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Isabel Macías: la atleta que convirtió la resiliencia en un camino para otras
En el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, Isabel Macías compartió en Espacio H una historia de superación que trasciende el atletismo y reivindica oportunidades reales
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El 25 de noviembre, en Espacio H de HERALDO, Isabel Macías tomó la palabra con la misma fuerza con la que un día aprendió a correr. Coincidiendo con el Día Internacional contra la Violencia hacia las Mujeres, la exatleta habló de esfuerzo, de heridas que ya no se ven y de cómo reconstruirse a pesar de las etiquetas en una conversación con el periodista del medio Javier Oliván.
Aunque muchos la recuerdan por sus grandes éxitos sobre el tartán, Isabel sigue compitiendo. Ahora lo hace en distancias cortas y en pruebas híbridas que combinan carrera y fuerza: "Me retan y me dan tranquilidad". Mantiene la adrenalina que siempre la acompañó, pero reconoce que el alto rendimiento quedó atrás. Hoy sus retos tienen otra forma: la de jóvenes a los que entrena y de quienes recibe una emoción que, tal y como sostuvo, le recuerda por qué empezó.
Sin embargo, su historia deportiva no se entiende sin su historia personal. A los seis años tuvo que abandonar su casa y huir del maltrato junto a su madre y, como recordó, tras varios cambios de colegio llegó al barrio de La Jota. Allí, aprovechando el comedor para practicar la extraescolar de atletismo, se encontró con un profesor que cambió su vida.
Según explicó, él vio en ella talento, habló con su madre y se ofreció a pagarle la actividad. "Ese gesto de confianza se me quedó grabado y sentía que tenía que devolver esa apuesta. El atletismo siempre tiene un regalo para mí", aseguró.
La gratitud se convirtió en motor. Constante, resiliente y nunca dispuesta a rendirse, Macías llegó a lo más alto. Pero también conoció el abandono estructural del deporte y, como denunció, Aragón, por ejemplo, sigue sin una pista cubierta proyectada. "Tenemos talento, pero no sabemos gestionarlo. Y, a veces, lo dejamos escapar", afirmó.
Isabel no rehúye la etiqueta de reivindicativa, aunque algunos la usan con connotación negativa. "No callarme ha mejorado ciertas cosas". También habló del dopaje, de oportunidades truncadas y de cómo su retirada en pandemia fue amarga al despedirse por redes sociales. Ser entrenadora, sin embargo, la reconcilió con el atletismo y volver a ver llorar de emoción a un deportista bajo su guía, señaló, ha sido uno de sus mayores éxitos.
No obstante, todavía tiene tiempo para exigir que se cumplan derechos básicos, como que los deportistas de alto nivel puedan cotizar esos años de esfuerzo. "Me retiré en 2021 con la cuenta en rojo después de haber dedicado muchos años de mi vida al atletismo", lamentó.
Por eso, Macías abraza cada oportunidad de hablar a niñas y niños, ya que reconoce en ellos su propio reflejo. "Si hubiera dejado que las etiquetas se apoderaran de mí, no habría llegado hasta aquí", añadió.