Gaitería Tremol

Negocios con Alma - Gaitería Tremol: tradición, música y comunidad

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Gaitería Tremol

Zaragoza
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El taller donde la tradición, la música y la comunidad se tallan a mano

Hace catorce años, el luthier Nacho Martínez abrió Gaitería Tremol, un taller en La Magdalena (Zaragoza) donde, con pasión, fabrica y repara gaitas aragonesas y dulzainas. Además, siempre encuentra un momento para charlar con los vecinos y mantener viva la música tradicional en el barrio.

En el corazón del barrio de La Magdalena (Zaragoza), hay un pequeño taller de instrumentos donde no pasa el tiempo, donde la tradición musical de la tierra sigue viva y llena el alma de todos aquellos que la visitan: la Gaitería Tremol. Allí, el luthier Nacho Martínez lleva más de catorce años perdiéndose entre el ruido de los tornos y el olor a madera movido por su amor hacia la artesanía, la música y la gaita aragonesa.

“El alma de Gaitería Tremol es la tradición, nosotros partimos de lo más profundo de la tierra. Tenemos que viajar al pasado, hablar con las personas mayores, que nos cuenten sobre los instrumentos tradicionales y después, reproducirlos, mejorarlos y hacer que perduren”, cuenta el artesano con pasión. Su labor es fundamental para dar a conocer la gaita aragonesa, que incluso para los procedentes de Aragón es una gran desconocida: “El problema que tenemos con la gaita es que no la conocemos ni aquí, cuando yo era pequeño ni se enseñaba en el colegio”, explica.

No fue hasta los 25 años cuando Nacho descubrió este instrumento, pero rápidamente se enamoró de él: “El origen de todo fue mi hermano Jesús. Un día llegó a casa con una gaita de boto, yo no la conocía, pero nada más verla dije: ‘Yo quiero tocar este instrumento’. A partir de ese momento conocí a la persona que las fabricaba, Mario Gros, y le dije: ‘Quiero trabajar contigo’. Empecé como aprendiz y, poco a poco, se convirtió en mi oficio”, narra con nostalgia.

Ahora, casi 30 años más tarde de ese momento, lo sabe todo sobre la gaita aragonesa: “Cuenta la leyenda que hace mucho un gaitero tenía una hija que enfermó y murió, al morir cogió su vestido y lo puso en su gaita y, desde entonces, siempre llevan un vestido de niña. Además, sus tubos sonoros están enfundados con piel de culebra”, revela el luthier, quien se siente muy orgulloso de su profesión. “Mi trabajo es más de lo que se imagina. Es investigar, construir en el taller, pero también divulgar y enseñar a las nuevas generaciones, por ejemplo, con talleres de construcción de instrumentos en colegios”, asegura.

Más allá de mantener la música tradicional viva, el luthier trata de aportar su granito de arena al barrio

Una luz encendida en La Magdalena

Más allá de mantener la música tradicional viva, el luthier trata de aportar su granito de arena al barrio. “Gaitería Tremol y La Magdalena comparten la pasión. Es un barrio pasional, dinámico. A la vez, es un lugar joven en el que también hay gente mayor. Convivir entre todos no siempre es sencillo, pero trato de colaborar y hacer lo que puedo”, afirma. Nacho hace talleres en los colegios cercanos para que los niños aprendan todo sobre este instrumento tan especial para él. Además, las visitas teatralizadas de La Magdalena o las rutas culturales que se impulsan desde el ayuntamiento suelen terminar en el taller.

Desde la puerta de la gaitería, el luthier ve pasar a los vecinos de 'La Madalena' -así es como llaman en Zaragoza al barrio- y a menudo, se para a charlar con ellos. “Todas las semanas vienen personas mayores que quieren aprender a tocar la gaita o la dulzaina porque los lleva a su niñez, y yo les digo que la música no tiene edad y les pongo en contacto con profesores de música. Al cabo del tiempo vienen sonriendo a decirme que han aprendido a tocarla”, cuenta orgulloso Nacho.

Estas conversaciones, en ocasiones, se terminan convirtiendo incluso en amistades, según relata el artesano: “Todos los instrumentos están personalizados, durante el proceso de creación estoy pensando en quien me los encargó y para que el vínculo vaya más allá, les invito a venir y que pongamos la piel de serpiente juntos Eso no se olvida”. Para Nacho, “la iluminación no solo son las farolas, es una tienda abierta”. De esta forma, Gaitería Tremol se convierte en una luz más encendida en La Magdalena, en vida.

El luthier disfruta charlando con los vecinos del barrio y hace talleres y otras actividades culturales para dinamizar la zona

Donde la tradición se mezcla con el barrio

Desde que Gaitería Tremol abrió en el barrio de La Magdalena, Nacho ha vivido todo tipo de aventuras entre sus calles y, quizás, es por eso que no duda al afirmar que le encanta “formar parte del barrio”. Para él, es la oportunidad perfecta de “estar arraigado a algo”: “Me tomo el café en la plaza, me compro la fruta en la esquina y hablo continuamente con los vecinos”, explica sobre su día a día allí. Esa rutina sencilla le permite sentirse parte de la comunidad y generar una verdadera conexión con La Magdalena.

Aunque pasan los años, el luthier sigue abriendo cada día las puertas de su taller con la misma ilusión que el primero, pues según cuenta, para él esto nunca ha sido un trabajo, sino “una forma de vida”. “Lo más importante para mí es trabajar con las manos, no hay nada mejor que lo artesano. Para mí lo es todo porque puedo crear, desarrollarme y hacer lo que quiera con mis manos”, explica Nacho. Para él, cada jornada que comienza en Gaitería Tremol es una nueva oportunidad para reinventarse sin dejar de lado lo tradicional.

El sonido de la gaita aragonesa, el olor a madera y la vida del barrio han pasado a formar parte del ADN del luthier, por eso, asegura que ya no imagina su vida sin todo ello: “Yo no concibo el no venir aquí y pasar un tiempo de mi día, no siempre trabajando, simplemente hablando. La gente viene cuando no sabe algo de música tradicional y yo les oriento. Gaitería Tremol se convierte en un lugar de encuentro”. Más allá de un taller, este rincón se ha transformado en el corazón sonoro de La Magdalena.

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