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Jorge Blass: cuando la magia no está en el truco, sino en la mirada
El ilusionista presentó en Espacio H y ante un atento público su nuevo espectáculo ‘Ilusionarte’, una entrega consciente a lo insólito y lo extraordinario que llegará a Zaragoza el próximo mes de noviembre.

"La magia no está en el truco ni en el mago, sino en la mirada de quien observa con asombro". Jorge Blass no necesitó un sombrero de copa, ni palomas, ni una cortina de humo para hipnotizar al público que llenó el Espacio H de HERALDO el pasado 2 de julio. Le bastó su voz, sus recuerdos, su conexión con el gran Juan Tamariz y una calculadora de móvil. Y es que esa es su verdadera especialidad: crear asombro con lo cotidiano y hacer creer que lo extraordinario cabe en la palma de una mano.
Conducido por el responsable de eventos de HERALDO, Jesús Barceló, este encuentro sirvió como preámbulo de ‘Ilusionarte’, el espectáculo que el mago estrenará en la Sala Mozart del Auditorio de Zaragoza los días 15 y 16 de noviembre.Sin embargo, la cita resulto ser mucho más que una presentación. Fue una conversación íntima sobre el poder transformador de la magia, el oficio detrás del ilusionismo y ese hilo invisible que une a quien crea con quien observa.
Tal y como desgranó Jorge Blass durante el encuentro con los lectores del diario, todo empezó con un libro y Juan Tamariz. Cuando apenas tenía once años, el joven se coló en un club de magia, donde aprendió a mezclar barajas, hacer desaparecer pañuelos y, sobre todo, a observar.

"La magia es un arte que se transmite de maestro a alumno. Tamariz es responsable de que yo esté aquí, me transmitió su pasión y su conocimiento sin guardarse nada ni ser celoso. La magia implica secreto y él siempre me enseñó todo", valoró Blass.
A los 15 años subió por primera vez a un escenario. Mientras de día seguía yendo al instituto, por las noches actuaba en salas como Galileo o Berlín Cabaret, lo que le hacía tener una "doble vida". Tan solo cuatro años más tarde, ganó la Varita de Oro de Monte Carlo, un reconocimiento al que le siguió Las Vegas, giras internacionales y premios como el de Mejor Mago del Año, otorgado por la Academy of Magical Arts de Hollywood.
Pero lo que realmente enseñó en Espacio H no fue su currículum, sino su filosofía: "Los premios están bien, pero lo que te enseña es estar frente al público. Fallar. Fracasar. Volver a empezar". Y precisamente así es como construye cada uno de sus espectáculos, con dos o tres años de investigación, pruebas y creaciones artesanales. "La magia tiene que salir de forma orgánica. Lo más importante no es saber trucos, sino crear una atmósfera. Lo que importa es lo que siente el espectador", aseguró.
Durante el encuentro, hizo partícipe al público de algunos de sus juegos de magia, como una operación matemática al unísono que acabó revelando la fecha y hora exacta del evento. Lo mismo sucedió con una baraja invisible, con una conexión y aparente roce entre dos voluntarios desconocidos y cuatro cartas en pedazos.
No hubo compinches, solo atención y arte. "Si hay trama, no hay mérito", dijo, después de compartir su experiencia llevando magia a hospitales y residencias junto a otros 150 magos de la Fundación Abracadabra. "Lo que les damos es poquito comparado con lo que nos devuelven", señaló.
Humor, emoción, tecnología y participación del público serán las claves de su nuevo espectáculo, sobre el que sostuvo que "la ilusión también es un acto de confianza" y, por eso, no sacará a nadie a "traición".
"Ya no podemos cortar personas por la mitad. Ni usar animales, afortunadamente. Hay que reinventarla desde la sensibilidad del público. La magia es suspender un poco la incredulidad y una entrega consciente a lo insólito y lo extraordinario", explicó.
En noviembre, Jorge Blass convertirá el teatro en un lugar donde todo puede pasar. Pero quienes estuvieron en Espacio H saben que la magia no empieza sobre el escenario. Empieza cuando alguien, desde su butaca, vuelve a mirar el mundo como lo haría un niño. Y, por un instante, cree que todo es posible.
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