en colaboración con la d.o.p. jamón de teruel
El lado bueno del frío: Teruel convierte su clima en identidad gastronómica
La nueva campaña europea de la D.O.P. Jamón de Teruel ha transformado el frío seco de la provincia en protagonista de un relato que habla sobre gastronomía, territorio, calidad e identidad.
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El sabor de un territorio lo crea la tradición, pero también la innovación gastronómica. Lo construyen de igual manera los profesionales del sector primario y los que mantienen vivos los procesos de elaboración; los maestros jamoneros y los chefs que llevan los ingredientes hasta el plato. Pero el sabor de un territorio lo construye, sobre todo, su gente. Aquellos que generación tras generación han convertido alimentos como el jamón en parte de su cultura y su identidad.
En el caso concreto de Teruel, un protagonista inesperado da aún más carácter y sabor a su famoso y amado jamón. Se trata, aunque pueda parecer increíble, del frío: el clima seco característico de la provincia deja una positiva huella en su producto gastronómico por excelencia: el Jamón de Teruel D.O.P.
Ese arraigado vínculo entre clima, territorio y producto es precisamente el punto de partida de ‘El lado bueno del frío’, la nueva campaña de comunicación de la D.OP. Jamón de Teruel con la que queda patente que el frío de la provincia no solo no es un inconveniente, sino que se transforma en uno de los factores que marcan la diferencia cuando se trata de este producto. Ocurre especialmente durante su proceso de curación, cuando el frío contribuye a conseguir un jamón de sabor suave, elegante, delicado y con su punto justo de sal.
Y es que, mientras la sociedad percibe lo relacionado con el frío como algo negativo, incómodo y duro, esta campaña muestra que en Teruel esas bajas temperaturas, características del territorio, no solo forman parte de la historia cotidiana de su gente, sino que también tienen consecuencias positivas en un jamón que se disfruta mucho más allá de las fronteras aragonesas.
Más que una campaña
Con el humor sutil como uno de los recursos creativos, esta nueva campaña supone un paso más dentro del mensaje que la Denominación de Origen ha ido construyendo durante los últimos años. Si con ‘Marcado a Frío’ se puso el foco en explicar que el Jamón de Teruel está profundamente condicionado por el frío seco de su tierra, ahora la comunicación avanza para dar respuesta a una pregunta clave: ¿Qué consigue realmente ese frío en el producto? La respuesta es clara: sabor, suavidad, delicadeza y equilibrio.
‘El lado bueno del frío’ se desarrollará entre 2026 y 2028 y tendrá presencia en televisión, en plataformas digitales, en redes sociales, en prensa y en radio, pero también mediante experiencias dirigidas directamente al consumidor como degustaciones y otras acciones gastronómicas.

Directo al paladar
Además, actividades dirigidas a prensa y actuaciones vinculadas a la distribución, la restauración y el canal charcutero darán al público la oportunidad no solo de conocer este mensaje alrededor del frío y su valor, sino también de comprobarlo a través del paladar.
Durante los tres años de campaña participarán chefs embajadores con el fin de reforzar la presencia y el posicionamiento del Jamón de Teruel D.O.P. dentro de la restauración y la alta cocina. Entre los primeros nombres vinculados a estas acciones se encuentran los de aragoneses como Reynol Osorio, Iris Jordán y Aarón Melero.
Territorio y garantía
Un producto no puede separarse completamente del lugar en el que nace, y de eso da buena fe la D.O.P. Jamón de Teruel, que con esta campaña y su actividad busca acercar al consumidor no solo un alimento, sino también una determinada identidad territorial. El clima, las costumbres, la gastronomía y la cultura forman parte de un mismo relato.
Asimismo, cuando un producto como el Jamón o la Paleta de Teruel cuenta con el sello de Denominación de Origen Protegida, no es solo un símbolo bonito en la etiqueta, sino un valor añadido para el productor y una garantía para el consumidor, asegurando su trazabilidad y origen, unos estándares de calidad controlados y el respeto por las tradiciones y el entorno. Además, las figuras de calidad reconocidas por la Unión Europea protegen mucho más que un producto: protegen el trabajo bien hecho, la identidad de un territorio y el futuro de quienes lo cuidan.