
"La odontología moderna ya no busca solo estética, no busca solo arreglar los dientes"
La evolución de la odontología en las últimas décadas ha cambiado la manera de entender al paciente. Ahora busca prevenir, conservar y atender a la relación entre la salud oral y la salud general, tal y como explica el doctor Francisco Torres de Torres Centro Dental Integral, en esta entrevista.
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La odontología ha dejado de ser la disciplina a la que se acude solo cuando duele la boca. El doctor Francisco Torres, de Torres, Centro Dental Integral, explica cómo la prevención, la tecnología y una visión a largo plazo están cambiando la forma de cuidar la salud bucodental que afecta, a su vez, a la salud general.
La odontología ha evolucionado considerablemente en los últimos años, especialmente en su enfoque asistencial. Ya no solo soluciona problemas, sino que ayuda a prevenirlos y a fomentar un bienestar integral. ¿Cómo justificaría y explicaría este cambio de concepto?
Hemos pasado de reparar a preservar. Durante décadas, el dentista era el sitio al que se iba cuando algo dolía; hoy el objetivo es que no llegue a doler. El cambio tiene una justificación muy sencilla: la boca no es un taller, es parte del cuerpo, y la odontología es una disciplina médica. Cuando uno la ejerce como medicina, la conclusión es inevitable: prevenir es siempre mejor tratamiento que curar, y curar pronto es siempre mejor que curar tarde.
Importante recordar en este cambio de planteamiento que la salud bucodental influye en la salud a nivel general, ¿de qué manera?
La evidencia más sólida está en la enfermedad periodontal. La relación con la diabetes es bidireccional: la diabetes mal controlada empeora las encías, y una periodontitis no tratada dificulta el control de la glucemia. Hay también asociación consistente con la enfermedad cardiovascular. Y hay un aspecto que se subestima: la masticación. Una boca que no mastica condiciona la nutrición, especialmente en personas mayores. Cuidar la boca no es una cuestión local, es cuidar el conjunto.
No hay que menospreciar la estética, con impacto incluso en el ámbito de la salud mental. ¿Qué importancia tiene este aspecto en la odontología moderna?
Mucha, pero bien entendida. He visto pacientes que llevaban años tapándose la boca al reír, que evitaban las fotos o hablar cerca de otras personas. Eso también es enfermedad, aunque no salga en la radiografía. Ahora bien, la estética debe ser consecuencia de la salud, no un atajo que pase por encima de ella: de nada sirve una sonrisa blanca sobre unas encías enfermas. La mejor estética es la que no se nota, la que devuelve a la persona una boca que parece sencillamente suya.
La evolución también tiene que ver con la introducción de instrumental y procedimientos punteros, así como con la incorporación de nuevas tecnologías. ¿Qué ejemplos podrían ponerse de equipamientos de diagnóstico y tratamiento que marcan la diferencia en la práctica clínica?
En diagnóstico, la radiología tridimensional (CBCT) nos permite ver el hueso con una precisión impensable hace años, y el escáner intraoral ha sustituido a las incómodas pastas de impresión. En tratamiento, la cirugía guiada por ordenador, los procedimientos mínimamente invasivos, el láser terapéutico o la sedación consciente, que en nuestro caso realiza un médico anestesista cuando es intravenosa. Pero conviene decirlo con claridad: la tecnología no sustituye el criterio clínico, lo afina. Una máquina excelente con un diagnóstico pobre sigue dando malos resultados.
Atendiendo a la psicología del cliente, al aumento de la esperanza de vida y pensando siempre en ofrecer las máximas garantías, ¿cómo describiría el cambio en la filosofía del tratamiento bucodental?
En una palabra: planificación. Hoy tratamos a pacientes que van a usar su boca ochenta y noventa años, y eso obliga a pensar a décadas vista: conservar antes que sustituir, y no hacer hoy nada que cierre puertas mañana. La segunda parte del cambio es entender que la experiencia del paciente forma parte del tratamiento: escuchar antes de proponer, explicar cada paso, respetar su ritmo. Por eso nuestra primera visita es diagnóstica y dura una hora. Un plan técnicamente perfecto fracasa si el paciente no lo entiende o no puede cumplirlo.
¿Ha cambiado también la visión del paciente? ¿Es más exigente? ¿Más consciente de la importancia de la prevención?
Sí, y me parece una buena noticia. El paciente de hoy llega informado, pregunta, compara y exige que se le explique el porqué de cada cosa. Esa exigencia bien entendida nos hace mejores profesionales. Internet trae también mucha información de baja calidad, y parte de nuestro trabajo es ordenarla: no rebatir al paciente, sino darle criterio. En prevención el avance es real pero desigual: quien ha interiorizado la revisión periódica conserva su boca; quien solo viene cuando duele, la va perdiendo a plazos.
7. Ante un problema dental, ¿qué pasos o qué preguntas debería hacerse un dentista antes de llevar a cabo un tratamiento?
La primera pregunta no es ¿qué le hago?, sino ¿por qué ha pasado esto?. Sin causa no hay tratamiento duradero: se puede reponer una pieza, pero si no se corrige lo que la destruyó, el problema volverá. Después: ¿qué necesita y qué quiere este paciente concreto, que no siempre coincide? ¿Se puede conservar antes que sustituir? Y una última que me parece irrenunciable: ¿este plan se puede terminar? Ningún tratamiento debería empezar sin saber cómo acaba. En odontología lo importante no es empezar tratamientos: es terminarlos bien.
Poniendo la vista en lo que está por llegar y en plena ola de inteligencia artificial, ¿cómo se imagina la odontología del futuro?
La inteligencia artificial ya está entrando en el radiodiagnóstico, y lo hará cada vez mejor: detectará caries y lesiones antes que el ojo humano y nos ayudará a predecir el riesgo de cada paciente para personalizar la prevención. Bienvenida sea: más capacidad diagnóstica es más medicina. Pero el futuro que imagino no es una consulta llena de pantallas, sino una odontología cada vez menos invasiva, más preventiva y más personalizada. La máquina leerá radiografías mejor que nosotros; escuchar al paciente, entenderlo y acompañarlo seguirá siendo nuestro trabajo.
"La máquina leerá radiografías mejor que nosotros; escuchar al paciente, entenderlo y acompañarlo seguirá siendo nuestro trabajo".
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