en colaboración con ita zaragoza
Cómo tratar un TCA: "Es la punta del iceberg y debajo siempre hay cosas sin resolver"
En el centro Ita Zaragoza ofrecen un tratamiento multidisciplinar y personalizado. Para Eugenia, paciente que estuvo en tratamiento en el centro, el apoyo familiar y la terapia de grupo son claves para superar estos trastornos.
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Según un informe del Instituto Aragonés de la Juventud y la asociación Arbada, hasta un 27% de los adolescentes aragoneses presentan conductas de riesgo para sufrir trastornos alimentarios, una dolencia que se estima que ya padecen unas 7.000 personas en la Comunidad. La anorexia y la bulimia, el trastorno por atracón, el trastorno evitativo o restrictivo son los diagnósticos para un problema "que no se reduce a la comida o al cuerpo, sino que reflejan un desequilibrio psicológico profundo, a menudo relacionado con la autoimagen, el control, la regulación emocional y la autoestima".
Así lo explica Laura Andreu, directora del centro de salud mental Ita Zaragoza, quien indica que los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) "emergen en un terreno vulnerable. Se producen por la interacción compleja de varios factores, no existen un único desencadenante universal". Entre ellos, los principales son los cambios vitales o transiciones, como puede ser la pubertad, una pérdida familiar, el inicio de la universidad; las críticas o comentarios relacionados con el cuerpo; las dietas restrictivas o pérdidas de peso, voluntarias o no; haber sufrido un trauma psicológico; los ambientes con alta presión estética o deportiva o las redes sociales y medios, que perpetúan ideales estéticos inalcanzables. A ellos se añaden factores predisponentes, como la vulnerabilidad biológica; los rasgos de personalidad, como el perfeccionismo o la obsesividad; los estilos de apego o las dinámicas familiares disfuncionales. El refuerzo social, la regulación emocional o la alteración cognitiva persistente en la percepción del cuerpo y el valor personal completan el peligroso cóctel de este tipo de enfermedades.
De ellos sabe bien Eugenia, una joven de 32 años que trató su TCA en este centro zaragozano. Empezó el tratamiento en 2015, con 22 años, y recibió el alta en 2022, con 29. "Desde pequeña era bastante insegura. Siempre había compañeras más guapas y dicharacheras, no era de las guays ni nadie tenia especial interés en mí, en la universidad tampoco destacaba en nada y sentía la tristeza más grande del mundo... Pero en todos mis grupos era la delgada, así que mi mente se aferró a eso y de ahí creció la obsesión por mantener el físico e incluso adelgazar más. Pensaba en ello 24/7, lo que había comido, lo que iba a comer, cómo compensar todo lo que comía, cómo mentir para que nadie se diera cuenta…", relata. Decidió ir al psicólogo para tratar esa pena y ansiedad vital, pero fue tras un episodio en el que un familiar le señaló lo bien que había comido cuando contó lo que ocurría de verdad. "Se lo conté a la psicóloga y enseguida me derivó a Ita Zaragoza. También era el momento de contárselo a mis padres: les hablé de mi pena, de la ansiedad, del sinsentido de vivir… En mi casa algo de salud mental ya se había hablado, pero el TCA era un concepto nuevo, muy difícil de explicar para mí. Pero aceptaron mi grito de ayuda y me dijeron que si había que ir a Ita pues adelante, me apoyaban", explica.

Cómo tratar un TCA
En Ita Zaragoza ofrecen un tratamiento basado en un enfoque multidisciplinar e integrador, "con un modelo de atención que se centra en la persona, no en el diagnóstico; y que se adapta a la vivencia y necesidades de cada persona", explica Laura Andreu. Para ello, cuentan con un equipo interdisciplinar, compuesto por psicólogos, psiquiatras, médicos, nutricionistas y psicopedagogos, quienes trabajan de manera coordinada. Existen además diferentes modalidades de intervención, con consultas externas, para casos de menor gravedad o seguimiento tras tratamientos intensivos; hospital de día, con atención intensiva durante la jornada y retorno al domicilio por la noche, manteniendo actividades personales o académicas; u hospitalización total, para casos de riesgo vital o TCA de especial gravedad y resistencia.
