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Terrorismo

La familia de Giménez Abad teme que no encuentren a sus asesinos

Manolo Giménez Larraz, uno de sus hijos, ha reconocido el temor de la familia a que "la presión policial y judicial sobre ETA se relaje".

Décimo aniversario de la Fundación Giménez Abad
La familia de Giménez Abad teme que encuentren a sus asesinos
ANDREA MERINO

La familia de Manuel Giménez Abad vive con el temor de que nunca llegue el momento en el que se encuentre y juzgue a los asesinos de su padre, quien murió a manos de ETA el 6 de mayo de 2001 en las calles de Zaragoza, donde le descerrajaron un tiro en presencia de su hijo pequeño, Borja.

Manuel Giménez Larraz, el hijo mayor del jurista y político asesinado, ha clausurado hoy en el Palacio de la Aljafería, sede de las Cortes de Aragón, el acto "Homenaje a la Palabra", que cada año se organiza para honrar la memoria del que era presidente del PP en mayo de 2001.

Un acto que ha servido también para celebrar el décimo aniversario de la constitución de la fundación que lleva su nombre, dedicada a los estudios parlamentarios y del estado autonómico.

El hijo de Manolo, como se han referido a él varias de las personas que han intervenido en el acto, ha recordado emocionado la figura de su padre y el día de su asesinato, cuando se disponía a cometer una "acción tan subversiva" como ir al campo de fútbol a ver un partido del Real Zaragoza, acompañado de su hijo pequeño.

Ese día, ETA se "arrogó el derecho de despreciar a los aragoneses asesinando a uno de sus representantes", a una persona que "defendía con naturalidad los valores democráticos de la sociedad que más detestan los terroristas: igualdad, libertad, pluralismo político y justicia".

El asesinato sigue sin resolverse, los asesinos siguen libres y la familia, ha reconocido Giménez Larraz, vive ahora con el temor de que la presión policial y judicial sobre ETA se relaje, al haber anunciado los terroristas el cese de sus acciones.

"Llevamos años ahogando la rabia y la impotencia" pensando en el día en el que se haga justicia y, aunque el miedo "puede ser infundado", la esposa y los hijos de Giménez Abad temen que ésta "nunca llegue".

El anuncio de la banda hecho en octubre muestra la agonía de ETA, que "no es resultado de su voluntad sino del pulso firme que durante décadas han mantenido los demócratas", que "nunca han abdicado de sus convicciones".

Aunque el anuncio del cese de sus crímenes "cambia algo las cosas", Giménez Larraz es solo "moderadamente optimista", porque la banda sigue armada, pero también se ha mostrado convencido de que ETA, un "arcaico vestigio" del pasado, no retomará nunca su actividad criminal porque los demócratas se lo impedirán.

El hijo mayor del político asesinado ha explicado a los asistentes que este año ha habido un cambio esencial en su vida, un bebé que se llama Candela y que "no podrá conocer a su abuelo".

Pero la niña, ha concluido emocionado, crecerá "respetando los valores democráticos por los que su abuelo y otras muchas personas fueron vilmente asesinados", y que encarna perfectamente la fundación que lleva su nombre.

Una fundación que ocupa un "lugar de referencia" en los estudios parlamentarios, sobre la descrentralización política, el fortalecimiento de las relaciones con Iberoamérica y el terrorismo.

Y que desde su creación, en mayo de 2002, ha desarrollado más de 200 actividades, ha editado una cuarentena de publicaciones y ha firmado alrededor de 30 convenios de colaboración, ha indicado el presidente de las Cortes de Aragón, José Ángel Biel.

Para Luis Ortega, magistrado del Tribunal Constitucional, Giménez Abad y la fundación encarnan las ideas que la violencia terrorista no ha podido destruir, a la vez que simboliza el rechazo de la sociedad aragonesa a la actuación violenta contra la vida.

También ha intervenido en el acto el secretario general del Congreso de los Diputados, Manuel Alba, para quien la fundación hace una aportación "insustituible" al sistema público y jurídico de Aragón y del conjunto de España.

Y cuyo éxito "rotundo" se debe, entre otros factores, a su "acertada mentalidad de servicio público", a la definición de uno objetivos ambiciosos y a la constancia en la persecución de sus resultados, ha agregado.

Guillermo Fatás, catedrático de Historia Antigua, ha recordado que cuando Giménez Abad fue asesinado él dirigía Heraldo de Aragón. Ese día, ha reconocido, le dejó un punto de "rencor y resentimiento" que no desea dejar de tener, sentimientos que le generan la "injusticia desmedida".

Frente a ello, los monumentos que le recuerdan (calles, puentes, las noticias de su muerte, la asistencia masiva a las manifestaciones de repulsa que se organizaron y la propia fundación) contribuyen a que su asesinato no caiga en el olvido.

Y Jorge Orrico, presidente de la Cámara de Representantes de Uruguay, ha intervenido para hacer valer el convenio que la institución que preside mantiene con la fundación para la organización de una escuela de buen gobierno, que es ejemplo de convivencia pacífica de las ideas.

Ha enfatizado, además, ante la decisión de crear esta fundación, que "uno se reconforta con la vida y se obliga a seguir luchando cuando la sociedad, ante un hecho de estas características", reacciona con amor, y no con odio".

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