II Congreso Nacional de Educación STEAM
Sara García Alonso, astronauta: "A través de las carreras Steam puedes mejorar el mundo y ser muy feliz"
La reconocida científica participará en el II Congreso Nacional de Educación STEAM que se celebra del 2 al 7 de febrero en el edificio Etopia de Zaragoza, cuya entrada es gratuita y requiere de inscripción previa en la web congresosteam.com
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Misión Nasa Space: Cuenta atrás hacia el futuro es el título de la intervención de Sara García, el próximo 5 de febrero a las 11.00, en el marco del II Congreso Nacional de Educación Steam. Es posible inscribirse gratuitamente y consultar toda la programación en congresosteam.com
Participa en el congreso Steam de Zaragoza, ¿cuáles son sus expectativas?
Entiendo que la gente que va a asistir comparte esa curiosidad por la ciencia, por la tecnología, por la innovación, que es un poco lo que a mí me caracteriza desde que era pequeña. Les voy a contar precisamente cómo las carreras Steam han formado parte de mi vida desde que era una niña pequeña, cuando ni siquiera sabía a qué quería dedicarme cuando fuera mayor. Y cómo toda mi trayectoria como investigadora oncológica y, ahora ,como astronauta de la Agencia Espacial Europea gira en torno a esas ganas de utilizar la ciencia y la tecnología para mejorar el mundo que nos rodea. Me gustaría que vieran que a través de este tipo de carreras se puede mejorar el mundo, se puede ser tremendamente feliz.
Durante su intervención en el congreso los propios estudiantes tendrán oportunidad de entrevistarla, ¿qué cree que le preguntarán?
Me han hecho muchas entrevistas, pero admito que las preguntas de los niños suelen ser las más difíciles, las que más me sorprenden. Suelen ser de todo tipo, desde curiosidades científicas hasta acerca de ciertos miedos o preocupaciones que ellos pueden tener de cara a cómo enfrentar su futuro. Me encantan, me gusta improvisar.
En su experiencia como divulgadora, ¿recuerda alguna pregunta que le llamara especialmente la atención?
Sí, una niña que me preguntó que cómo hacía para no ser la rara. Y yo le dije que siempre he sido la rara y que a mí me ha hecho muy feliz ser diferente y tener mi propia personalidad.
¿Tenía clara su vocación de pequeña?
Sí, mi curiosidad más bien. Me gustaba todo: la ingeniería, las matemáticas, la física, la biología... Entonces no tenía claro que quería ser una investigadora oncológica o una astronauta, pero sí sabía que me atraía la ciencia y la tecnología y que avanzar en ese conocimiento me servía para hacer del mundo un lugar mejor.
Investigadora y astronauta, ¿una cosa le llevó a la otra?
Sí, para mí todo gira en torno a lo mismo, que es esa curiosidad que comentaba. Quería trabajar en proyectos científicos y valerme del desarrollo tecnológico que nos permite llegar cada vez más lejos. Quería trabajar en ambientes multiculturales y multidisciplinares y esas características las tiene tanto el trabajo de de investigadora, en este caso en un laboratorio, como la exploración espacial.
¿Ha sentido la brecha de género en su trayectoria profesional?
No, tanto en mi carrera en biotecnología como en los laboratorios donde he estado siempre ha habido muchísimas mujeres. Es verdad que no veía tantas en puestos directivos, en cátedras... En el proceso de selección de astronautas, de los 23.000 aspirantes, el 25 % también éramos mujeres.
Pero, quizá, siguen siendo pocas las mujeres referentes, ¿no cree?
El problema es que el talento femenino siempre ha existido, pero ha estado muy invisibilizado. Cuando eres una niña y ves que en tu entorno no hay muchos ejemplos de mujeres mecánicas, ingenieras, astronautas, físicas, etc., a lo mejor piensas que ese no es un lugar adecuado para ti.
¿Cuáles son sus planes a corto plazo?
Mi trabajo principal sigue siendo el de investigadora oncológica, tengo mi propio grupo en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, que compagino con la formación básica de astronautas. El último bloque del entrenamiento lo haré ahora en 2026 y ya estaría preparada para una misión científica.
Es fácil identificar el sector aeroespacial con lo que hemos visto en las películas de ciencia ficción, ¿suscribe este desconocimiento de su realidad?
Sí, pero es que el sector aerospacial está mucho más cerca. Todos y cada uno de nosotros utilizamos todos los días de media cuarenta satélites. Simplemente usar el teléfono móvil necesita del espacio o decidir si tengo que coger paraguas o no, o sacar dinero de un cajero. Detrás de de esa parte tan visible que son los astronautas, hay miles de profesionales, ingenieros, matemáticos, físicos, mecánicos.
Es clave la divulgación en este sentido.
Claro, no solamente decir, «mira, esta mujer que se llama fulanita de tal es ingeniera», sino contar en qué consiste su trabajo. Lo vemos todo muy abstracto, pero luego se manifiesta en realidades que utilizamos todos los días. Por eso hay que enseñar a los niños estas carreras y en qué se pueden traducir, como programar un algoritmo para un videojuego, que lo hace un ingeniero, o arreglar el motor de un coche de carreras, darles ejemplos reales. Creo que es la mejor manera de inspirarles y de animarles a perseguir este tipo de carreras.
Ese es el objetivo del congreso que arranca el 2 de febrero en Zaragoza.
Por eso me parece que congresos como este son esenciales, porque les acercas a los niños y niñas algo que les puede parecer ajeno, con talleres en los que puedan participar, con experimentos científicos y con voces más cercanas para que vean la ciencia y la tecnología como algo accesible, bonito y con lo que pueden mejorar la vida de los demás, divertirse muchísimo y crecer como profesionales.
¿Ha estado en Zaragoza alguna vez?
Sí, en varias ocasiones. Me encanta esta ciudad, así que cuando tengo una excusa me escapo porque me gusta muchísimo.