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COMARCAS

Las intensas lluvias dañan las cerezas de Caspe y Valdejalón

Los perjuicios son mayores para los pequeños agricultores, que en algunos casos han llegado a perder toda la producción, al rajarse el fruto a causa de las precipitaciones.

Incertidumbre. Esta es la palabra más utilizada en las zonas de Caspe y de Valdejalón para la campaña de la cereza, un año que prometía una cosecha excelente y que se ha visto truncada por las persistentes lluvias de este mes de mayo. Pese a ello, es todavía muy temprano para hacer una valoración de los daños, ya que hay que esperar a ver cómo evoluciona el fruto.

Los perjuicios han sido muy desiguales, aunque por lo general ha sido el pequeño agricultor el que más ha sufrido, al depender de muy pocas variedades y, en su mayoría, de frutificación muy temprana. Las lluvias llegaron en el peor momento, y esto, unido al hecho de que estas variedades tempranas son muy sensibles -se rajan con facilidad por la delgadez de la piel- ha provocado pérdidas de hasta el 100% en pequeñas fincas. Pese a ello, la media no es de momento tan desastrosa: entre el 40 y 50% de esta primera cosecha.

Otra situación se da en grandes fincas con numerosas variedades de cereza, desde las más tempranas de mediados de abril hasta las más tardanas, que maduran a finales de junio. La misma diversificación ha hecho que el daño no sea aparentemente tan grande. En la comarca caspolina, se había recolectado el 25% de la primera cereza cuando se iniciaron las precipitaciones, y las últimas todavía no estaban en el punto de maduración para que les afectara el agua. Aun así, en algunas de las grandes fincas, como La Herradura, se habla de una pérdida a fecha de hoy de entre el 20 y el 25%.

En La Almunia, esto ha pasado para entre el 60 y el 100% de la cereza Burlat, que comenzó a recolectarse hace dos semanas. En muchos casos, no resulta rentable recoger el poco fruto que queda sano en el árbol. "Tenemos que ir mirando cada cereza que echamos a la caja y no cunde nada", explicó un agricultor de la cabecera de Valdejalón.

La mermelada, única salida

La única salida de la fruta rajada es su uso industrial para mermelada, pero se paga a unos 0,18 euros el kilo, mientras que la que se vende en el mercado, según avanzó la semana pasada el sindicato UAGA, estaba a 1,80 euros. El rajado de la fruta se produce en un momento concreto de su proceso de maduración, si la lluvia coincide con el momento en que cambia de color. Entonces, la cereza absorbe el agua por la piel y revienta.

En cuanto a la repercusión de trabajo tras los acontecimientos meteorológicos, hay dos caras. Por una parte, la del pequeño propietario, que ha perdido la cosecha y, por tanto, la posibilidad de ofrecer trabajo. Y, por otra, la de las grandes fincas con diversificación de cultivos, desde la cereza en abril hasta el melocotón de Calanda en octubre. Estas últimas fincas reducen algo el número de trabajadores, aunque no resulta especialmente significativo.

En algunas cooperativas y sociedades agrarias de transformación en Valdejalón, las optimistas previsiones iniciales se han reducido notablemente, y las pérdidas también han afectado a las contrataciones. "Otras campañas, el movimiento de solicitudes de personal en condiciones normales ya se había iniciado, y este año va con un poco más de retraso. Todavía son muy pocas las peticiones que nos han llegado para trabajadores que puedan hacerlo de inmediato", indicó Agustín Sánchez, encargado de la oficina de la Asociación de Empresarios de la Margen Derecha del Ebro, que tiene su sede en La Almunia.

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