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Apoteosis tecnológica

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“Lo peor de ser astronauta es que no puedes ahorcarte”, dijo una vez un veterano cosmonauta. Pero los viajes espaciales planteaban problemas mucho más serios.

A pesar de su prestigio, John Lelan abandonó abatido la reunión: habían rechazado su proyecto.

Fue imposible superar al tipo bajito y cejijunto y su extraño artefacto de barro. Un botijo, lo llamó.

El dispositivo de Lelan, construido en aleaciones ligeras, era cinco veces más resistente, ocho más ligero, ¡y cuarenta mil veces más caro!

De nada sirvió que Lelan recubriera su aparato de células solares y añadiese un diminuto sistema de refrigeración dependiente de estas. El botijo enfriaba más el agua cuanto mayor fuese el calor ambiente, no requería energía y no necesitaba periodo de pruebas, porque llevaba funcionando tres mil años en las regiones más tórridas de la tierra.

No pudo ser.

En Marte, el agua se enfriaría con un botijo de Huesca. ¿Dónde quedaría Huesca?

Nadie podía competir con aquello.

Imposible.

F. Javier Pérez Fernández

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