleva su camino, tendrá su recorrido y todos los industriales tenemos que tener puesto un ojo puesto en esos mercados, pero Europa sigue siendo mucha Europa.

La industria sigue invirtiendo, ¿cómo lo ha conseguido en un momento en el que apenas hay acceso a la financiación?

El sector agroalimentario es uno de los sectores que menos problemas ha generado a la banca y eso se nota en el acceso a la financiación bancaria. Pero también las empresas han hecho un esfuerzo enorme sacrificando beneficios para tener recursos propios con los que invertir. Hoy en día una empresa que no esté actualizada no puede subsistir. Ahora nuestro caballo de batalla es la comercialización. Tenemos calidad, producimos muy bien, pero no nos sabemos vender.

Comercialización y dimensión. Esos son los eternos puntos débiles del sector en Aragón.

Sí, tenemos que competir con empresas multinacionales y con nuestro tamaño vamos perdiendo rentabilidad, por lo tanto, o tenemos mejores costes y más altos precios o tenemos que buscar sinergias y dimensión. El coste de la factura energética también preocupa porque es un factor que nos hace ser poco competitivos. La calidad la doy por hecho, pero tendríamos que tener algo más para vender mejor y eso se llama promoción. No vendemos suficientemente bien la marca país en el sector agroalimentario. Echo de menos en España esa promoción global y de conocimiento de producto que tienen otros países.

¿Es un mensaje a las administraciones?

Antes era sobre todo crítico con la administración, pero ahora también soy crítico con el sector. Creo que los esfuerzos los tenemos que hacer en global. Las empresas tienen que convencerse de que sin promoción e innovación no se puede vender, pero las administraciones también tienen que allanar el camino para que nosotros podamos hacer el trabajo.

La agroindustria está muy en contacto con el consumidor final. ¿Se nota esa ligera recuperación de la que habla el Gobierno?

No. Hasta que no se genere empleo y no haya una ocupación mayor no se va a notar, porque sin creación del empleo va a ser muy difícil que el consumo se reanime.

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