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El turismo rural aragonés afronta su propia crisis

La elevada oferta, el descenso de la demanda y la competencia ilegal preocupa a un sector en el que la Semana Santa no maquilla el 6% de ocupación en el mes de febrero en Aragón.

Una casa rural, en Sabiñánigo.
El turismo rural afronta su propia crisis

Ni siquiera el 85% de ocupación en Semana Santa ha mejorado las expectativas del turismo rural aragonés, que afronta una crisis interna agravada por la situación económica global. El aumento de la oferta, la disminución de la demanda y la competencia ilegal han agravado la situación de un sector que busca reinventarse para combatir unas estadísticas que cifran la ocupación del pasado mes de febrero en un preocupante 6% en Aragón.

“En 2007 había unas 800 casas rurales en la Comunidad y ahora el número asciende a 1.250. La oferta se ha duplicado, mientras la demanda ha ido a menos. La gente viaja menos y, si lo hace, reduce el número de noches”; asegura Ricardo Sánchez, director de Visitaragón, la Central de Reservas oficial del Gobierno de Aragón.

Este tipo de turismo funciona bien en Semana Santa, verano, Navidad y los fines de semana, pero durante el resto del año la actividad que genera es casi nula”, explica Sánchez, preocupado por la estacionalidad de la demanda. Una teoría que suscribe Jesús Marcos, presidente de la Asociación Aragonesa de Turismo Rural (Faratur): “No me parece alarmante que en Semana Santa no lleguemos al 100%, como ocurría antes de la crisis, sino que los fines de semana apenas lleguemos al 40 y de lunes a viernes estén vacíos todos los establecimientos”.

El sector, mientras tanto, intenta “reinventarse” y buscar nuevas fórmulas para reactivar un turismo que se encuentra en punto muerto. “Aspiramos a lograr una continuidad de la demanda a través de actividades que proporcionen un valor añadido al turismo rural y, sobre todo, de la formación de nuestros asociados”, apunta Marcos.

Por ello, los empresarios de turismo rural demandan ayudas de la administración para poder financiar la promoción del turismo rural y los cursos para empresarios, así como que el Gobierno potencie el sector con su Plan Integral de Turismo. “La única solución es profesionalizar el turismo rural, y eso pasa por la formación”, reclama Marcos, quien también preside la Asociación Española de Turismo Rural (Asetur).

La creación de paquetes turísticos que aumenten el atractivo de las casas rurales, la expansión hacia el extranjero -solo el 5% de los usuarios vienen de fuera de España- y la promoción a través de internet y las redes sociales son otros de los objetivos que persigue esta asociación.

Competencia ilegal

Otro de los problemas a los que se enfrenta el turismo rural aragonés es la competencia 'ilegal', que además de llevarse a clientes potenciales mina la credibilidad del sector. “Hay mucha gente que tenía una segunda residencia y, a raíz de la crisis, ha decidido alquilarla. El problema no es que la ofrezcan a través de internet, sino que lo vendan como turismo rural cuando no lo es”, protesta Marcos.

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