
La paradoja de una profesión estratégica
un 23,4% en dos años. La falta de vocaciones, las dificultades para completar los estudios y el desajuste entre los perfiles disponibles y los que demandan las empresas complican el futuro del sector de la ingeniería en Aragón.
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Aragón quiere crecer industrialmente, atraer inversiones, avanzar en la transición energética y consolidarse como un territorio de referencia en el desarrollo tecnológico. Para conseguirlo necesita ingenieros. Muchos ingenieros. Sin embargo, el mercado laboral ofrece una imagen que, a primera vista, parece contradecir esa necesidad: mientras los colegios profesionales advierten de la escasez de titulados para atender las demandas del tejido productivo, las contrataciones de estos profesionales han retrocedido de forma significativa en los últimos años. Una paradoja que obliga a mirar más allá de las cifras para entender qué está ocurriendo en una de las profesiones llamadas a desempeñar un papel fundamental en el futuro económico de la comunidad.
Los datos presentados en una jornada organizada por la Cámara de Comercio de Zaragoza el pasado mes de abril permiten dimensionar esta contradicción. En 2023 se contrataron en Aragón 1.980 profesionales de la ingeniería; en 2024, la cifra descendió a 1.723, y en 2025 se situó en 1.461, según el análisis presentado en el encuentro. En apenas dos años, el número de contrataciones se redujo un 23,4%, lo que supone 519 incorporaciones menos.
Talento y mercado
¿Cómo puede una comunidad que necesita más talento técnico estar incorporando cada vez menos profesionales al mercado laboral? La respuesta no es sencilla. La ingeniería aragonesa se encuentra ante un problema que combina la evolución de la actividad empresarial, las dificultades para formar nuevos titulados, el relevo generacional y la necesidad de ajustar las competencias profesionales a las demandas de una economía en transformación. La preocupación del sector va más allá de la evolución coyuntural de las contrataciones. Los colegios profesionales estiman que Aragón necesita entre 200 y 300 ingenieros más al año de los que se gradúan actualmente para atender las necesidades de su tejido productivo.
La disponibilidad de profesionales cualificados puede convertirse así en un factor determinante para materializar inversiones y sostener el crecimiento. No basta con atraer empresas o poner en marcha nuevos proyectos: también es necesario disponer de las personas capaces de diseñarlos, desarrollarlos y mantenerlos.
Esta cuestión adquiere especial relevancia en Aragón, donde la industria constituye uno de los pilares de la economía y las nuevas actividades tecnológicas amplían las posibilidades de desarrollo. La ingeniería industrial, la eléctrica, la electrónica, la automática, la informática y la energética ofrecen oportunidades en ámbitos que van desde la fabricación y la robótica hasta las energías renovables, la investigación y los centros de datos.
Sin embargo, que existan perspectivas de crecimiento no significa que todas las especialidades registren la misma demanda ni que las empresas estén contratando al mismo ritmo. De hecho, uno de los aspectos destacados en la jornada de la Cámara de Comercio es la concentración del empleo: el 85% de las contrataciones analizadas corresponde a doce especialidades y casi la mitad se agrupa en tres perfiles relacionados con la producción industrial.
Una profesión con futuro
La fotografía del empleo presenta otros dos desequilibrios relevantes: la edad de los profesionales contratados y la desigualdad entre hombres y mujeres. El análisis presentado en la Cámara de Comercio señala que el 80% de las contrataciones se concentra en personas de entre 25 y 44 años, mientras que Zaragoza reúne aproximadamente el 80% de las oportunidades laborales estudiadas. Esta concentración territorial plantea el reto de facilitar que las empresas de Huesca y Teruel también encuentren los perfiles técnicos que necesitan y que los profesionales cualificados puedan desarrollar su carrera en el conjunto de Aragón.
La brecha de género constituye otra asignatura pendiente. Por cada mujer contratada en las ocupaciones analizadas se incorporan tres hombres. Además, las mujeres representan alrededor del 26% del alumnado de las ramas de Ingeniería y Arquitectura, según los datos difundidos en la jornada.
Ampliar la presencia femenina permitiría ensanchar la base de talento disponible y aprovechar mejor las capacidades de una parte de la población que continúa infrarrepresentada en estas disciplinas. El objetivo no se limita a fomentar las vocaciones entre niñas y jóvenes: también implica favorecer el acceso, la permanencia y el desarrollo profesional de las mujeres en el sector.
El panorama dibuja, una profesión con múltiples salidas, pero también con dificultades para garantizar el flujo de nuevos titulados y ajustar la oferta de profesionales a las necesidades concretas de las empresas.