En Ita Zaragoza ofrecen un tratamiento basado en un enfoque multidisciplinar e integrador, con un modelo de atención que se centra en cada persona
Para Eugenia, la confianza en los profesionales del centro fue un pilar clave en su recuperación. "Al principio todo es nuevo, hay mucho que aprender y muchas pautas que seguir, por lo que la confianza y el compromiso son claves, -explica-. Con mi terapeuta creamos un vínculo de confianza muy fuerte. Ella me prometió un tratamiento, una mano que me iba a ayudar. Pero yo tenía que dejarme guiar por sus pautas. Cuando pones límites a la enfermedad, esta se empieza a rebelar, y si haces tus cinco comidas al día, prepárate para encontrarte fatal del todo. Entonces no ves mejoría, y solo piensas que vas a engordar y que no va a haber nada más. Ahí es cuando entra la confianza, el dejarse guiar, seguir hacia adelante porque te han dicho que habrá algo mejor después."
Otro de los puntos fuertes del tratamiento es la terapia de grupo: "La relación con el grupo es muy fuerte, es un compromiso de cuidado mutuo, de honestidad, sinceridad y confianza. Hacíamos terapia en grupo, pero fuera del centro también hacíamos quedadas y nos llamábamos por teléfono para pedir ayuda. Dispones de una red muy amplia para contactar en caso de necesitar ayuda cuando te encuentras mal, y también aprendes a cuidar y a que te cuiden. Era un sitio seguro en el que si te encontrabas mal podías pedir ayuda enseguida a cualquier compañera, y así trabajábamos nuestros miedos a la comida en entornos controlados", relata Eugenia. Junto a las asambleas y trabajo colectivo, en Ita Zaragoza ofrecen también de otro tipo de terapias y talleres complementarios, donde se trabaja la imagen, la nutrición, el vínculo y la familia, las subpersonalidades, el mindfulness o la sexualidad, entre otras cuestiones.
El papel de la familia
Los TCA no afectan únicamente a la persona, sino que impactan en todo su entorno, especialmente el sistema familiar. Por eso, "la inclusión activa de la familia es fundamental para una recuperación sostenible", explica la directora de Ita Zaragoza. Para la profesional, el acompañamiento familiar mejora la adherencia al tratamiento, la dinámica afectiva intrafamiliar y reduce la angustia y culpabilidad de la persona que padece un TCA. A través de talleres y terapias multifamiliares, todos los miembros "comprenden que se trata de una enfermedad mental compleja, no un capricho; y aprenden a detectar señales de alerta, manejar situaciones de crisis o identificar patrones que refuerzan el trastorno. También se promueve la comunicación saludable, se trabajan habilidades para expresar emociones, necesidades y límites sin juicios ni reproches y se ofrece apoyo en la restauración nutricional, pues la familia es clave para estructurar las comidas y sostener la motivación".
En este sentido, Eugenia agradece el respaldo recibido dentro de casa: "Tu familia quiere lo mejor para ti, y tu solo quieres que te dejen libre y en paz. Por lo tanto se crean diferentes dinámicas de comportamiento con los diferentes miembros y cuando llegas al tratamiento descubres que todo eso también ha influenciado en tu manera de ser y que quizá hay cosas que hay que trabajar para mejorar la relación. Un TCA es la punta del iceberg y debajo siempre hay cosas sin resolver. Una familia comprometida y abierta al cambio, a la autocrítica, es una familia que va a ayudar a avanzar en el tratamiento", apunta.
"No tienes un TCA por elección y no es nada de lo que avergonzarse, es una enfermedad y todos merecemos poder pedir ayuda para superarlo"
Tras "escarbar" en esa punta del iceberg que es el TCA y sus síntomas, la joven confiesa cómo ha cambiado su vida gracias al tratamiento: "He encontrado mi lugar en mi misma y en mi mundo, Sigo teniendo miedo al futuro, a lo desconocido, a estar sola, a que no me quieran. Pero sé hasta dónde darles espacio a esos miedos, sé que aun así puedo estar conmigo misma y que tengo las herramientas para seguir adelante. Te dan el alta porque tienes una mochila llena de herramientas que tú te has trabajado para enfrentarte a aquello que vendrá, porque sigues teniendo tus cosas y tienes que saber cómo hacer frente a eso sin acabar volviendo al TCA", explica. Y lanza un consejo para todas aquellas personas que sufren un trastorno de estas características y tienen miedo a pedir ayuda: "No tienes un TCA por elección y no es nada de lo que avergonzarse, es una enfermedad y todos/as merecemos poder pedir ayuda para superarlo. Al principio da miedo porque todo cambia, no ves lo positivo y crees que no te va a quedar nada. Confía, porque en algún punto verás la luz", concluye.