en colaboración con fundación "la caixa"

La sensación de precariedad afecta a la salud mental de los jóvenes

Resultados del reciente estudio del Observatorio Social de Fundación ”la Caixa”.

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El 31% de los jóvenes presentan un riesgo de sufrir depresión o ansiedad.
El 31% de los jóvenes presentan un riesgo de sufrir depresión o ansiedad.freepik

La precariedad es un concepto mucho más complejo de lo que podría parecer a simple vista. Incluye significados que van más allá de las condiciones laborales y que están más relacionados con la incapacidad de garantizar un nivel de vida digno. Según un reciente estudio del Observatorio Social de Fundación ”la Caixa”, la clave del problema no está tanto en carecer de un empleo fijo como en la percepción de estar en una situación de precariedad constante.

Entre los principales resultados obtenidos se muestra que aunque la precariedad laboral no se distribuye de forma igualitaria entre los jóvenes, la sensación de vulnerabilidad es común a todos ellos, independientemente del género, la edad o el origen. "Siento que estoy en un bucle. Tengo solo 24 años, pero creo que si tengo que estar así toda la vida no voy a conseguir nada", afirma María, una de los más de 3.000 jóvenes encuestados.

El 31% de los entrevistados presentan un riesgo potencial de sufrir depresión o ansiedad, según la escala OMS5 establecida por la Organización Mundial de la Salud. La sensación de precariedad, y no el hecho de tener un empleo inestable y con bajo salario, es el factor explicativo crucial. En este punto, las mujeres están más expuestas a un mayor riesgo. "Me siento incompleto, parece que siempre estoy con la lengua fuera para poder llegar a algo y nunca puedo hacer todo lo que quiero o, al menos, unos mínimos", resalta Juan, otro de los jóvenes participantes.

Más allá de tener un empleo de poca calidad, los entrevistados consideran que la sensación de precariedad incluye otros aspectos, como la imposibilidad de satisfacer necesidades básicas o de acceder a un nivel de vida digno. Solo el 28,1% de los jóvenes definieron la precariedad como tener un trabajo con ingresos insuficientes o malas condiciones laborales y, únicamente, el 1,6% lo asocia a la falta de oportunidades profesionales.

Seis de cada diez adultos jóvenes han vivido episodios de inseguridad económica en los últimos dos años, teniendo que pedir ayuda para cubrir sus necesidades o haciendo duros ajustes en sus vidas. Además, el 40,6% de la muestra afirma sufrir algún problema de salud física o mental debido a esa inseguridad económica. Ante esta realidad, contar con apoyo de la familia es la mayor protección.

Por último, se remarca que los últimos años han planteado un auténtico desafío para la seguridad económica de los jóvenes, que se han visto afectados por un contexto macroeconómico desfavorable. La inflación, los costes energéticos, el precio de la vivienda o los bajos ingresos laborales han sido factores determinantes que han puesto en entredicho la seguridad económica de sus familias.

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