Marc Mauri, quinta generación de Mauri.

Negocios con Alma - Pastelería Mauri: sabores de generación en generación

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Pastelerías Mauri

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Los sabores y recuerdos que pasan de generación en generación

Hace más de 96 años que la familia Mauri comenzó el negocio que ya es inseparable de la esquina que ocupa en la Rambla de Catalunya. Este establecimiento se ha convertido en un punto de referencia en el barrio de L'Eixample de Barcelona para degustar sabores que remueven la memoria y otros que traen nuevas sensaciones.

Al entrar en el casi centenario establecimiento de Mauri, la diosa de la abundancia nos observa curiosa desde el techo, testimonio mudo de que originalmente era un colmado. Pero la historia comienza antes, cuando el bisabuelo Mauri llegó a Barcelona cargando con sus conocimientos en pastelería desde Manresa. Después de iniciar un primer proyecto con un socio, decidió lanzarse a la aventura y buscar un espacio para empezar su propia empresa junto a su mujer.

De esta forma, en 1929 recalaron en su emblemático local de la Rambla de Catalunya, lo que por aquel entonces parecía los confines de la ciudad. “Mi bisabuela le dijo a su marido: ‘¿Dónde hemos ido tan lejos? Aquí no va a venir nadie’”, comparte divertido Marc Mauri, actual gerente y la cuarta generación de esta familia volcada en la hostelería.

Han pasado 96 años y el trajín de personas que entran y salen por la puerta, o que charlan animadamente sentados en las mesas, demuestra que los miedos de la mujer no se han hecho realidad. “Es un éxito estar hoy en día en esta ubicación”, explica Mauri, que diariamente trabaja para seguir alimentando a un barrio al que se siente muy unido.

Muchos de sus clientes vienen a por los postres de su infancia, ese gusto tradicional que nunca se olvida, mientras que otros desean que les sorprendan. Adaptarse a los distintos gustos y necesidades es lo que les llevó a ir más allá de los productos dulces y, poco a poco, han ido ampliando su oferta con una sección de salados, un salón de té, platos preparados, charcutería y hasta catering. “Puede que parte del éxito se deba a que no solo somos una pastelería, el conjunto es lo que gusta”, reflexiona Mauri.

“Puede que parte del éxito se deba a que no solo somos una pastelería”

La calidad como seña de identidad

Precisamente, el alma de Mauri es su esfuerzo por mantener la calidad de sus productos. Así lo ilustra el gerente con una anécdota personal: “Mi padre siempre me decía que no tuviera miedo a subir los precios, pero que siempre mantuviéramos la calidad”. Para conseguirlo, siguen confiando en la elaboración artesanal de sus productos, muchos de ellos fabricados en sus propios obradores.

Ya de pequeño, Marc recuerda venir con toda su clase y aprender a hacer cruasanes. “Mis compañeros aún me lo mencionan cuando nos encontramos”, comparte. Al igual que gran parte de su familia, lleva casi toda la vida dedicado al negocio. Emocionado de poder seguir con el sueño de su bisabuelo, confiesa que no le cuesta levantarse por la mañana porque le gusta mucho lo que hace. Siguiendo sus pasos, la quinta generación, como su sobrina Beth y otros primos, ya está empezando a involucrarse en el día a día del establecimiento.

Los Mauri no son los únicos que llevan casi cien años acudiendo al local de Rambla de Catalunya: “Encuentras clientes que te dicen que venían con sus abuelos y es un orgullo, estás trabajando, pero la gente te lo agradece”. La fidelidad y el éxito para él se explican porque a la gente le gusta celebrar, juntarse con sus seres queridos y crear bonitos recuerdos, ¡y mejor si es con regusto dulce!

La quinta generación de Mauri ya está empezando a familiarizarse con el negocio

Hacer ciudad ayudando a los vecinos

Aunque a principios del siglo XX su bisabuela se llevase las manos a la cabeza con la ubicación del local, con el paso del tiempo Rambla de Catalunya se ha convertido en un importante eje comercial. El establecimiento, con su amplia fachada, es uno de los puntos más reconocibles del barrio y a él acuden no solo vecinos, sino también personas que se acercan expresamente atraídos por su fama e incluso extranjeros que buscan productos de la tierra.

De hecho, Marc comparte una historia en la que, estando en la caja, un hombre se le acercó para preguntarle si formaba parte de la familia Mauri. Al confirmarle que así era, él le dijo muy serio: “No se os ocurra cerrar este negocio, porque es patrimonio de Barcelona”. El gerente no oculta su orgullo por poder continuar con la labor de sus antecesores y dejar huella en distintas generaciones de barceloneses.

Desde su origen, Marc Mauri subraya que el objetivo de esta empresa familiar es facilitar la vida a los vecinos de L’Eixample, por ejemplo, ofreciendo una amplia variedad de productos y siendo un punto de encuentro. “Hacemos un poquito de ciudad”, resume. Uno de los mejores ejemplos se dio durante la pandemia cuando, en esos momentos tan difíciles, contribuyeron abriendo a diario “para ayudar cocinando para las personas mayores y para la gente del barrio”.

Seguir adelante después de una trayectoria tan larga implica siempre nuevos retos, pero trabajan unidos para que Mauri siga manteniendo el hueco que se ha ganado en el corazón de L’Eixample. “Si mi bisabuelo levantase la cabeza diría: ‘Siguen en la misma ubicación, siguen protegiendo el negocio…’ Ante el resto de cosas, como la variedad de productos o la cantidad de personal que tenemos, fliparía e igual diría: ‘¡Estos están locos!’”, concluye ocurrente Marc Mauri.

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