en colaboración con ilumináfrica
Luis Román, voluntario de Ilumináfrica: “La necesidad de ayudar es inherente al ser humano”
Voluntario de la Fundación Ilumináfrica desde sus inicios, Luis Román cuenta las claves que hacen que todo el esfuerzo realizado merezca la pena.
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Luis Román fue uno de los impulsores y primeros voluntarios de Ilumináfrica, una asociación sin ánimo de lucro dedicada a facilitar la atención visual de personas vulnerables con deficiencias visuales tratables en Chad y Senegal. Por su formación académica y su trayectoria profesional, vinculada al marketing, se dedica a difundir la importante labor que realiza la organización y a captar apoyos.
Lleva vinculado a Ilumináfrica desde hace casi dos décadas. ¿Cómo surge la idea de crear esta asociación?
La necesidad de ayudar es inherente al ser humano, así como la voluntad de compartir la suerte de haber nacido en un país desarrollado como el nuestro. En 2007, según el Informe sobre Desarrollo Humano de aquel año, Chad era el octavo país más pobre y con menor nivel de desarrollo del mundo. Si para una persona de ese país sobrevivir ya es realmente complicado, añadirle un problema de vista lo vuelve casi imposible. Los profesionales vinculados a la salud ocular y a la visión encontraron en Ilumináfrica una vía natural para compartir su experiencia con aquellos menos afortunados.
¿Qué fue lo más difícil a la hora de poner en marcha esta iniciativa?
Poner en marcha un proyecto de estas características conlleva muchos desafíos. La coordinación de la operativa supuso todo un reto, pero fue perfectamente gestionada desde el arranque del proyecto. También la búsqueda de financiación ha sido una constante desde aquel ya lejano 2007. La demanda económica que supone cada expedición es alta, y en los inicios de la fundación, la fuente principal era la institucional, por lo que el contacto y obtención de subvenciones fue realmente crucial. No obstante, cabe señalar que todas estas dificultades del comienzo fueron compensadas por la tremenda ilusión de poder ayudar a los que nadie más iba a ayudar, ofreciéndoles una oportunidad de vida más justa en un país tremendamente pobre.
¿Se imaginaba que aquella idea iba a llegar tan lejos y mantenerse durante tantos años?
La verdad es que cuando ves a tanta gente ilusionada e involucrada en un objetivo tan noble, y de manera totalmente altruista, estás seguro de que su labor va a durar muchos años más.
"Ser testigo de como un niño recupera la vista y puede ver a su madre por primera vez es algo por lo que merece la pena seguir luchando"
¿Qué recuerda de la primera expedición que se hizo a África?
Aquella expedición inaugural del año 2007 tuvo como destino Chad. Las personas que formaron parte de ella fueron especialistas en oftalmología, optometría y enfermería; un modelo de colaboración multidisciplinar que se ha mantenido hasta la fecha. El impacto que supone para una persona de un país desarrollado llegar a un país tan pobre como Chad, con una notable falta de infraestructuras y una población desnutrida, es tremendo. Sin embargo, la actitud de sus habitantes es lo que, seguramente, causa la mayor impresión: cómo sobrellevan su situación, cómo aceptan las adversidades, la alegría que mantienen a pesar de todo...
Ilumináfrica reúne a médicos, ópticos y también a personas sin conocimientos sanitarios. ¿Qué papel tiene cada uno y qué puede aportar un voluntario?
La fundación es un gran ejemplo de trabajo en equipo, donde cada uno aporta lo que realmente puede. Los desplazados allí hacen una enorme labor: consultas, intervenciones quirúrgicas, reparto de gafas y otros materiales... Para que todo esto sea posible, también hay una gran labor realizada por los voluntarios previamente, como conseguir financiación, preparar y enviar todos los materiales, coordinar con los hospitales locales la estancia de los desplazados... En definitiva, toda ayuda es necesaria y más que bien recibida.
¿Qué significa para usted que alguien dedique sus vacaciones, su tiempo o su dinero a ayudar a personas desconocidas que viven a miles de kilómetros?
Es un fiel reflejo de los valores de Ilumináfrica, donde nadie recibe compensación económica por su colaboración y donde todas las aportaciones se destinan íntegramente a posibilitar la ayuda a las personas que lo necesitan, con una gestión totalmente transparente.
A nivel personal, ¿cómo le ha impactado la experiencia de ser voluntario durante todo este tiempo?
Ser testigo de las tremendas desigualdades provocadas simplemente por el lugar en el que hemos nacido nos hace querer actuar. A veces, para aplacar egoístamente esa necesidad, y otras en las que solo pensamos en lo que realmente importa: ayudar a otros. Haber podido contribuir al desarrollo de Ilumináfrica es un gran orgullo, espero que otras muchas personas sigan ayudando a esta fundación y experimenten la alegría de saber que su ayuda tiene una consecuencia directa en personas que realmente lo necesitan.
"Ser testigo de las tremendas desigualdades provocadas simplemente por el lugar en el que hemos nacido nos hace querer actuar"
¿Cuál es el recuerdo más grato que guarda vinculado a Ilumináfrica?
Para nosotros, recibir atención médica para eliminar unas “simples” cataratas y continuar con nuestra vida es de lo más normal. Pero esto es no es así todos los países del mundo. Recuerdo a un niño de tres años de Chad que había nacido con cataratas. Después de ser intervenido quirúrgicamente gracias a Ilumináfrica, recuperó la vista y pudo ver a su madre por primera vez. La sorpresa y felicidad de aquel niño, la oportunidad que le dio Ilumináfrica de sobrevivir en mejores condiciones, es algo por lo que merece la pena seguir luchando y ayudando a la fundación.
¿Y el más duro?
El recuerdo más duro fue ver como un chadiano, después de permanecer en fila dos días a ser atendido por los oftalmólogos de Ilumináfrica, recibió el peor diagnóstico posible: no se podía hacer nada para solucionar su problema de visión. Sin embargo, la serenidad y calma con la que aceptó el diagnóstico y abandonó las instalaciones sanitarias para seguir subsistiendo son algo de lo que aprender mucho.
Si tuviera delante a una persona que quiere ayudar pero todavía no sabe cómo, ¿qué le diría para animarla a dar el primer paso?
Le diría que no lo piense. Ella va a recibir la satisfacción de ayudar a otras personas que realmente lo necesitan, y esas personas van a recibir una segunda oportunidad. En poblaciones tan pobres como en las que actúa Ilumináfrica, tener una enfermedad ocular es casi una sentencia de muerte. Librarles de unas simples cataratas es darles una oportunidad para su supervivencia. Por eso, a aquellas personas, instituciones o empresas que están pensando colaborar les diría que su aportación puede salvar vidas. Así que adelante, ¡colaborad con Ilumináfrica!
