espacio H
Más allá del juicio: aprender a mirarse sin etiquetas
María Benito Po, de Parliamo, impartió en Espacio H un taller práctico para que los asistentes aprendieran a identificar los juicios que nos marcan a lo largo de la vida y pudieran comunicarse sin etiquetas
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A todos nos han puesto una etiqueta alguna vez. Con esa premisa arrancó el taller práctico de comunicación impartido el pasado 17 de febrero en Espacio H de HERALDO por María Benito Po, facilitadora de grupos y fundadora de Parliamo, empresa dedicada a trabajar la comunicación con equipos, organizaciones y también a nivel individual.
El objetivo del encuentro fue tomar conciencia de esas etiquetas emocionales que arrastramos, "las que nos han puesto y las que colocamos a otros de forma inconsciente", y entender que, en el fondo, no dejan de ser juicios. "Es muy difícil vivir sin juicio", reconoció María Benito Po, porque dependen de los valores, la educación y las vivencias. Sin embargo, afirmó que, al menos, "podemos darnos cuenta de cuándo estamos juzgando y cómo ese juicio influye en los demás".
El taller fue eminentemente práctico. Poca teoría y mucho espacio para hablar, compartir y, si así se sentía, mostrarse. "Este es un espacio seguro: lo que hablemos aquí se queda aquí", recordó al inicio la conductora del encuentro, marcando una de las normas fundamentales de la cita.
A través de una dinámica de línea del tiempo, los asistentes recorrieron su vida a través de las etiquetas recibidas: 'muy trabajador, 'responsable', 'desordenado', 'sensible', etc. La invitación era preguntarse si esas palabras les habían impulsado o frenado, si aún las llevaban y si su vida habría sido diferente sin ellas.
Porque, como explicó Benito Po, algunas etiquetas pueden parecer positivas, pero también pesan. Desde su experiencia en el ámbito educativo ha visto cómo la etiqueta de 'muy trabajador' puede convertirse en una carga que genera frustración, miedo y angustia cuando no se puede sostener.
Además, explicó que "la inteligencia no existe, sino las capacidades" y desgranó la llamada "ley del espejo", donde aquello que juzgamos en otros suele conectar con algo que nos falta o nos sobra. Las etiquetas, en definitiva, dependen de quién las ponga y en qué momento.
"A veces las etiquetas físicas molestan, pero las emocionales pueden doler más", señaló María, al tiempo que añadió que, si detrás de ellas ha habido dolor, "produce tristeza".
También agradeció a los asistentes haber dado el primer paso de permitirse mirar hacia dentro para tomar conciencia. "Puede ser incómodo, pero es necesario", afirmó, ya que esta sesión pretendió ser un lugar en el que jugar, abrir la mente y ponerse "otras gafas" para dar comienzo a una forma distinta y más consciente de relacionarnos.