en colaboración con clínicas cres
Primavera y articulaciones: por qué al movernos más reaparece el dolor y qué podemos hacer para prevenirlo
Las rodillas y caderas son las articulaciones que más sufren este cambio de ritmo, y un enfoque integral puede marcar la diferencia en su evolución.
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Con la llegada de la primavera cambian muchas rutinas. Los días se alargan, el tiempo invita a caminar más, volver al deporte o retomar actividades al aire libre que durante el invierno quedaron aparcadas. Sin embargo, este aumento de movimiento también trae consigo un fenómeno frecuente en consulta: la reaparición —o el aumento— del dolor articular.
Rodillas que vuelven a molestar al subir escaleras, caderas rígidas tras paseos más largos de lo habitual o tobillos que se inflaman después de una actividad que meses atrás no suponía ningún problema. No se trata de una coincidencia estacional, sino del resultado de una combinación de factores biomecánicos y metabólicos.
Más movimiento, más exigencia para la articulación
El doctor Carlos Jarabo, director médico de Clínicas Cres, cuenta que durante el invierno muchas personas reducen su nivel de actividad física. Aunque no siempre somos conscientes, esa disminución de movimiento suele traducirse en pérdida de fuerza y masa muscular, menor estabilidad articular y aumento de rigidez. Los músculos actúan como “tensores naturales” de las articulaciones: cuando está más débil, la articulación soporta una parte mayor del esfuerzo y se siente más inestable.
Cuando en primavera se retoma la actividad con más intensidad —más pasos diarios, más deporte o salidas más largas— la articulación recibe una carga superior para la que quizá ya no estaba preparada. Si existe un desgaste previo, aunque sea leve, o un proceso inflamatorio de baja intensidad, el dolor puede reaparecer.

Las articulaciones de carga, especialmente tobillos, rodillas y caderas, suelen ser las más sensibles a este cambio brusco de demanda.
No todas las molestias primaverales indican un problema importante. En ocasiones se trata de una fase de adaptación: el cuerpo vuelve a “ponerse al día” tras meses de menor movimiento. Aun así, conviene prestar atención cuando el dolor se repite, se acompaña de inflamación frecuente, limita actividades o no mejora en pocas semanas. En esos casos, una valoración especializada puede evitar que un aviso se convierta en un problema crónico.
El peso, un factor determinante que muchas veces se infravalora
Uno de los elementos más decisivos en el dolor articular es el peso corporal. No solo por la carga mecánica directa —cada kilo extra incrementa la presión sobre la rodilla al caminar y, especialmente, al subir y bajar escaleras—, sino también por el componente inflamatorio que suele acompañar al exceso de grasa corporal.
Hoy se sabe que el tejido adiposo no es solo un almacén de energía: es metabólicamente activo y puede favorecer un estado de inflamación de bajo grado. Ese entorno inflamatorio sostenido puede aumentar la sensibilidad al dolor y, en algunas personas, contribuir a la progresión del desgaste articular.

Por eso, cuando el objetivo es proteger o mejorar una articulación, reducir peso no es solo una cuestión estética: es una intervención con impacto clínico.
No todas las personas aumentan peso por la misma razón
Aquí es donde el enfoque individual cobra importancia. Llega el buen tiempo, y todos queremos quitarnos unos kilos de más acumulados a lo largo del invierno, pero no todos los pacientes ganan peso por los mismos motivos ni responden igual a las mismas dietas. En muchos casos intervienen factores como:
- Desajustes hormonales.
- Desequilibrios en la microbiota intestinal.
- Predisposición genética.
- Resistencia a la insulina.
- Estrés mantenido y alteraciones del sueño.
- O un metabolismo que se ha ido adaptando a años de dietas restrictivas.
Abordar el dolor articular sin tener en cuenta estos elementos puede limitar los resultados, porque el objetivo no es solo “bajar kilos”, sino corregir el contexto que favorece la inflamación y la sobrecarga articular, recuperar la energía y mejorar la calidad de vida.
Medicina regenerativa: apoyo cuando existe daño estructural
Cuando el dolor ya está presente y existe desgaste estructural, artrosis diagnosticada o lesiones deportivas, la medicina regenerativa se posiciona como una alternativa a tener en cuenta en el tratamiento de la lesión. En términos divulgativos, la medicina regenerativa busca modular la inflamación local y favorecer un entorno biológico más favorable para el tejido dañado, con el objetivo de reducir el dolor y mejorar la funcionalidad de la articulación.
Se trata de tratamientos en los que se emplea el propio material biológico del paciente;
- Tratamiento personalizado a tu diagnóstico.
- Con tu propio material biológico.
- Sin ingreso hospitalario.
- Sin los riesgos de una cirugía mayor.
Eso sí: los mejores resultados suelen llegar cuando el abordaje es global. Control del peso, fortalecimiento muscular gracias al deporte y la fisioterapia, corrección de hábitos y el tratamiento indicado según diagnóstico forman un conjunto.
Primavera como punto de inflexión
La primavera puede convertirse en un momento clave para las articulaciones. Es la estación en la que el cuerpo muestra con claridad si está preparado para el nivel de actividad que queremos llevar.
Escuchar esas señales, ajustar el peso corporal cuando sea necesario y buscar una valoración especializada si el dolor persiste puede marcar la diferencia entre un simple aviso y un problema de largo recorrido.
Cuidar las articulaciones no significa dejar de moverse. Significa moverse mejor: con progresión, con fuerza, con menos carga innecesaria y con un enfoque integral que tenga en cuenta tanto la biomecánica como el metabolismo.
Puedes ampliar información en la Clínica Cres Zaragoza, en la calle María Lostal 27, en el teléfono 976 483 553 o a través de su web.