Óscar Calvo, managing director de JCV.

Óscar Calvo: "Los conflictos que ocurren a miles de km nos afectan directamente"

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¿Qué balance hace del último año en materia de comercio internacional?

Venimos de años convulsos desde mediados de 2020. Los desajustes logísticos se han venido repitiendo de una manera que no habíamos visto en los casi 30 años que nuestra empresa lleva gestionando embarques marítimos. En el último año y como consecuencia del cierre del Canal de Suez por el ataque de los hutíes, los buques han desviado su ruta por el cabo de Buena Esperanza, sumando dos semanas de tiempo de tránsito, además de un incremento en los precios. Eso, sumado a la crisis arancelaria desatada por Trump, el cambio en las alianzas marítimas desde febrero de este año y conflictos como el que vivimos en Ucrania o Gaza dificultan el comercio internacional y las relaciones comerciales entre empresas de diferentes países.

¿En qué situación se encuentra España? ¿Y Aragón?

Mucha gente piensa que conflictos que ocurren a miles de kilómetros de nuestra casa no nos afectan directamente y por supuesto que lo hacen. Es un "efecto mariposa" continuo, consecuencia de un mundo cada vez más globalizado y conectado. España en general y Aragón en particular, sufren las consecuencias de lo que pasa en EEUU, Ucrania o el mar Rojo, del mismo modo que lo sufren el resto de países de nuestro entorno. A corto plazo, estamos a la espera de ver cómo van a resolverse los aranceles con EEUU a partir del 1 de agosto. Aunque este mercado no está dentro de los principales destinos exportadores o importadores de Aragón, hay muchas empresas que tienen relaciones comerciales y que pueden ver afectadas sus cuentas de resultados.

¿Cómo ha evolucionado el sector en la última década?

La evolución en términos de capacidad ha sido creciente en los últimos 10 años. En lo relacionado con digitalización y volatilidad, 2020 marca un antes y un después. La necesidad de trabajar en remoto hizo que se avanzara en digitalización todo lo que no se había hecho en 20 años. Eso, unido a los desajustes logísticos producidos por el coronavirus, conflictos bélicos, accidentes como en encallamiento del Ever Given en el canal de Suez o de sequía en el canal de Panamá han hecho que las navieras hayan dado un giro de 180 grados en la gestión de los embarques.

¿Cómo afecta el contexto geopolítico? ¿Cuáles son los conflictos que más están impactando en el transporte marítimo?

Afecta de lleno. Todo aquello que puede alterar la relación comercial entre países o las rutas de los buques afecta tanto en los precios como en el servicio. Lo hemos visto, por ejemplo, en los ataques de los hutíes, que han producido el desvío por el cabo de Buena Esperanza, incrementando los tiempos de tránsito en dos semanas y los fletes hasta en un 25%. La guerra arancelaria de Trump, que en el momento de máxima tensión con China, hizo que una parte de los tráficos del país asiático se desviaran a Europa y otra parte se paralizara, lo que generó un incremento de las importaciones a Europa pero, a la vez, una caída en los precios al descender el volumen total de exportaciones de China.

"La crisis arancelaria desatada por Trump, el cambio en las alianzas marítimas y conflictos como el de Ucrania o Gaza dificultan el comercio internacional "

¿Cómo está afectando el tema de los aranceles de EEUU?

Hay mucha incertidumbre. Y la incertidumbre es lo que más pesa en las decisiones de las empresas, que necesitan estabilidad y seguridad a la hora de cerrar acuerdos comerciales. Y en esa estabilidad se incluye estabilidad arancelaria, de precios, de materias primas y de transporte. De lo contrario, muchas operaciones se paralizan y el comercio no fluye, con las consecuencias negativas que eso supone para todos.

¿Qué retos depara el segundo semestre de 2025?

En lo relacionado con el transporte marítimo vamos a ver la estabilización de las nuevas alianzas marítimas, que han traído cambios importantes en la oferta de servicios por una nueva configuración de rutas. En función de los acuerdos arancelarios de EEUU con el resto del mundo, veremos si el comercio mundial se acelera o ralentiza, confiando que, para bien o para mal, esos acuerdos sean de una vez estables. Además, está pendiente la recuperación de la ruta comercial a través del canal de Suez, teniendo en cuenta que el 30% de los contenedores que se transportan en todo el mundo lo hace por este paso estratégico. Como he dicho anteriormente, cuanto más estable sea todo, más posibilidades de que las empresas cierren acuerdos comerciales.

¿Ha evolucionado el comercio internacional hacia un modelo más sostenible?

En muchos aspectos, sí. Los buques son mucho más grandes y menos contaminantes de lo que eran hace unos años. Se está yendo hacia un uso de combustibles alternativos más sostenibles, como el GNL. De hecho, la Organización Marítima Internacional exige reducciones progresivas hasta 2050. En cambio, situaciones como el desvío por Buena Esperanza, donde hay que realizar un trayecto de 4.000 millas náuticas adicionales (unos 7.500 km), implica la necesidad de utilizar más barcos para cumplir con un servicio semanal y más consumo de combustible.

"En JCV hemos sido tradicionalmente innovadores dentro de nuestro sector, ofreciendo al mercado soluciones que faciliten el control total de sus embarques"

¿Qué papel está jugando la tecnología?

El sector ha sido tradicionalmente reticente a la tecnología, sobre todo en lo referente a servicio al cliente. Que cinco navieras controlen el 65% de cuota de mercado hace que hablemos de una situación de oligopolio donde no hay un enfoque al cliente. Precisamente ese "debe" es el que hemos aprovechado desde los inicios de JCV, donde hemos sido tradicionalmente innovadores dentro de nuestro sector, ofreciendo al mercado soluciones que faciliten el control total de sus embarques. En los últimos cinco años se ha producido un avance muy significativo en cuanto a digitalización por parte de las navieras. Sin embargo, aunque ese progreso ha traído más información, también ha generado mucha más carga de trabajo y responsabilidad, dado que nos ha tocado asumir trámites a través de las plataformas digitales que han desarrollado y que tradicionalmente hacían ellas. Además, cada naviera ha desarrollado su propia plataforma, con gestiones, lenguaje y procedimientos totalmente diferentes e independientes, lo que aumenta la complejidad.

¿Cuál es el mayor desafío al que se enfrenta JCV?

Actualmente, ser lo suficientemente flexibles para poder adaptarnos a lo que navieras y clientes nos exigen, que cada vez es más cambiante. La parte positiva es que esa flexibilidad e innovación continua está en nuestro adn y todas las personas que formamos parte de JCV sabemos la importancia del cambio continuo. De hecho, nuestra plataforma de seguimiento de embarques nació en 2017, muchos años antes del boom de la digitalización en nuestro sector, lo que nos supuso el respaldo y apoyo de muchas empresas exportadoras e importadoras.

¿Proyectos de futuro?

Estamos avanzando en el uso de la IA como herramienta de apoyo a la gestión de embarques. La idea, igual que ocurrió cuando desarrollamos nuestra plataforma de embarques, es que sirva de ayuda a las personas -tanto las que trabajan en JCV como nuestros clientes y proveedores- en un mundo cada vez más volátil e inestable, con la idea de seguir avanzando en la predicción para evitar errores y adelantarnos a situaciones que puedan generar cualquier incidencia comercial de nuestros clientes con sus clientes o proveedores. En resumen, a ayudar a las empresas que confían en nosotros.

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