en colaboración con huesca turismo
Huesca, la riqueza del tiempo
La capital oscense está llena de rincones perfectos para fotografiar y recordar, con un rico centro urbano, amplias avenidas y grandes zonas verdes que integran la naturaleza en la ciudad, así como diversas opciones de gastronomía para que puedas saborear la inolvidable Huesca
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Huesca es otra historia, también por su impronta. Y es que la capital altoaragonesa alberga imágenes extraordinarias que enriquecen las redes sociales y dan testimonio de una experiencia memorable. Pero es precisamente esta vivencia particular y única lo que constituye el mejor legado de la ciudad, porque ofrece una riqueza singular: el tiempo.
Su configuración urbana es uno de sus elementos más distintivos con un centro histórico lleno de callejas, plazas y pasajes para el paseo demorado entre monumentos y edificios. También abundan las calles amplias, perfectas para caminar; así como las grandes zonas verdes, como el Parque Miguel Servet, que integran la naturaleza en el corazón de la ciudad.
Gastronomía única
Tampoco puede olvidarse el comercio a pie de calle, tradicional e innovador, en el que destacan algunas joyas de la ciudad que recuerdan el espíritu emprendedor y el respeto a las tradiciones como herencia de gran valor. Se nota, por ejemplo, en La Confianza, la tienda de ultramarinos aún en activo más antigua de Europa donde se pueden capturar imágenes de otra época; o las pastelerías, sector excelente de la cocina oscense.
Ascaso, Tolosana o La Paca son establecimientos de los que no solo podemos obtener un recuerdo que nos haga rememorar nuestra estancia en Huesca, sino también saborear directamente esta ciudad cuyo patrimonio cultural y gastronómico no deja de sorprender.
Así, las dos Estrellas Michelín –Tatau y Lillas Pastia– son solo la punta de lanza de los muchos renombrados fogones de una ciudad que cuenta además con soles Repsol y Bib Gourmand, dando muestra de una gastronomía que es también una historia en sí misma.
Riqueza cultural

Toda esta experiencia está integrada en un recorrido a través de la historia de una ciudad cuyos orígenes se remontan más de 4.000 años atrás, con la presencia de diversas culturas que han dejado su impronta en los nombres de la ciudad y en su patrimonio arqueológico y monumental. La Bolskan íbera, la Osca romana, la Walqa andalusí y la Huesca que desde la Edad Media ha ido evolucionando hasta nuestros días están escritas en los objetos que guarda el Museo de Huesca, en las obras de arte del Museo Diocesano y en monumentos como San Pedro el Viejo, la Catedral, el Palacio Consistorial, la iglesia de Santo Domingo, los antiguos palacios renacentistas, los edificios del XIX, las casas racionalistas o las vanguardias de Enric Miralles (Palacio de los Deportes) o el Centro de Arte y Naturaleza (CDAN) de Rafael Moneo.
Naturaleza en casa
Uno de los principales valores de la ciudad es la integración de la naturaleza en la trama urbana. Es bien conocido, como emblema de la localidad, el Parque Miguel Servet; pero también merece la pena visitar otras áreas como el Parque Mártires de la Libertad, el Parque Universidad –que mantiene el distintivo Green Flag desde hace varios años–, o el Parque del Encuentro. El entorno de caminos y ermitas ofrece rutas extraordinarias para los amantes de las caminatas y de la bici, con inolvidables vistas a las sierras del entorno.