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Aragón

MIGUEL DELIBES DE CASTRO EN ZARAGOZA

"El lince aún no está salvado"

"Si con el lince, al que hemos estudiado y cuidamos tanto, aún no hemos conseguido salvarlo, ¿qué no pasará con las especies y los ecosistemas que no atendemos?", reflexionó el biólogo Miguel Delibes de Castro, que fue durante años director de la estación biológica de Doñana.

Miguel Delibes de Castro, en La Aljafería
Miguel Delibes de Castro
JAVIER BELVER

El biólogo Miguel Delibes de Castro estuvo en Zaragoza, como invitado en el ciclo de Conversaciones en La Aljafería, que organiza la Mesa de las Cortes de Aragón. El que fuera durante muchos años director de la estación biológica de Doñana participó en una conversación con el ecológo Francisco Comín, investigador del Instituto Pirenaico de Ecología-CSIC.

En una Sala Goya en la que no quedaba un asiento libre, Delibes habló de naturaleza y ciencia y afirmó que "el lince aún no está salvado". Ante un auditorio muy atento explicó que "conservar el lince no salvará el medio ambiente, pero estas especies insignia actúan como abanderados". "Si con el lince, al que hemos estudiado y cuidamos tanto, aún no hemos conseguido salvarlo, ¿qué no pasará con las especies y los ecosistemas que no atendemos?", reflexionó.

"De los años sesenta a los ochenta, la población pasó de 5.000 a 1.000 linces, y en el año 2000, quedaban 200. Es decir, la población se reducía al 25% cada 20 años. Hemos conseguido frenarlo, ahora tenemos unos doscientos y pico, pero siguen siendo pocos para asegurar la salvación de la especie", según Miguel Delibes de Castro.

Para el biólogo, los problemas para la conservación de biodiversidad vienen sobre todo de la desaparición de hábitats. "Los linces que estaban en el parque se han tenido que ir a una zona de reforestación de pinos que aun conservan el tamaño del matorral, pero, cuando crezcan, no podrán seguir allí ¿dónde irán?", se preguntaba este investigador que ha liderado la investigación y conservación de este felino que, de extinguirse sería el primero que desaparecería en los últimos 10.000 años. "Hemos conseguido que criara en cautividad, pero son animales muy consanguíneos, lo que afecta a su sistema inmune", afirmó.

Pese a frenar la pérdida de población, "si se produjese un gran incendio que afectara a Sierra Morena, a Jaén y Córdoba, acabaría con el 75% de los linces que existen, pues están en muy pocas hectáreas", advirtió. "Ahora que contamos con una población un poco mayor, hemos estado intentado encontrar espacios en Castilla La Mancha o en Extremadura, pero es que para 20 ejemplares de lince necesitamos 10.000 hectáreas. De momento, no ha sido posible encontrarlas", lamentó el biólogo.

RECUPERAR LOS HÁBITATS

Comín recordó en este momento la "fragmentación de hábitats que ha traído el crecimiento y los cambios en los ciclos biogeoquímicos, con consecuencias como la contaminación, que nos han pasado por delante en los últimos 30 años sin que hayamos sabido frenarlo".

Estas palabras pusieron sobre la mesa uno de los paradigmas de las estrategias de conservación: ¿es lo mejor declarar espacios protegidos y concentrar allí los esfuerzos en mantener las poblaciones de fauna y flora y arriesgarnos a perderlas si estos lugares sufren algún daño? Al hilo de estas reflexiones, Francisco Comín proponía "hacer lo que hacemos en Ecología para restaurar ambientes, que es cambiar de escala; en este caso a una mayor: pensar en conservar el máximo de territorio posible aunque no sea espacio protegido, acabar con la fragmentación de hábitats y reducir la contaminación".

Quizá la solución será no excluir ninguna línea de conservación: disminuir la presión humana sobre el medio ambiente, conservar los hábitats y mantener los planes de recuperación de especies. "El lince es uno de los casos en los que estoy moderadamente contento de cómo ha funcionado la ciencia", afirmó Delibes, quien se sumó a la opinión de otros expertos del público respecto a que "el medio ambiente no deber transmitir una idea pesimista de que todo va mal, hay que decir que, si se lucha, se obtienen resultados", dijo.

Delibes recordó otra experiencia vivida en primera persona: el vertido de Aznalcóllar. "En esta ocasión se hizo caso a los científicos y se trabajó bien; el problema es que la ciencia no da nunca certidumbres y eso se comparece mal con los políticos que te piden una solución infalible o con los periodistas que quieren un titular o una declaración en veinte segundos para el telediario", afirmó.

EL DESCUBRIMIENTO ARAGONÉS

La visita a las Cortes deparaba a Miguel Delibes de Castro un descubrimiento: el Palacio de la Aljafería que, confesó, no conocía y le dejó "deslumbrado". El primogénito del escritor Miguel Delibes recordaba que "mis hermanos y yo hemos venido a Aragón con mi padre desde pequeños, pero hacíamos las visitas más conocidas: el Pilar o el Monasterio de Piedra". Reconoció una deuda especial: "Teruel es la única capital española de provincia en la que no he estado, pero voy a ir", aseguró. Reveló ante el auditorio que "hice la tesis sobre el lince por casualidad", después sus primeras investigaciones fueron para la jineta, una especie de la que le sigue quitando el sueño cómo llegó a Europa, algo que la ciencia todavía no ha descubierto.

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