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FENOLOGIA DE INVIERNO

Las aves se protegen juntas en los dormideros

Dormidero de palomas torcaces
Dormidero de palomas torcaces
GERARDO SANTOS

En el frío de diciembre, cuando las horas de luz disminuyen, la vida vegetal se reduce al mínimo para no malgastar energías y los árboles caducifolios pierden sus hojas. A sus ramas desnudas acuden al caer la tarde, en sonoros bandos, palomas torcaces, estorninos, grajillas y otras aves, que instalan allí sus dormideros. Los mismos ejemplares que, en cuanto comience la época de celo, andarán a a la greña, disputándose los territorios y las parejas, en estas fechas no se despegan y van en pequeños grupos buscando alimento durante el día y por la noche se juntan para dormir.

Las ramas altas son un refugio frente sus predadores mamíferos, fuera de cuyo alcance se sitúan colocándose en este emplazamiento. Por otro lado, la formación de grupos contribuye a la función de termorregulación que buscan estas especies en las duras noches de invierno: todas juntan pueden darse calor unas a otras. Estando en grupo, desarrollan la vigilancia de manera compartida, con menos esfuerzo y más seguridad: cuantos más individuos, más ojos vigilantes y más posibilidades de que alguien dé la alerta. Por otra parte, al aparecer formando grandes comunidades disminuye las probabilidades de ser la presa cazada, que se diluyen en las altas cifras de pájaron concentrados. En términos generales, hasta las aves más solitarias buscan compañía a la hora de dormir.

Es común verlas ahora en los núcleos urbanos, donde el calor de las ciudades les ofrece un hábitat más confortable. Sobre las ocho de la mañana salen a buscar alimento hacia los campos, que pueden encontrarse a kilómetros de distancia, en grupos más pequeños de 6 u 8 individuos. Cuando el sol comienza a ponerse en horizonte, van entrando en bandos en sus dormideros para descansar.

LA CARTUJA Y VALDEFIERRO

Es un espectáculo de la naturaleza que los hábitos urbanos que comienzan a tener estas aves permiten disfrutar a los ciudadanos sin necesidad de desplazarnos. En el galacho de La Cartuja se juntan 200 o 300 aves para descansar en sus árboles. Más cerca aún, en el barrio de Valdefierro, justo enfrente de un centro comercial, puede observarse un enorme dormidero de palomas torcaces, estorninos, grajillas y lavanderas blancas.

En él, como en todos los dormideros, se juntan los ejemplares sedentarios con aquellos que han llegado en su migración invernal desde el centro y el norte de Europa. Las olas de frío que se están dando en el continente hacen que sigan viniendo aves. Así, pese a encontrarnos en diciembre, todavía es posible ver grullas surcando los cielos aragoneses. Las corrientes térmicas que se crean en la atmósfera con los contrastes de temperatura les facilitan su vuelo.

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